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Dueño de Nada “Toledo hace la clásica de la empleada cuando la patrona le hace señas de que no quiere atender…”.

La Larga Cola

LIMA, 31 DE AGOSTO DE 2013

La imagen que transmitió Toledo durante su gobierno nunca fue precisamente la de un estadista de altura. Entre sus meadas en la llanta del helicóptero, sus desenfadados envites con tres féminas en el Melody`s, sus mentiras compulsivas, su tirar perro en los restaurantes, su sensualidad babieca, su estarse en un lugar en el que no se cambiaba por nadie, su mujercita, Galleta, Filete, el drama que le creó a Zaraí y una larga lista de comportamientos bastante impresentables, nos pintaron a un poco aceptable presidente que llegaba donde llegaba por default. Pero Toledo no subió al poder con ese posicionamiento, como se dice ahora. Aunque tampoco sus carajos sudorosos en el asunto de los Cuatro Suyos fueron mucho de fiar, al menos prometía una garra desafiante frente a un stablishment vergonzoso del que todos queríamos salir, menos los beneficiados por el fujimorismo. Pero la garra se la limó bien rápido.

Lo que resulta patético es verlo ahora, envuelto en una cutra familiar, de clan, una jugadita sucia que ni siquiera es multimillonaria pero que lo embarra hasta los pelos porque, encima, queda como testaferro de un empresario israelí mucho más rico que él, en una merienda oscura en la que está envuelta la Karp, Eva Fernenbug (a quien no me gustaría tener de suegra, si soy sincero), el guardaespaldas Avi y sabe dios quién más. Mintiendo, mintiendo contra las pruebas de realidad que van saliendo a medida que la investigación avanza. Y por último, el episodio de la llamada telefónica que le hace un periodista peruano a Stanford, la que contesta el mismo Toledo pero al darse cuenta de que se trata de un hombre de prensa, hace la clásica de la empleada cuando la patrona le hace señas de que no quiere atender: “Dice la señora que no está”.

Alan García no nos ha dejado tampoco a su salida de Palacio una estela de severidad. Su decadencia se comenzó a manifestar cuando perdió su tan mentada animalidad política, con el asunto de los narcoindultos. Y no solo eso, los petroaudios, la farsa de sus inauguraciones, el infamante papel en el que puso a una persona respetable como Pilar Nores. En fin, la lista es larga y jugosa. Es decir, al igual que Toledo, García nos lega, una vez fuera de la presidencia, la figura de un hombre parado en el filo entre la corrupción y las estrategias para ocultarla, un psicópata, con el agravante de una obesidad que es también indicio de su comportamiento voraz, por las arcas, por las mujeres, por los bienes ajenos.

Perdería el tiempo si me dedicara a interpretar lo que como figura saliente nos dejó Fujimori, un hombre envilecido hasta lo más bajo, que purga una condena y que de una manera miserabilista, aspira a que se le indulte para retomar su carrera política. Si se trata de evaluar cuál de los tres expresidentes mencionados quedó peor ante el país luego de finalizar su mandato, Fujimori se lleva las palmas, también por la objetividad que da la sanción judicial.

A la luz de estos personajes y lo que nos entregan como herencia, no creo que tengamos elemento alguno para ser optimistas en cuanto a lo que viene. Salvo que me equivoque, solo en ciertos países africanos o balcánicos, luego que los mandatarios fueron derrocados salieron los delitos y violaciones a los derechos humanos que quizás a una menor escala, aparecieron cuando estos tres caballeros se fueron. Planteadas las cosas así, yo propongo no ver a los candidatos cuando están en el parador sino, primero, como en una película, cuando estuvieron en el poder y desde el resabio que nos han dejado. Una cosa es la promesa electoral y otra, muy distinta, es la basura moral que los sigue, como si tuvieran una larga cola, una cola de cometa, de rata. (Escribe: Rafo León)


 


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