Internacional :::: Pese al padrinazgo de EE.UU. a favor de un candidato, crece el suspenso respecto al próximo secretario general.
OEA ¿Quién Carga Con el Muerto?
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Francisco Flores es el favorito de EE.UU. para timonear la OEA; pero contra él pesa el apoyo que dio al golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez, de Venezuela. |
El próximo 7 de abril se va a realizar una Asamblea General Extraordinaria para elegir al Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Está fresco el recuerdo de los bochornosos sucesos del año pasado, cuando el Secretario General Miguel Angel Rodríguez, elegido por unanimidad, terminó apresado por la justicia de su país a los muy pocos meses de iniciar su mandato.
Los tres candidatos para la Secretaría General son Francisco Flores, ex presidente de El Salvador, escogido, apoyado y promovido por Estados Unidos; Luis Ernesto Dérbez, Canciller de México, país que rompe una larga tradición de no asumir funciones directivas de ese nivel en la OEA; y Miguel Ángel Insulza, que ha ocupado prominentes cargos en la administración de la Concertación en Chile, entre ellas como ministro de Relaciones Exteriores.
Las Puyas del Pasado
Hasta ahora ninguno de los tres candidatos a la Secretaría General cuenta con los 18 votos necesarios para resultar elegido, a pesar de haber realizado todos ellos una intensa campaña.
A partir de allí se plantea la posibilidad de que uno de ellos llegue a los 18 votos o que se produzca un empate que dé lugar a la negociación de nuevas candidaturas.
A juzgar por la experiencia de la OEA en este ámbito, de producirse el empate el resultado final puede ser inesperado.
Sabido es, por ejemplo, que la abrumadora influencia de Estados Unidos puede acabar imponiendo su candidato, tal como ocurrió con César Gaviria en 1994 a pesar que Bernard Neuhaus, Canciller de Costa Rica, contaba con 24 votos comprometidos.
En otras oportunidades, la influencia de Estados Unidos ha producido resultados contraproducentes para lo que buscaba. Así, se recuerda la misión que envió la administración Reagan a América Latina para evitar la reelección de Joao Clemente Baena Soares en 1989 como Secretario General. Los países de la región reaccionaron negativamente a las presiones y Baena Soares resultó reelegido sin dificultad.
Corre una anécdota en los círculos de la OEA respecto a la elección de Alejandro Orfila a la Secretaría General en 1975.
Orfila era el embajador de Argentina en Estados Unidos cuando se produjo un empate en las votaciones para elegir Secretario General.
Después de muchas votaciones trabadas, cuentan que un veterano periodista lanzó como globo de ensayo un cable en el que afirmaba –al parecer sin mayor fundamento- que Argentina iba a candidatear a Orfila para el puesto. La idea cuajó y Orfila acabó como Secretario General, puesto al que debió renunciar en 1984, después de haber sido reelegido, en el primer escándalo que afectó a un funcionario de la OEA de ese nivel.
Carta de Reserva
En más de una ocasión se ha aseverado que el canciller del Perú, Manuel Rodríguez Cuadros, aspira a la secretaría general de la OEA. Sin embargo, él ha insistido en que si ninguno de los candidatos a ese cargo alcanza la mayoría de 18 votos, el Perú podría plantear una alternativa capaz de alcanzar consenso en la entidad hemisférica: la del ex presidente Valentín Paniagua. CARETAS ha acogido, meses atrás, la sugerencia y no ha recibido un mentís. En todo caso, Paniagua sí ha desmentido que sea candidato presidencial.
Incertidumbres del Presente
No sabemos, por tanto, qué pasará si se produce el empate y hasta puede que haya algunos alentándolo para pescar en río revuelto.
El ex presidente Flores tiene el inconveniente de haber sido el único gobernante hemisférico que reconoció a la Junta Provisional de gobierno presidida por Pedro Carmona, surgida del golpe de Estado de abril del 2002 contra Hugo Chávez.
Obviamente, éste no se olvida del hecho y deja sentir su influencia en otros países con gobiernos próximos a él para bloquear la elección de Flores, especialmente en el Caribe, región donde tiene activos programas energéticos.
Más allá de los disgustos políticos, sería un mal precedente para una organización que promueve la democracia tener un Secretario General con ese antecedente.
Los centroamericanos, por su parte, no le han dado su apoyo y cada país votará por su lado.
Dérbez es canciller de Fox en México. Insulza tiene el grave inconveniente de ser una persona inteligente, experimentada y con carácter. Resulta difícil pensar que una persona con esas características pudiera ser elegida por países que se han acostumbrado a tener mandaderos de lujo en la Secretaría General. Adicionalmente, está el problema de Bolivia con Chile, que no se sabe muy bien cómo afectará a esta candidatura.
Y eso nos lleva a un problema de fondo. ¿Cuál es la Organización que los Estados quieren y cómo cuadra el Secretario General en ese proyecto? Una cosa es si los Estados quieren el tipo de Organización que sólo sirve para hacer gestiones sin mayor trascendencia y responder a los requerimientos de gobiernos en apuros (Fujimori, Bucaram, Portillo, etc., etc.). Para estos fines sólo se necesitan unos pocos funcionarios, lo cual llevaría a un “ahorro” de recursos, reduciendo las funciones a su mínima expresión.
Esta es básicamente la situación actual, con instituciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que sufre angustiosos aprietos económicos; con la Secretaría General con cuentas acumuladas impagas de teléfono y electricidad, debiendo echar mano de fondos específicos, en abierta violación a las prácticas y quizá de las normas, para pagar los sueldos del personal.
En un fenómeno muy frecuente en la abrumadora mayoría de sus Estados miembros, la OEA ha sufrido un profundo proceso de erosión, desgaste y hasta destrucción de algunos de los organismos que la constituyen y los procedimientos establecidos para alcanzar sus fines.
La OEA que se Busca
Otra cosa es si los Estados quieren una Organización en serio, que promueva la democracia y los derechos humanos, que apoye los esfuerzos nacionales de lucha contra la corrupción y que continúe con una elaboración seria de instrumentos internacionales.
En este sentido, debe reconocerse que la OEA es una organización política pero también es de naturaleza jurídica. Alcanzar un equilibrio entre estas dos características fundamentales la dota de un dinamismo realista (la faceta política) y una estabilidad de largo plazo (el quehacer jurídico). La actual primacía de lo político la convierte en una institución poco seria.
Para alcanzar los fines trascendentes que persigue, los Estados deben asignar los recursos que se requieren y, en ese sentido, deben iniciar la consideración del régimen de cuotas o aportes de los Estados miembros con miras a su modificación.
Se debe establecer, además, un sistema de control del empleo de esos recursos sobre la base de los resultados obtenidos y respetar y fortalecer el régimen de personal.
La experiencia indica que sin una Secretaría fuerte no existe Organización seria y fructífera.
Ese debería ser el papel que debe jugar el nuevo Secretario General: fortalecer una Secretaría General que, de ser necesario, tuviera la capacidad de decir que no a ciertas pretensiones de los países.(Luis F. Jiménez *)
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*El autor trabajó durante 21 años en la OEA como especialista de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y abogado principal de la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos. Fue cuatro veces presidente de la asociación del Personal de la OEA.