Alemania 2006 Los favoritos avanzan para los cuartos de final de un mundial pródigo en imágenes y partidos memorables. Se viene el Alemania vs. Argentina.
Octavos de Final : El Gol o La Vida
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Por si alguien dudaba de su recuperación, el bulldog inglés Wayne Rooney atropelló con todo ante Ecuador. |
DE un mundial, queda en la retina un puñado de goles, imágenes, jugadas y partidos. Su combinación forma un cóctel en la cabeza del aficionado, que termina siendo el objeto de valoración, para pasar de inmediato a una competencia interna comparativa. México ’86, un lugar común, Maradona lega la mano de Dios y el gol a los ingleses. Más atrás, de España ’82 perdura la celebración de Tardelli; de Italia ’90 la de Rincón; de EE.UU. ’94 el angustiante pedido de Caniggia a Maradona para que le pase el balón momentos antes del segundo gol contra los nigerianos; de Francia ’98, el llanto paraguayo y el amor propio de Chilavert.
Se podría ir más adelante y más atrás mientras se difiere en la memorabilia, pero lo importante es que Alemania 2006 ya ha sido eternizada en algunas estampas: la bíblica imagen del back Phillip Senderos, sangre derramada para la clasificación suiza; las torpezas del insufrible árbitro guaraní Amarilla, sólo comparables con las de su colega Ivanov (parafraseando al corresponsal Di Dudas, toda Copa tiene su Byron Moreno). Y, por supuesto, dos partidos para el recuerdo: Argentina vs. México, encumbrado por la intensidad del primer tiempo y el gol magnífico de Maxi Rodríguez; y el Portugal vs. Holanda, el mejor encuentro que se ha visto, lo más parecido a una batalla donde sobró talento, fuerza, emociones, lesiones, tarjetas, mala leche, fouls, lágrimas, tapadas, más fouls, coraje y también una estampa epigonal conciliatoria (Deco y Gio, ambos compañeros del Barcelona, expulsados comentan el partido en el que minutos atrás se habían matado). Dejando de lado esa laudable ficción burocrática de la FIFA llamada fair play (el único título que nadie quiere ganar, porque no honra, afemina), los equipos regresionaron a una ley del talión fabulosa para el ojo del espectador: combatir juego con juego y fuego con fuego. Así, coqueteando con lo anti-deportivo, lusos y naranjas se enfrascaron en un tête a tête en el que la criminalidad de Boulahrouz tuvo un justo reflejo en la de Costinha, el talento de Cristiano Ronaldo se evaluaba en el espejo de Robbie Van Persie, y la seguridad de Van der Sar competía con las estiradas de Ricardo. Ganó Portugal pero, mucho antes, había ganado el hincha.