Dueño de Nada “A la luz de ciertas reacciones militares, empresariales y eclesiásticas, la verdad no reconcilia: divide más”.
A Diez Años de la Verdad
LIMA, 25 DE AGOSTO DE 2013Disposición final”, se denominó a la etapa en la que la dictadura de Videla decidió arremeter contra “los enemigos de la nación”, “los que no querían la imposición de la economía de mercado y el liberalismo”, los que se resistían a “disciplinar la sociedad” (todo dicho por Videla). Por lo menos los argentinitos tuvieron el decoro de no robarse la expresión de Hitler, “solución final”.Noblesse oblige. Disposición Final se titula el libro del periodista Ceferino Reato, una larga conversación con Videla, ya condenado a cadena perpetua y probablemente ya cansado de inventarse excusas sobre lo que ordenó y asesinó durante su gobierno. Destaco una parte que me parece interesante. Videla dice: “Los empresarios (ahora) se lavaron las manos y nos dieron con todo. Cuántas veces me dijeron (durante su gobierno), ‘se quedaron cortos, tendrían que haber matado a diez mil más’”.
Cálculos cautos determinan que entre 1976 y 1983, ocho mil personas fueron asesinadas o desaparecidas por las fuerzas armadas y, al decir de Videla, contando con la complicidad de los empresarios. El ex dictador no se justifica, simplemente explica: “Fue el precio a pagar, era gente que no podía ser llevada a la justicia ni tampoco fusilada”. Se refiere a los llamados casos de “ejecución extrajudicial”, es decir, te sacan de tu casa, te suben a un avión y te lanzan al mar, te ahorras al juez.
Leo en los diarios de ayer que una ex funcionaria del Instituto de Salud Pública de Chile durante la época de Pinochet, declaró recientemente que en los depósitos de esa entidad el gobierno había escondido un enorme lote de cajas conteniendo armas químicas. Se trataba de toxinas butolímicas que en las cantidades descritas por Ingrid Heitmann, podían haber servido para acabar con cientos de miles de personas. Estamos hablando de 1980, cuando el régimen de Pinochet no solamente tenía en el frente interno movilizaciones contra el costo de vida y el desempleo, sino que sus relaciones con Perú, Bolivia y Argentina pasaban por un mal momento. Según Heitmann, en el año 2008 las cajas con el químico fueron mandadas a incinerar por alguien, que nunca se supo quién fue, y la orden se ejecutó sin que la entonces presidenta Bachelet fuera informada. La noticia ha caído muy mal en un Chile en proceso electoral, cuando se avivan las especulaciones acerca de la causa de las muertes de Eduardo Frei y Pablo Neruda.
Estamos celebrando los diez años de la aparición del informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. La intención de formar la comisión y encargarle el informe está escrita en el mismo nombre, verdad y reconciliación. Pero a la luz de las reacciones de importantes sectores militares, empresariales y hasta eclesiásticos, la verdad no reconcilia: divide más. Por otra parte, varios de los objetivos de la comisión no se han cumplido, por ejemplo, las reparaciones a las familias de los asesinados y desaparecidos. Quienes se oponen al informe (visibles: el Cardenal Cipriani, Julio Favre QEPD, Giampietri, Flores Aráos, Martha Chávez, entre otros), cuestionan la validez de la metodología y por tanto de las cifras que educta el documento. Tienen, entonces, un espacio en el que jugar, sin tener necesidad de decir que lo que ocurrió fue un “costo social” o un “efecto colateral” del combate contra el terrorismo. Es por ello que yo haría un estudio cualitativo entre esa gente, más la de la CONFIEP, militares destacados y otros curas, respecto a los datos aparecidos en las declaraciones de Videla y del informe Heitmann, sobre los que no pesa duda alguna. O nos hemos olvidado de que Fujimori se preció alguna vez de ser el Chinochet, delante de una aplaudidora audiencia de empresarios, curas y militares. (Escribe: Rafo León)