El Fenómeno Ecuador (Junio 15)
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Ecuador está en todas partes |
(Enviado especial desde Hamburgo)Han pasado tan sólo seis días desde que empezó el mundial y ya el sistema de trenes de Alemania está comenzando a llegar a un nivel sólo comparable con la avenida Abancay a las 6 de la tarde. El mar humano que se desplaza por las ciudades mundialistas ha hecho colapsar muchas de las líneas.
Llegué a Hamburgo luego de varias horas en tren para darme con la sorpresa de cientos, en verdad cientos de ecuatorianos envueltos en sus banderas, con las caras y melenas pintadas, todos coreando vivas a su país. Esto parecía carnaval en Guayaquil y no un mundial en Europa.
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Festejo ecuatoriano contagió a europeos |
Entre tanta algarabía latina se me acercó un hincha multicolor y me preguntó de dónde era, quizá esperando que sea yo un paisano ecuatoriano o tal vez mexicano (que también abundan). De Perú contesté orgulloso, pero tanto patriotismo se convirtió en depresión cuando con una compasiva palmada en el hombro me dijo: uy, para la próxima seguro ustedes también llegan al Mundial. Lamentablemente para mí, esta escena se repitió varias veces más.
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Rico y sabroso. Plátanos ‘Ticos’ inundaron Hamburgo. |
Los Plátanos
Ticos
Los costarricenses, los alegóricos ‘Ticos’, tampoco se quedaban atrás en festejos. Habían regado todo Hamburgo con sus sabrosos plátanos y sus mujeres generosas. Lamentablemente para ellos el día terminaría con una goleada histórica. Al igual que Polonia, están ahora fuera del mundial y de regreso a casa.
Negro, Rojo,
Amarillo
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Encrestados pero no revueltos. Igualdad de pasión entre ingleses y alemanes. |
Pero nada es comparable al nacionalismo alemán. En estos días pareciera que el verdadero color de piel de los germanos es negro, rojo y amarillo, y que no hay mejor lugar para colocar la bandera tricolor que las espaldas, cabezas, pechos y caras de los hinchas germanos.
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La “Union Jack” hasta en los zapatos. |
Los ingleses tampoco se quedan atrás, y no estamos hablando de los temidos Hoolingans, sino de verdaderos fanáticos del balón, que sudan, gritan, sufren con su selección como si se tratara de su ejército real defendiendo Buckingham. Junto con los alemanes han iniciado una competencia no declarada para determinar quién es el non plus ultra hincha, no necesariamente del fútbol, sino del patriotismo.
¿Algún día legiones de blanquirojas invadirán un país en pos de la copa mundial? Ese día dejaré la cámara en un lado y gritaré como nuestros vecinos ecuatorianos: ¡Sí se pudo!