Entrevistas Efraín Salas confiesa: “Estoy partido a trocitos, pero soy un todo feliz”.
‘Buena Educación Versus Fuerza’
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Abogado, fotógrafo y “fashionista”, Salas viajó de joven a Europa para resolver las interrogantes que almacenaba en su alma. |
Efraín Salas (48) es un “todo terreno” en cuanto a su vida profesional se refiere: abogado, fotógrafo, coleccionista, “fashionista” (modas) por gusto propio, productor de eventos, gerente de visual-merchandising en Saga Falabella, director General de Lima Fashion Week (Lifweek), gerente general de Art Lima (Feria Internacional de Arte de Lima), publicista y muchas otras cosas más. “Estoy partido a trocitos pero soy un todo feliz”, confiesa. Ahora, en el restaurante Costa Verde, hablamos en profundidad y entiendo que su trabajo está basado en la recolección de esa infinidad de detalles que aparecen en el mundo del glamour “fashion” y que pueden estar detectados por una sensibilidad especial que solo otorga la madre naturaleza. Vayamos al grano:
–¿Cuánto tiempo le lleva organizar un evento como el Lima Fashion Week y cuánta gente está involucrada en esto?
–Armar LIFWEEK (Lima Fashion Week) la primera vez nos tomó casi dos años y yo podría decir que es el resultado de casi 20 años de trabajo en la moda, los eventos y el retail. Hoy en día trabajamos casi un año antes en la financiación y los temas genéricos y 4 a 5 meses antes en la planificación efectiva. En total entre el staff mío directo, mi equipo de backstage y los voluntarios tenemos cerca de 70 personas. Si a esto sumamos modelos, maquilladores y estilistas además de técnicos de luz, video y sonido, personal de seguridad y demás, LIFWEEK emplea a casi 250 personas para armar el evento cada temporada.
–Me confiesa que este es el resultado de 20 años de trabajo. ¿Cómo empezó todo esto? Vamos a sus orígenes.
–Mi padre, Efraín Salas, igual que mi abuelo, es ingeniero mecánico e ingeniero químico. Mi madre es madre por encima de todo, pianista por educación y vocación. Hija de médico peruano que estudió Medicina en Alemania y se enamoró profundamente de mi abuela Irmgard Hartung. Estalló la guerra mundial y mi abuelo se vino al Perú casándose desde aquí por poderes con “su alemanita querida”. Ella, al estar casada, pudo salir del país y evadir la guerra. Mi abuela Irmgard ha sido muy importante en mi vida, ya que el idioma alemán lo domino igual que el castellano. Había sido patinadora sobre hielo interviniendo en las olimpiadas de invierno representando a su país. Es aun muy guapa y cariñosísima conmigo y con mis hermanos Tony y Mónica. Yo soy el mayor de los tres.