Seguridad ¿Coches a prueba de choros? El negocio de la protección en una ciudad aterrorizada por creciente ola de robos de vehículos, asesinatos y atracos a mano armada.
Lima Blindada
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“El blindaje le otorga al conductor esos cuatro segundos vitales para huir del riesgo”, dicen los expertos. |
Adrián Bohorquez, empresario constructor de 46 años, conducía una Suzuki Vitara por las estrechas calles de La Victoria, la madrugada del último viernes 16, cuando dos ‘raqueteros’ emergieron de las sombras prestos a atacarlo.
Fracasaron al tratar de romper el parabrisas con una bujía, primero, y un ladrillazo después. Uno de los hampones, furioso y desesperado, desenfundó un revólver, apuntó a la carrocería y tiró del gatillo.
La bala se pulverizó contra la lata de la puerta.
Bohorquez reaccionó al fin y pisó el acelerador. El blindaje de su camioneta por el que pagó US$ 9,800 le había salvado la vida.
Acorazar vehículos ya no es una exquisitez de millonarios y dignatarios. Es una alternativa real frente a la ola de robo de vehículos con armas de fuego que azota Lima (CARETAS 2294).
La empresa Armor Security, que dirige Alberto Santillana, blindó 68 camionetas el año pasado. Hoy refuerza 10 vehículos por mes.
Cada armadura vehicular fluctúa entre US$ 8,000 y US$ 13,000, dependiendo del nivel del blindaje. Hay para todos los gustos.
A MÍ CON BALAS
Son cuatro los tipos de blindaje más comunes ofrecidos por las compañías.
La categoría básica protege el vehículo contra amas de fuego de mano como las calibre 22 LR .38 especial, las .357 Magnum y las 9 milímetros. Repelen el plomo subsónico y encamisado y los semiencamisados expansivos. El precio es de US$ 8,000.
Le sigue el Nivel 3, resiste proyectiles de rifle M1 y M2, ametralladoras UZI y de Magnum .44. Incluso balas de punta hueca.
El Nivel 4 protege al vehículo contra ataques de rifles de asalto tipo AR-15, M19, Galil y Kalashnikov AK 47. El valor: US$ 19,800.
Un Nivel 5 emparenta el carro con un tanque al cabo de 40 días de cirugía por un precio de US$ 38,000. Soporta disparos de fusiles M-14, FN FAL, HK G3 Galil y Winchester .308 (Ver infografía).
Los cristales salen del taller normalmente con 14 milímetros de espesor y 10 capas de distintos materiales como el poliuretano, poliéster antiastillas y policarbonato. Cada fabricante, eso sí, guarda bajo siete llaves su propia fórmula secreta.
Las puertas, costados y techos se protegen con una serie de capas de resina y fibra. Encima se instalan las placas de acero balístico.
El blindaje, por cierto, es enemigo de la vanidad. Los autos crecen hacia adentro, por lo que son irreconocibles al rodar por la ciudad.
Con el blindaje puesto los vehículos engordan entre 212 y 795 kilos. Hay clientes, dice Santillana, que exigen la instalación de sistemas de humo distractor y púas, llantas bandeadas y pestillos eléctricos. Lo que suma en la factura un adicional de US$ 2,000.
“El blindaje cierra todos los espacios por donde puede penetrar un proyectil a la cabina de pasajeros y le permite al conductor esos cuatro segundos necesarios para maniobrar lejos del riesgo”, dice.
ÚLTIMO BASTIÓN
En lo que va del año, se han registrado 2,674 robos de vehículos solo en Lima, según la Policía. Los asesinatos con arma de fuego también se dispararon a 2,672 casos el año pasado.
El jueves 1, dos delincuentes mataron de dos balazos al suboficial PNP Luis Méndez Rodríguez en San Martín de Porres.
Méndez era un agente encubierto de la Oficina de Inteligencia (Ofint) de la Dirección Antidrogas (Dirandro).
Los criminales lo despojaron del Volkswagen Bora donado por la Embajada de Alemania para la lucha contra las drogas.
Los robos y asesinatos se producen a toda hora y en todo lugar, lo que ha disparado el negocio de la seguridad y la protección personal.
Las licencias para portar, renovar y transferir carabinas, escopetas, pistolas o revólveres expedidas a civiles y empresas de seguridad aumentaron a 315,000, según la Discamec.
Del mismo modo, la compra de cámaras de seguridad y sistemas GPS.
Las nuevas cámaras de vigilancia para interiores son digitales, filman en alta definición e identifican a plenitud el rostro del intruso.
Traen incorporadas sensores de movimiento y hasta captan imágenes térmicas. Si es que los delincuentes cortan la luz de la vivienda, las cámaras retransmiten las imágenes mediante un GPS inalámbrico que funciona con una fuente alternativa de energía.
“Se han vuelto los juguetes predilectos de los señores de la casa”, explica Manuel Rebagliati, gerente comercial de la empresa Boxer.
Un kit doméstico cuesta alrededor de US$ 3,000. Boxer instala cerca de 80 paquetes mensuales. La demanda se ha triplicado este año.
Todo un negocio en una ciudad cada vez más aterrorizada por la ola de robos de vehículos, asesinatos y atracos a mano armada. (Álvaro Arce)