Seguridad Entrevista Exclusiva: Héctor Banchero y el derecho ciudadano a la legítima defensa.
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Héctor Banchero (65) actuó en defensa propia por segunda vez. Podría ser acusado por homicidio. |
Un temor asalta al joyero Héctor Banchero Hanza, de 65 años. Que se le califique como una persona violenta, de sangre fría. “Como un Rambo”, dice.
El empresario vive en carne propia –y por segunda vez– el dilema de la legítima defensa. Esta semana compartió titulares con el rottweiler Lay Fung que, en un caso paralelo, mató a un pillo que pretendía robar en sus dominios.
El jueves 13, Banchero Hanza fue interceptado por tres asaltantes en San Isidro y, al tratar de defender su vida y la de su esposa, disparó contra uno de ellos. Cuatro días después, el lunes último, el hampón murió.
Se ha informado que el empresario podría ir preso, puesto que en el 2003 mató de un balazo a otro delincuente en un incidente similar, pero los hechos indican que, ante un peligro extremo, actuó nuevamente en defensa propia.
Banchero Hanza es un exitoso hombre de negocios. Su joyería ‘Casa Banchero’, en Miraflores, tiene más de 100 años y es una de las más concurridas de la capital. Posee también negocios de importación de vinos, producción de aceitunas y aceite de oliva, y distribución de camarones.
Es, en suma, un codiciado lingote de oro para el hampa. Él lo sabe, pero ha desechado en más de una oportunidad la seguridad personal “para evitar llamar la atención”. Desde los 18 años, sin embargo, posee permiso para portar armas de la Dirección General de Control de Servicios de Seguridad Control de Armas, Munición y Explosivos de Uso Civil (Discamec).
“Desde pequeño me gustan las armas, pero no practico la caza ni pertenezco a un club de tiro”, dijo en una entrevista exclusiva con CARETAS. “A veces hago tiro al blanco con botellas. Mi puntería ha empeorado con la edad”.
Tuvo oportunidad de ponerla a prueba el pasado jueves. A las 7:30 de la noche, la rampa de salida de la Vía Expresa a la Av. Javier Prado lucía como es usual por las noches: congestionada. El joyero se dirigía a La Molina en su Mercedes Benz negro placa AIE-693. En el asiento derecho se encontraba su esposa Ingrid Herrera. El automóvil estaba detenido, cuando ocurrió lo peor.
Un delincuente se acercó por el asiento del copiloto e intentó romperle la luna con una bujía. El vidrio no cedió porque se encontraba laminado, pero el asaltante empezó a forcejear para abrir la puerta del vehículo. Dos hampones, uno por la izquierda y otro por detrás, rodearon el coche como hienas.
Fue cuestión de segundos. Ante el pánico de su esposa, Banchero Hanza desenfundó su pistola de 9mm para disparar al techo y asustar a los delincuentes. Sin embargo, por los nervios y la rapidez del movimiento, sostiene el joyero, el proyectil salió despedido por la ventana trasera del Mercedes e impactó en uno de los ladrones, Carlos Beingolea Pantoja, de 29 años.
La bala ingresó por el temporal derecho y salió por el extremo izquierdo de la cabeza comprometiendo el cerebro. Los otros criminales huyeron en una moto.
El herido fue trasladado a la clínica Ricardo Palma, mientras que el empresario acudió por cuenta propia a la comisaría de San Isidro. Lo acompañó su abogado Agustín Pretell, quien alegó legítima defensa. Banchero Hanza permaneció en la comisaría hasta la mañana del día siguiente. Ese mismo día fue citado a la División de Homicidios de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), donde narró lo sucedido y fue dejado libre.
Beingolea Pantoja se encontraba en coma por la pérdida de masa encefálica.
Estaba conectado a un respirador artificial en la Unidad de Cuidados Intensivos y fue sometido a una craneotomía y a una limpieza quirúrgica de la zona de la herida. Murió el lunes. El primero en enterarse fue el joyero.
“El tiro no fue intencional, disparé al techo para disuadirlo”, relata el empresario, sereno. “Pero, pese a que el disparo fue en legítima defensa, la muerte de un ser humano pesa en la conciencia. Es doloroso y terrible”.
La víctima registra dos ingresos al penal de Lurigancho por robo agravado. El caso es ahora analizado por Elmer Ríos, titular de la 10a Fiscalía Penal.
Inseguridad ciudadana
Lo sorprendente es que, como si se tratase de una maldición, el hecho ocurre por segunda vez en la vida del joyero. El 19 de agosto del 2003 disparó contra César Rodríguez Falcón, cuando éste intentaba robarle la cartera a su esposa, en Miraflores (CARETAS 1787). Al percatarse de la agresión, Banchero Hanza sacó su pistola para asustarlo, pero el ladrón trató de arrebatarle el arma. En el forcejeo, Banchero Hanza jaló el gatillo y la bala perforó el pulmón derecho del agresor causándole la muerte instantánea. Otros tres malhechores acompañaban a Rodríguez Falcón. Huyeron en un Tico.
La prueba de absorción atómica demostró que ambos, el empresario y el pillo, tenían pólvora en las manos. La 15a Fiscalía Penal concluyó luego que el balazo fue por legítima defensa y archivó el proceso por homicidio culposo.
“En ninguno de los dos casos apunté y disparé a matar. Ambos han sido una casualidad. No soy un Rambo”, insiste el joyero. A su favor está el hecho de que en el Código Penal ya no rige el principio de proporcionalidad, según el cual el arma de defensa debía ser equivalente al arma de ataque.
El caso Banchero Hanza es también un claro indicativo de que, ante la creciente sensación de inseguridad, los ciudadanos han pasado al contraataque para frenar al hampa. Según la última encuesta de la Universidad de Lima, el 51.8% de los peruanos cree que el principal problema de la capital es la delincuencia. El Estudio de Victimización de IDL, realizado en el 2005, revela que el 89% de las personas piensa que la delincuencia ha aumentado en los últimos años. Además sostiene que sólo el 12.7% de las personas se siente seguro en el distrito donde vive, mientras que el 47,6% se muestra inseguro.
Analizando las cifras no llama a la sorpresa que el 4% de los limeños se muestre deseoso de comprar un arma de fuego. “Hay una sensación de inseguridad muy grande y la gente tiene la necesidad de protegerse”, afirma Gabriel Prado, de IDL Seguridad. “Porque ante una agresión extrema, el instinto del hombre es de defenderse, tal y como lo hizo el señor Banchero”.
Tras la captura de Jhonny Vásquez, ‘La Gata’, en junio pasado (CARETAS 1928), los secuestros mayores han disminuido considerablemente, pero los robos, asesinatos y plagios al paso parecen seguir en aumento. En lo que va del año se han registrado ya 27,000 robos, 150 homicidios y 405 secuestros al paso. Las cifras impresionan, pero a la Policía le preocupa que, en el caso de los atracos y plagios, sólo se denuncie el 20% de los delitos.
El Ministerio del Interior ha tendido en Lima el ‘Plan Telaraña’ para atrapar a los hampones y evitar que Lima se convierta en Chicago, pero es preciso también que las investigaciones, necesarias para determinar los hechos y responsabilidades, no perjudiquen a quien actúa en legítima defensa para resguardar su propia vida. (Américo Zambrano, Ana Cecilia Deustua).