Hamburgo Fest (Jueves 15)
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La hinchada naranja se exprimió en vítores por su selección. |
Para vivir, sudar, gozar el mundial no es necesario estar dentro de los estadios. La hinchada igual vibra desde las enormes pantallas gigantes que transmiten en vivo los partidos desde ferias callejeras, pero muy bien montadas, llamadas Fan Fest, una especie de Expo donde cada país participante del mundial tiene una carpa donde no sólo ofrecen información turística, sino también venden souvenirs y comida típica.
Ahí uno puede disfrutar de manjares provenientes de Corea, Costa de Marfil, Serbia, de cualquier lugar. Pensé en probar la sazón iraní pero al ver que los manjares se veían raros (una especie de pan baguette montado con queso seco, verdura y jamones de color peculiar), me incliné por el siempre fiel Choripán, de la carpa argentina. Además ese día jugaban contra Serbia y Montenegro, y había que apoyar a los amigos del sur.
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Gauchos invadieron Hamburgo. Hoy brindarán con Ferné y Quilmes, si consiguen. |
Llegó el medio tiempo. Argentina ya había anotado tres goles. Los gauchos residentes en Hamburgo (¿dónde no estamos los latinos?) se encontraban embriagados de éxtasis (y choripanes). La hinchada Serbia, más numerosa debido a los refugiados que la guerra en la ex Yugoslavia ocasionó, lucían devastados.
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El Mundial se vive y se bebe. Alcoholímetro a la orden del día. |
La Policía (Die Polizei) aprovechó el medio tiempo para medir los niveles de alcohol entre los asistentes. Yo estaba tranquilo. Había visto pasar delante de mi litros y litros de cebada sin probar una sola gota. Cuando trabajo, no tomo. En eso, los parlantes comenzaron a vibrar con Gloria Gaynor y su inconfundible éxito disco
I Will Survive. Esa canción se ha convertido en himno para los asistentes de la Fan Fest de Hamburgo en los medios tiempos. No señores, no estamos en el Love Parade, esto es el Mundial de Fútbol.
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Hincha hinchado… de fervor. |
El segundo tiempo trajo los siguientes tres goles y la locura albiceleste. Ya se sienten en la final. Lo mejor del mundo, ¿como siempre? Muchos europeos se unieron al gozo gaucho. Se envuelven en banderas, saltan, gritan. La policía se mantiene siempre vigilante. Cuando ven a algún potencial radical (hinchas –si se les puede decir así– violentos), el control es estricto, no permiten que estos radicales ingreses a ningún lugar oficial de la FIFA.
Partido aparte jugaron los morenos hinchas de Costa de Marfil, que danzaron, gritaron y libaron como ninguno. Los holandeses al final los derrotaron, pero la fiesta no paró.
Hamburgo es fútbol, ni siquiera el difícil partido que jugó, y ganó, el tenista Roger Federer pudo distraer a los locales. El deporte blanco pasó a último plano. Ni la presidenta Angela Merkle se salva de la fiebre futbolera. Los diarios han publicado una foto de ella con la garganta en vilo alentando a su selección. Alemania no necesita usar al fútbol, en sí al deporte, como cortina de humo (el famoso pan y circo). No. Hablando de humo las tabacaleras han sido prohibidas de hacer publicidad en eventos deportivos, pero siguen en la lucha, apoyados por miles de hinchas nerviosos que prenden cigarrillo tras cigarrillo ante cada pase.
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Las tiendas han adornado sus entradas como canchitas de fútbol. |
En sí Hamburgo es una ciudad hospitalaria. Sus elegantes calles y habitantes te reciben con una sonrisa. ¿Será porque es una ciudad portuaria que ve tanta gente entrar y salir? Por este matiz cosmopolita, esta ciudad tiene, después de Japón, el metro cuadrado más caro del mundo: 8 mil euros (32 mil soles). Después de la arrolladora victoria gaucha, para ellos ahora Hamburgo vale mucho más.