Cultural Las controversias en torno a una cuestionada sucesión intelectual.
La Heredera Universal
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La opinión de los borgianos está dividida en dos en torno a la Kodama: o la aman o la odian. |
María Kodama estará en Lima para una conferencia en la Feria del Libro y en ella hablará de Borges, de su obra y de su legado. Pero ¿confesará también si es cierto que le gustaban los Rolling Stones? Veamos algunas de las ¿inevitables? polémicas desatadas en torno a la heredera universal del gran narrador argentino.¿Puede un escritor famoso sobrevivir a su viuda y no morir en el intento? Alguna vez me contaron la anécdota de un crítico y editor de César Vallejo que consideraba a Georgette, la viuda del poeta, como una cuña que se había metido en la mitad de su vida. Y para graficarlo, ingeniosamente el crítico escribía “VIUDA” afilando el ángulo de aquella U hasta convertirla en la punta de una lanza que partía en dos la palabra. Sin duda, lo mismo puede decirse de innumerables viudas y parientes de escritores célebres. La pregunta incómoda es: ¿a quién pertenece, en realidad, la vida y la obra de un escritor trascendental una vez que ha muerto? ¿Pertenece a sus lectores, a su país, a sus críticos, o a sus parientes más cercanos? La ley de derechos de propiedad intelectual es clara, pero no necesariamente correcta si tenemos en cuenta los desastres que muchos parientes han realizado con las obras de sus fallecidos, guiados por la ambición y la necesidad de exprimir los frutos póstumos hasta su última gota. Muchos críticos, por ejemplo, discuten la pertinencia de que se publiquen algunos textos intrascendentes de Ernest Hemingway, incluyendo borradores o textos sin terminar. En México, por otra parte, insatisfechos con el último ganador del premio Juan Rulfo, sus familiares han ganado un juicio para que no se use con fines comerciales el nombre de su antecesor (aún queda por verse si eso implica que el premio que se otorga durante la Feria del Libro de Guadalajara se vea obligado a retirar el nombre, pues no tiene fines comerciales). Por cierto, dicen que Vladímir Nabokov dejó una novela completa antes de morir pero Vera, en primer término, y luego de que ésta muriese su hijo Dimitri, se negaron a publicarla porque Nabokov era muy quisquilloso con la revisión final, que no tuvo tiempo de cumplirla. ¿Se imaginan de cuánto dinero están perdiendo por esa fidelidad al genio? ¿Cuántos parientes serían capaces de hacer lo mismo?
Tristes querellas
María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges, no está exenta de cuestionamientos. Podríamos decir incluso que los borgianos se dividen en dos: aquellos que piensan que ella es la salvadora y protectora del legado, y los que la consideran una mujer inescrupulosa que se aprovechó de los últimos años del escritor como lo hace actualmente, luego de su muerte. Lo cierto es que no existe celebración oficial, conferencia, premiación o publicación que María Kodama no deba autorizar o santificar. De lo contrario, la obra se considera ilegal y en algunos casos el tema se dirime por vía judicial. Desde luego, la mayoría de juicios iniciados por Kodama son contra aquellos que desean publicar memorias que no solo son opuestas a la “versión oficial” sino que, además, contienen acusaciones muy duras contra ella. Biógrafos suyos como Alejandro Vaccaro, Juan Gasparini, Roberto Alifado, María Esther Vázquez o Fanny Uveda han sido querellados. Vaccaro dijo para el diario argentino Página12:
“Borges, eso está claro, le dejó los derechos a Kodama, pero eso no significa que sea dueña de la memoria de Borges (…) Hubo un fallo muy duro de la Cámara Federal que le dice que termine con el estilo de querellar a cuanta persona opine de Borges”. ¿Cuáles son las acusaciones más recurrentes contra Kodama en estas memorias no autorizadas? La de haber insistido para que Borges corte los vínculos con su hermana Norah y amigos escritores; la de obligarlo a viajar sin descanso, incluso a lugares fríos, pese a su deteriorado estado de salud; la de haber ocultado qué tan grave era su enfermedad en los últimos meses, despidiendo incluso al médico de cabecera; la de no permitir que sus restos duerman finalmente en La Recoleta; y al fin, la de haber provocado un cambio de testamente que arrebató a la anciana ex-empleada de Borges y su madre Leonor, Fanny Uveda, el cincuenta por ciento de los bienes de patrimonio.
Fanny lo cuenta todo
Epifanía Uveda de Robledo, la célebre Fanny, como la llaman todos, es la autora (en colaboración con Alejandro Vaccaro) del libro
El señor Borges y ha terminado convertida en este tira-y-afloja como la contraparte de Kodama, una especie de “viuda sentimental”, pero sin derechos legales. En el libro
Borges: esplendor y derrota escrito por María Esther Vásquez, Fanny es presentada como una víctima indefensa que fue expulsada de la casa donde sirvió durante décadas, e incluso debió vivir durante unos meses como presa en ese lugar debido a que Kodama mandó clausurar la casa antes de la muerte de Borges en un confuso trámite judicial. En el año 2004 el diario “Clarín” acusó a María Kodama de haber impedido que el Senado de la Nación le dé un reconocimiento a Fanny por haber servido durante tantos años al autor. Por su parte Fanny, en su libro, no se muestra tan cándida: ha declarado sin temor que Kodama maltrataba al escritor, lo empujaba al ascensor, le gritaba. Además, asegura que no hubo amor en ese matrimonio pues Borges nunca tuvo relaciones sexuales con ella ni con ninguna otra mujer. Fanny es implacable a la hora de decir lo que piensa de la viuda:
“Ella (Kodama) primero venía y se quedaba dos horas. Después empezó a tener cada vez más poder sobre él. Le hablaba mal de sus amigos, de su familia, de mí; le decía que eran todos unos delincuentes que le querían sacar la plata. El señor siempre me contaba lo que María le decía: “Fanny, ¿usted qué piensa?”, me preguntaba mientras yo lo vestía. María usaba una cadenita con una calavera colgada del cuello; Borges me decía que a ella le gustaban las brujerías. “¡Ay, Fanny, si supiera los lugares adonde me lleva María! Hay gente tan rara...”. Por otra parte, María Kodama sabe responder con contundencia a lo que no son, para ella, sino chismes motivados por un grupo de personas que se sienten desplazados por ella:
“Hay personas que por cuestiones de frustración, de no haber sido queridas, hablan y dicen cosas sobre mí. Pero estas personas no son la generalidad de la gente. Hay que hacer la distinción. Si usted recorre los diarios va a ver que son como diez nombres de personas que están continuamente atacando, y esa es la única campana que escuchan los periodistas, quizás porque yo no me tomo el trabajo de luchar... Uno lucha con iguales ¿comprende?”. La multiplicación de los libros
Sin embargo, más allá de esos dimes y diretes, para algunos el tema de María Kodama tiene un matiz más polémico por la publicación de los primeros libros, y otros textos no recogidos en libros, de Borges. María Kodama, como presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, se ha encargado de la publicación de toda la obra del autor, lo que incluye textos para revistas o diarios, y los libros primeros como
El tamaño de mi esperanza., El idioma de los argentinos e Inquisiciones. Las frases irónicas que Borges dedicó a esos libros, además de la negativa por reeditarlos en vida, son suficiente razón para algunos para tildar de ávida y voraz a María Kodama por publicarlos nuevamente como parte de esas Obras Completas. En una carta al diario Clarín, a raíz del artículo de uno de sus colaboradores, Marcelo Moreno, ella fue muy específica al comentar las razones que la llevaron a la reedición:
“Hace ya muchos años, cuando comencé mi trabajo en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, dije que uno de los objetivos era justamente reunir la obra dispersa de Borges, para facilitar el estudio de la gente que se dedica al análisis e investigación de su obra, no a chismes vulgares. Esto fue hablado a lo largo de los años, precisamente con Borges (…) Con todo el respeto que como ser humano me merece pregunto, ¿qué sabe el Señor Moreno de la “vehemente trasgresión a sus más expresos deseos”? ¿No le parece lógico pensar que si alguien tiene el conocimiento de esos “expresos deseos”, ese alguien soy yo?” Asimismo, en la misma carta, dice: “Borges jamás se “avergonzó” de sus publicaciones, podía decir algo de manera irónica sobre sus primeros libros, aun de lo que el Señor Moreno considera “textos flojos”. En el prólogo a esas ediciones, finalmente, declaró que esos libros estaban en todas las bibliotecas del mundo, al alcance de todos los investigadores y estudiosos, por lo que ella al lanzarlos a las librerías de nuevo solo pretendía “democratizar” su lectura.
Como un Rolling Stone
Como sea, no le falta razón a María Kodama en decir que muchas personas que la critican son una especie de auto-denominadas “herederas de la memoria real” de Borges, y en tal sentido quisieran estar sentadas, en el “trono” que ella ocupa. No faltan, desde luego, las frases del estilo: “yo sí sé lo que pensaba Borges” tanto de un lado como del otro. Cada cual tiene un recuerdo del genio y se aferra a él, pretendiendo por eso hacerse dueño del personaje, como se vio en su arduo centenario. En fin, cada quien que cargue con su propia verdad, aunque la ley diga que la única heredera universal de sus derechos es Kodama y eso es incuestionable. Tan incuestionable, en todo caso, como que Borges como autor no es patrimonio de una persona ni de una fundación. Quizá por eso, no existe entrevista en la que la viuda tenga que aclarar algunas de sus decisiones. La decisión, por ejemplo, de dejarlo enterrado en Ginebra es a raíz de una petición expresa del autor, dice ella, quien no quería ir a morir a Buenos Aires porque temía que lo fotografiasen desahuciado, como lo hicieron con su madre. Ella recuerda:
“Como él decía, quería ser el hombre invisible, anónimo, que muere en serenidad y no con gente que iba a querer grabar su último suspiro para después venderlo”. Sin embargo, hay que reconocer que algunas veces, la viuda peca de excesivamente memoriosa. Hace un tiempo, buscando crear empatía con los chicos, contó inocentemente en un colegio que a Borges le gustaba los Rolling Stones, los Beatles y Pink Floyd. Fue una falta de discreción, en realidad, sobre todo teniendo en cuenta lo elusivo que era Borges para comentar sus gustos contemporáneos, no solo de música sino incluso literarios. A partir de entonces se ha hablado mucho del asunto: muchísimo más, sin duda, que lo que aquel que quería morir invisible y anónimo hubiera deseado. El célebre
blogger Hernán Casciari, saltó hasta el techo y escribió un artículo –reproducido en su
blog Orsai y
en La mujer de mi vida– titulado sin sutileza: “¿Mi última voluntad? ¡Que te calles!” en la que dice violentamente:
“Es que hay tanto idiota defendiendo a los koalas de la extinción, que me da rabia que nadie lo defienda a Borges de María Kodama!”. Pero incluso aquel exabrupto de Orsai resulta inconsecuente ante la realidad: solo hay una viuda legal y esa es María Kodama. Y ella conoce muy bien cuál es su situación privilegiada en este tema:
“(…) soy la mujer que Borges amó. Borges se casó conmigo porque él quiso, no porque yo lo quisiera, porque yo no creo en el matrimonio... Y soy la única mujer a la que él dedicó toda su obra, salvo la obra completa que le dedicó a su madre. Soy la mujer a la que amó, que lo ama... Y lo lamento por todo el mundo que no quiera entender eso...”. (Ivan Thays)