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03/Ago/2006
 
 
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Personajes Algo se mueve en Cuba, más allá del pulso físico de Castro.

¿Tregua o Final?

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Parecía no conocer la fatiga ni la enfermedad; pero los años y las tensiones internacionales terminaron por socavar su resistencia física.

El retiro temporal de Fidel Castro, determinado por una enfermedad grave, ha desatado rumores y vaticinios. Se ha llegado a decir que a lo mejor está muerto; pero que esto se oculta para mantener el orden. Los cubanos de Miami han bailado de alegría.

El hecho de que Castro haya delegado plenos poderes en su hermano Raúl, ministro de Defensa y segundo secretario del Partido Comunista, indica que Fidel deja en manos fieles el poder político y el poder militar. La continuidad está asegurada. No hay que omitir, eso sí, que Raúl no es lo mismo que Fidel: no posee la visión estratégica, ni el carisma de éste. Tampoco su capacidad oratoria.

Y el que haya hecho extensivo el encargo a otros dirigentes comunistas implica ya una novedad. Algo se mueve en las alturas del gobierno comunista. En el interior de la isla hay, por otra parte, fuerzas de oposición que aspiran a un cambio sin violencia. Perseguidos y en la clandestinidad, no piensan ni actúan igual que los ultras de Miami. En todo caso, el hombre que en plena juventud, a los 33 años de edad, a la cabeza de una guerrilla, derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista, vuelve a hacer noticia. Ahora, al borde de los 80 años de edad, su salud quebrantada altera el pulso de América.


 


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