Turismo Legado autóctono y colonial en el hotel Palacio del Inka, en el corazón del Cusco.
Lujo Inka
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Palacio del Inka es un portal a la herencia cultural cusqueña: el arte y el diseño. |
Alguna vez destino de mochileros, Cusco se ha convertido en una ciudad anfitriona de viajeros de lujo. Después de una renovación de US$ 15 millones, el hotel Palacio del Inka, última incorporación de la marca The Luxury Collection, de la cadena Starwood, ofrece las comodidades y placeres de un cinco estrellas sin perder el contacto con la historia de la Ciudad Imperial.
Siglos atrás, Palacio del Inka fue parte de la civilización que le da su nombre. La construcción original formó parte de la antesala al Templo del Sol (Qoricancha) y de la Gran Plaza del Sol (Intipampa), y fue escenario de celebraciones y sacrificios.
A la llegada de los españoles, en 1533, Gonzalo Pizarro tomó el palacio inca y lo vendió al marqués Juan de Salas y Valdez, que mandó construir una casona de dos pisos, ahora conocida como la Casona de los Cuatro Bustos, usando los muros incas e introduciendo los arcos de piedra. Los nobles vinculados al rey de España huyeron de la ciudad durante la rebelión de Túpac Amaru, y, ya en tiempos de la República, el edificio fue recuperado por las autoridades. En 1976, Hoteles Libertador adquirió el inmueble y asumió la responsabilidad de conservarlo.
HERENCIA VIVA
Tal como en su origen, la arquitectura y el diseño diversos se juntaron en la renovación de Palacio del Inka. Artesanos y trabajadores locales colaboraron con Caparra Entelman & Asociados, firma de arquitectura y diseño de interiores latinoamericana, en este proyecto de dos años. El hotel cuenta con 203 habitaciones, incluidas 17 suites en la Casa de los Cuatro Bustos, cada una con nombre propio en quechua, pinturas y muebles que evocan la época colonial. La historia y lo autóctono también se conservan en la comida de Inti Raymi, restaurante de comida internacional con ingredientes nacionales.
En el Perú, además del Palacio del Inka, The Luxury Collection incluye el Hotel Paracas y el Tambo del Inka en el Valle del Urubamba, una construcción con certificación ecológica internacional (ver CARETAS 2168). Para todos hay.