Entrevistas Diego Lombardi y su docena de años rodando por la vida.
Las Cosas Pasan Cuando Tienen Que Pasar
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Hombre de teatro hecho y derecho, Diego Lombardi es hijo de Giovanna Pollarolo y Francisco Lombardi. Abajo, con su novia la actriz Emilia Drago. |
Diego Lombardi (38) es hijo de dos ilustres tacneños: Giovanna Pollarolo (poeta, escritora y guionista cinematográfica y Francisco (Pancho) Lombardi, expresidente del Club Sporting Cristal y el director de cine más calificado del país con películas como “La boca del lobo”, “Tinta roja”, “Pantaleón y las visitadoras” y muchas otras (la guionista era su esposa). Ambos se casaron en Tacna, él con 24 años y ella con 21 y se vinieron a Lima en donde a los dos años nació Diego y cuatro años después su hermana Joanna. Sus padres eran afines, como hemos dicho, en el trabajo. Con semejantes padres lo normal es pensar que Diego, desde pequeñito, hubiera tomado la senda de la vida recorrida por ellos, el cine, la literatura, la actuación o carreras y profesiones adláteres. Pero no lo hizo, intentó descubrir por sí mismo otras formas de vida y tras doce años de rodar por diferentes actividades acabó encontrándose a sí mismo vocacionalmente. Hoy, Diego Lombardi está metido de lleno en el mundo del teatro como actor y productor habiendo incursionado esporádicamente en cine y televisión. Lo tengo frente a mí en un almuerzo en el restaurante Costa Verde y llego a la conclusión de que estoy ante un hombre de teatro hecho y derecho. Que él nos cuente estas evoluciones.–¿En dónde vivió de niño? ¿Estudios?
–Hasta que cumplí los 10 años vivíamos en un departamento en Miraflores y luego pasamos a Barranco, a una casa que construyeron mis padres. Estudié en “Los reyes rojos”, de Barranco. El Director, Constantino Carvallo, era extremadamente liberal, él sentía que la educación era otra cosa. No llevábamos uniforme, se tuteaban los profesores con los alumnos estableciendo una relación horizontal. Cuando me levantaba por las mañanas me iba al colegio muy contento, feliz. Fui un chancón, más que nada por la confianza que me daban mis profesores. Mis padres se extrañaban que yo disfrutara tanto en el colegio. Cuatro años más tarde entró allí mi hermana y le sucedió lo mismo que a mí. Decían que el colegio era de izquierdas pero la verdad es que yo pertenezco a un centro izquierda socialdemócrata en materia de pensamiento político, lo cual demuestra que mis profesores no me condujeron a ningún extremismo. En absoluto.