Seguridad Nuevo testimonio de ex agente del Grupo Colina compromete a Fujimori.
Grupo Colina: Lo que el ‘Chino’ no Quiere Oír
En los próximos días, el tribunal que juzga al Grupo Colina recibirá en la Base Naval del Callao a un testigo clave. Se trata de Isaac Paquiyauri, uno de los 11 ex agentes del Escuadrón de la Muerte que se han acogido a la colaboración eficaz. Su declaración es considerada crucial porque compromete al extraditable Alberto Fujimori. CARETAS logró entrevistarlo.
Una nueva tanda de expedientes que serán enviados a Santiago de Chile incluirá las confesiones de numerosos ex agentes del Grupo Colina que se han acogido a la colaboración eficaz.
El defensor del Estado peruano en Chile, Alberto Etcheberry declaró a CARETAS que espera que estas manifestaciones sean adjuntadas pronto en el expediente de extradición de Fujimori, porque se trata de indicios que lo conectan con graves violaciones de los derechos humanos.
En las últimas semanas, cinco ex agentes de Colina detallaron en juicio oral los métodos macabros del Escuadrón de la Muerte y los asesinatos ordenados por el Ejército y el SIN durante el gobierno fujimorista.
Otros seis militares esperan turno para testificar. Uno de ellos es el ex agente Isaac Paquiyauri, quien es un colaborador eficaz de peso.
Paquiyauri reveló a CARETAS que disparará fuego graneado en el tribunal: confirmará que Fujimori estaba al tanto del accionar de Colina.
Relatará, entre otros, un pasaje explosivo: “Una vez realizado el trabajo en Barrios Altos nos reunimos en La Tiza. Allí Martin Rivas nos dijo que al señor presidente Alberto Fujimori el trabajo le había parecido excelente. Martin Rivas dijo que el Presidente y Montesinos nos felicitaban por este hecho, pero que no estaban de acuerdo con la muerte del niño”.
Fujimori’, como se supo después, firmó un memorando de felicitación al Escuadrón de la Muerte y, el 15 de junio de 1995, aprobó la derogada Ley de Amnistía que liberó a los militares del proceso en el fuero castrense.
Hay otros testimonios impactantes. Entre el 18 de abril y 9 de junio último declararon otros dos ex Colina ante la Primera Sala Anticorrupción, presidida por la vocal Inés Villa.
Se trata de Fernando Lecca Esquén y José William Tena. Sus confesiones sobre el crimen de La Cantuta son truculentas y corroboran que se trató de un grupo creado en el seno del Ejército con la finalidad de matar terroristas. CARETAS tuvo acceso a sus declaraciones judiciales. Extractos.
17 de julio de 1992 “Llevamos palas y picos”
El técnico del Ejército Fernando Lecca Esquén, entonces de 33 años, recibió una llamada del jefe de su grupo, Jesús Sosa Saavedra. Le informó que participarían en la detención de unos supuestos subversivos que, al parecer, actuaron en el atentado de Tarata, en Miraflores.
“(Sosa) me dice: ‘Tenemos que constituirnos en La Ferretería’. Así le decían a la casa de Nelson Carbajal en Las Palmas (…) Esperamos a los demás agentes porque allí se guardaba el armamento. A veces siempre llevábamos con nosotros picos, lampas. Era material de trabajo para los operativos”, contó en su testimonio judicial obtenido por este semanario y en el juicio oral.
¿Por qué llevaban palas y picos?, les preguntó en el proceso la directora de Debates, Inés Tello. Lecca dijo: “Para enterrar o desenterrar personas”.
Llegaron a la Universidad La Cantuta cerca de la medianoche. Iba con ellos un profesor que los ayudaría a identificar a los alumnos; el teniente Carlos Aquilino Portella (designado por el coronel EP Carlos Miranda Balarezo para facilitar el ingreso del Grupo Colina) y el agente José William Tena, infiltrado como estudiante. Estaban todos encapuchados.
Lecca: “Ingreso a la residencia de varones. Saco a los estudiantes y observo si había personas que estaban con sangre. Esa era la orden”.
El grupo sale con los detenidos y toma la carretera Ramiro Prialé, a la altura de los campos de tiro. José William Tena, quien iba en la camioneta junto a Santiago Martin Rivas escuchó cuando lo llamaron a su celular.
“Escuché lo siguiente: ‘Kike (apelativo del mayor Martin), todo ese ganado entrégalo a la Dincote’. La respuesta de él es: ‘Abuelo, todo el trabajo está terminado’. Cuelga y dice: ‘Concha de su madre. Ellos piensan que voy a trabajar para la Policía’. Ordenó que se reanude el tránsito con dirección a la Carretera Central. Luego Martin exige parar el auto”.
En el juicio, el infiltrado Tena, hoy colaborador, reveló la identidad del ‘abuelo’: “Era el general Juan Rivero Lazo (ex jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército). Lo sé porque le pregunté a Martin”.
Lecca prosiguió: “Me ordenan que ayude a enterrar. Por la premura del tiempo todos meten la mano (…) Comienzan a enterrar un grupo de alumnos por otro lado y otros por un arbusto. Nos retiramos a Las Palmas como las 3:30 de la mañana. El entierro duró unas dos horas”.
18 de julio de 1992 “De la tierra manaba sangre”
Lecca y un grupo de agentes llegaron a la Ramiro Prialé al mediodía. “Veo que estaban mal enterrados. De la tierra manaba sangre. Les informo a Sosa y Yarlequé que se veía pues que estaban manando sangre. De repente por ahí podía haber un perro, podían escarbar y se podía notar”.
“En la noche, cerca de las 11 de la noche ejecutamos el traslado de los cadáveres. (Terminado el trabajo) les echamos cal encima a los cuerpos”.
Diciembre de 1992 “Les echamos combustible”
Seis meses después, Yarlequé ordenó volver a cambiar de ubicación los cuerpos. “Éramos cerca de nueve agentes. Recogemos picos, palas y un bidón de combustible de la casa de Carbajal. Habían comprado bolsas de rafia y comenzamos a desenterrar, pues. Había unos cuerpos, unos huesos, unos cartílagos. Los íbamos sacando y poniendo en la bolsa”, contó Lecca.
“Llegamos a Cieneguilla (…) Echamos los restos, cartílagos, huesos en un cilindro, y de ahí los rociamos de combustible. Prendimos candela hasta que se desintegraron. Hemos estado allí por espacio de cuatro horas. Ya amanecía. Otros restos que no habían sido calcinados se sacaron en cajas de cartón. Habían hecho unos huecos en una ladera y allí los enterramos”.
El último 9 de junio, Tena explotó en el juicio: “Me he dado cuenta que fui usado por un grupo de generales que hoy día no tienen la cara de ponerse de pie”. Esa misma mañana, Lecca tampoco calló: “Todas las acciones que he realizado fueron como miembro del Ejército. Deseo también que las personas que se sienten acá asuman su responsabilidad en los hechos que hemos participado”. Una brisa helada recorrió la Sala. (Patricia Caycho).