Opinión
País de Varias Mudas
Afortunadamente el país tiene mucha gente con calificaciones suficientes para no perder pisada ni en lo político ni en lo técnico en esta transferencia de un gobierno democrático a otro gobierno democrático. Esta es una muy buena noticia.
Durante este gobierno ha habido ministros con las más altas calificaciones. Más allá de la pasión política es difícil debatir sobre los méritos de Pedro Pablo Kuczynski, de la tenacidad y visión de Alfredo Ferrero, de la determinación y franqueza de Pilar Mazzetti, o de la eficacia de Rómulo Pizarro. Pero ya se anuncia también una nueva promoción para el primer gabinete de Alan García que no les queda a la zaga a quienes por la lógica política partirán: Carlos Vallejo es cada vez más voceado como Ministro de Salud. Su prestigio personal y su procedencia de un hospital público que está bastante bien administrado y con alta calidad técnica y humana, garantiza la unión de teoría con práctica, tan necesaria para la conducción de los asuntos del país en materias sociales. José Antonio Chang es un gestor exitoso de cosas novedosas en la Educación. Convirtió un centro de estudios regular en una institución que llega a cotas importantes con una visión que lo ha hecho merecedor a importantes logros en el mundo interamericano y a expandir su nombre en el hemisferio a través de la Cátedra de las Américas. Hernán Garrido Lecca es una persona ingeniosa que siempre aporta ideas y, si se plasma lo de Jorge del Castillo, podremos tener un buen Premier que, viniendo desde el campo político tendrá una importante estela concertadora llevada a cabo en distintos momentos de su vida.
Samuel Huntington dice en su ya añejo libro “Political order in changing societies” que uno de los momentos más difíciles en la institucionalización es el paso de la generación fundadora a la segunda. Hoy tenemos ese mismo “test” en el Perú. Vamos a pasar, luego de la dictadura, de un primer a un segundo gobierno democrático y de que este tránsito sea respetuoso va a depender la mejoría en la percepción democrática del país. En las anteriores experiencias de la segunda mitad del siglo veinte, los peruanos reprobamos en esa materia. La inquina y la perpetuación de los debates electorales llevó a la imagen de una discontinuidad en un sistema democrático en donde la razón siempre ha de estar presente. Todos fuimos culpables de eso, pero también a todos los años padecidos durante el autoritarismo deben habernos dejado una lección aprendida: la peor de las democracias es siempre mejor que la mejor de las dictaduras y aprender a encontrar lo bueno en lo que pasó y no ponerse celoso de los éxitos que logra el que continúa, tiene que ser la norma a seguir en un país que debe crecer no sólo en lo económico, sino en lo humano y en lo institucional.
Si afiatamos equipos y si les damos el crédito de confiabilidad exacto que se requiere para confiar sin ingenuidad, y se les abre el espacio para que sus aportes puedan plasmarse en realidades, podremos estar celebrando que la democracia peruana está lista para darle al país las soluciones en la mejoría del nivel de vida que todos anhelamos. (Alberto Borea Odría)