Ciencia y Tecnología A 4,060 metros de altura, en el fundo experimental de Pacomarca, poco falta para que las alpacas reciban sesiones de aromaterapia.
Alpaca Spa
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Alonso Burgos, ejecutivo del Grupo Inca, con una de las 1,751 engreídas del fundo. Para protegerlas del frío, se les coloca un chaleco. |
Las alpacas observan el paso polvoriento de la camioneta 4x4 con grandes ojos de ensueño. Hace una hora y media partimos de Juliaca, en dirección al Cusco, y en el camino se pudo admirar las iglesias coloniales de Ayaviri y Pucará, y pasar raudos por las secas llanuras ganaderas de Puno, esquivando a ciclistas y a perros. Al timón está Alonso Burgos, un arequipeño que conoce la ruta como la palma de su mano. Minutos antes de llegar a nuestro destino, en Llalli, el vehículo se interna por una elegante garganta cordillerana para dar paso a un paraje deslumbrante.
El amarillo intenso de las chacras de avena enciende la puna como un nuevo amanecer, y varios hatos de alpaca se divisan en la explanada. Es Pacomarca (paco, alpaca; marca, lugar), el fundo de experimentación genética de camélidos del Grupo Inca en la provincia de Ayaviri, Puno. Aquí, a 4,060 metros de altura sobre el nivel del mar, se anda en busca de la fibra de alpaca más fina del mundo.