Internacional Jaqueado alcalde de San Diego se internó en terapia intensiva e instantánea. ¿Hay recetas para ajustar a un acosador?
Terapia de Roce
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Tiene 70 años, fue congresista demócrata y es burgomaestre de próspera ciudad californiana. |
La empleada se queja con el jefe porque todas las compañeras de oficina lo han enjuiciado por acoso sexual:
“Como usted no me ha acosado, lo voy a demandar por discriminación”.
El chiste le sirve al alcalde de San Diego, California, Bob Filner. Al cierre de esta edición ya iban diez mujeres que lo acusan.
La diversidad es su divisa. La número nueve es una imitadora profesional de Marilyn Monroe.
Bob, el voraz, habría tomado a Emily Gilbert con firmeza entre sus brazos en una de sus reuniones políticas.
“Luego su mano se deslizó hacia abajo y me tocó las nalgas”, declaró ella.
El excongresista demócrata pidió perdón en una alocución y anunció que, como primer paso de resarcimiento, a partir del 5 de agosto se internaría dos semanas en una “clínica de consejería conductual”.
La revista Time deslizó que el Instituto de Recuperación Sexual de Los Ángeles, uno de los 5 o 6 centros con esa especialidad en todo el país, comenzó un programa de dos semanas en esa fecha. Cuesta US$ 12,500, sin alojamiento. Un tratamiento de alto vuelo puede llegar a los US$ 60 mil.
¿Qué se hace con un veterano aparentemente incorregible como Filner (70)?
¿Kina Malpartida disfrazada de sexy enfermera que responde a la primera mañosería con un gancho donde más duele? ¿Mermelada de rocoto en un frasco de lubricante? ¿Dieta de mashua, el tubérculo andino que se supone reduce el apetito sexual?
Las presuntas víctimas del manoseador serial van desde una jovencita voluntaria de su campaña hasta una vecina de 72 años a la que besó a la fuerza durante uno de sus cabildos abiertos. La última es una afroamericana a la que abordó durante un desayuno de beneficio para refugiados africanos en una iglesia presbiteriana.
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¿Kina Malpartida disfrazada de enfermera? ¿Dieta de mashua, el tubérculo andino que reprime la libido? |
En un correo electrónico una de sus asistentes en el Congreso le reclama porque le bromeó en un evento de recolección de fondos que Filner debería agradecerle por su trabajo.
“This girl has worked her ass off for you”, exclamó la chica en típica expresión gringa.
Frente al resto de la mesa, el congresista le pidió voltearse y respondió con unas palmaditas en la zona en cuestión.
“No, mira, todavía está allí”.
TERAPIA DE CHOQUE
En su alocución de perdón dijo que no iba a “explicar mi conducta como el producto de los estándares de otra generación”.
Pero los abogados de Filner reclaman que San Diego pague por su defensa en el primer juicio entablado por una de las mujeres debido a que su administración no le brindó el entrenamiento contra el acoso sexual, estipulado por ley.
Filner dice que tampoco fue “entrenado” durante sus décadas de trabajo en el Capitolio.
Por lo que se sabe, durante la terapia se siguen tres etapas: 1) se desmonta aquella noción del distinto estándar generacional, 2) se subrayan las consecuencias de los actos sobre otras personas y 3) se identifican los detonantes del acoso, como quedarse solo con una mujer, para aprender a evitarlos.
Las técnicas implican el desarrollo de empatía con las víctimas, desbaratar la idea de sentirse con derecho a cometer el abuso y estimular las adicciones “positivas”, como el ejercicio y las actividades caritativas.
EN CUEROS
Como para decir que los escándalos sexuales no los protagonizan solo los políticos viejos verdes, al otro extremo del país, en la costa oeste, los neoyorquinos observan con perplejidad historias más de vanguardia.
Anthony Weiner (47), que era el candidato favorito para relevar al magnate Michael Bloomberg en la alcaldía de la Gran Manzana, ha visto desplomarse su intención de voto en los últimos días por la revelación de fotos y textos que intercambió en línea en el 2012 –bajo el seudónimo de ‘Carlos Danger’- con una mujer de 22 años apellidada cueros (‘Sydney Leathers’).
Weiner, de rostro con huesos prominentes y ojos ansiosos, se revela en sus mensajes como un sibarita de los zapatos de tacón.
El problema es que el sexting lo mantuvo al menos con tres mujeres más durante el último año. Y que debió renunciar al Congreso en el 2011 por un escándalo similar, que reventó cuando equivocadamente mandó por twitter una foto suya en calzoncillos, dirigida a una de sus amantes virtuales. El resto de su anatomía circuló en fotos posteriores.
Entre sus amigas estaba una croupier de Las Vegas y una actriz porno llamada Ginger Lee.
Ahora, como entonces, Weiner ha sido perdonado por su esposa Huma Abedin, una fotogénica mujer nacida en Arabia Saudita que asesoró a Hillary Clinton durante su paso por la Secretaría de Estado y que estaba embarazada durante el primer round mediático.
Bill Clinton fue el padrino del matrimonio pero ahora le ha pedido sin éxito a Weiner que retire su candidatura. Y es que el viejo Bill ha dado un par de vueltas por estos ruedos.
Mejor fortuna viene teniendo Eliot Spitzer, quien hace cinco años renunció a la gobernación de Nueva York cuando su afición mucho más old fashioned terminó por desbaratar una red de prostitución de alto vuelo.
Con un par de años más en la congeladora que Weiner, y una aspiración más humilde en la elección para el “comptroller” de la ciudad, o su jefe fiscal, Spitzer parece más o menos encaminado.
¿Sirven de algo estas terapias al vuelo o al final son un control político de daños?
Spitzer dice que la tomó a insistencia de su esposa. Weiner declaró que, poco después de renunciar a su curul, pasó tres días en el Centro Gabbard de Houston. Hubo periodistas que cuestionaron que en ese lugar hacen solo diagnósticos y que en ese período no se arregla nada. Su patética recaída (hoy se autodescribe como “un hombre de mediana edad permanentemente excitado”) les da la razón.
Las evidencias de efectividad son escasas. Y después del factor generacional, el alcalde Filner buscará otra carta bajo la manga. Como la del jefe que le responde a la secretaria:
“Me acusa usted de acoso sexual. ¿Tiene algo contra la multiculturalidad, señorita?”. (Enrique Chávez)