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Libro Con la novela El héroe discreto (Alfaguara, 2013) el escritor regresa literariamente a la Piura de su infancia, al melodrama y al Perú como tema central de su obra.

Mario Vargas Llosa: Reencuentro Patrio

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El lanzamiento será el 12 de septiembre. Está dedicada “a la memoria de mi amigo Javier Silva Ruete”.

"Han desaparecido los burritos de las calles y los alrededores de Piura”, escribió Vargas Llosa. Fue luego de un viaje al departamento norteño donde vivió parte de su niñez allá por 1946, cuando su abuelo era prefecto. La visita incluyó paradas ineludibles en el Malecón Eguiguren, donde a los 11 años descubrió que su padre aún estaba vivo; en lo que fue el Teatro Variedades, que acogió el estreno de La huida del Inca en 1952; en la casa de los McDonald, donde montó a caballo por primera vez; en el distrito de Castilla, que sobrevivió a la mítica Casa Verde; y en el pueblo de Yapatera, donde entre algarrobos escuchó las cumananas de Fernando Barranzuela. “Creo que ese viaje lo remeció”, recuerda Mercedes González, gerente de Prisa Ediciones Perú.

El 11 de marzo del 2012 el escritor le dedicó su columna semanal a la Piura que redescubrió. Se tituló La desaparición de los ‘piajenos’, en alusión a los burros de carga o pies ajenos. Un año después –adelantándose a su ritmo de escritura– le entregó la nueva novela a su agente.

La historia empieza con un mensaje en la puerta del piurano Felícito Yanaqué, dueño de la Empresa de Transportes Narihualá. Por su propia seguridad, le dicen, debe abonar un cupo de US$ 500 mensuales. Así es como la mafia implica a Yanaqué en un entramado de extorsiones e intereses subalternos. En ese sinuoso camino lo acompaña su mujer Gertrudis, sus hijos Miguel y Tiburcio, su secretaria Josefita (de grandes caderas, ojos pizpiretas y blusitas escotadas), el Coronel Ríos Pardo (alias Rascachucha), la adivinadora Adelaida y su amante desde hace ocho años: Mabel.

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Como acostumbra hacer el autor, la estructura binaria de la novela desarrolla dos historias en paralelo. La segunda sucede en Lima, la capital. “(Ismael Carrera) decide casarse con su empleada del hogar, para escándalo de cierta sociedad limeña”, revela González. “Es una clara crítica social”. Carrera, viudo de su primera mujer (Clotilde) y dueño de una exitosa aseguradora, quiere volver a casarse con Armida (a quien le lleva 38 años) a pesar de la oposición de sus dos hijos (Miki y Escobita), mellizos ociosos y forajidos. También decide vengarse de ellos. Su mejor amigo resulta siendo don Rigoberto, tío de sus hijos y trabajador de la aseguradora desde hace 30 años. Es él quien lo apoya en todo momento y hace del libro un homenaje a la amistad. Su personaje, junto al hijo Fonchito y su madrastra Lucrecia, regresan al imaginario vargasllosiano luego de 16 años de ausencia. También reaparecen el sargento Lituma y los inconquistables. La banda sonora es criolla, en la voz de Cecilia Barraza (“Toro mata”, “Cardo o ceniza”, “Cariño bonito”).

Eventualmente ambas aventuras se superponen. No faltan los recursos clásicos del autor: el monólogo interior, los flashbacks, los saltos temporales y la narración telescópica.

El libro está dedicado al piurano Javier Silva Ruete. “Su muerte fue muy inesperada y le afectó mucho”, confiesa Mercedes González. El epígrafe que abre la novela es de El hilo de la fábula, de Jorge Luis Borges (“Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo.”)

A decir de González, la novela representa el reencuentro del autor con el humor y el erotismo, con dos de las ciudades que más quiere y, sobre todo, con el Perú. “Hay una reconciliación de Mario con el Perú, y también del Perú con Mario”, explica. “Creo que es la primera novela que retrata la nueva prosperidad que vivimos y los nuevos conflictos que esta implica”. El individuo idealista contra su circunstancia, contra su sociedad y sus prejuicios. Contra el poder. (Carlos Cabanillas)


 


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