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Urbanismo Histórica “Quinta Heeren” clama por restauración. Sus vecinos, también.

La Quinta Requinta

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Óscar Heeren Mazza, el señor robusto y de pie, flaqueado por José Pardo (extrema izquierda) y el presidente Manuel Pardo.

La relación entre CARETAS y la Quinta Heeren –la construcción de Barrios Altos de fines del siglo XIX que llegó a albergar al presidente Pardo y algunas embajadas– data de décadas. Cada reportaje publicado constataba el paso del tiempo y el deterioro, pero siempre había un margen para el optimismo, sentimiento azuzado por la presencia de intelectuales y artistas que alguna vez vivieron en el lugar, como el fotógrafo Carlos “Chino” Domínguez o el historiador Pablo Macera. Pero eso se acabó. Hoy la Quinta no da más y, curiosamente, cuando no hay ninguna personalidad que abogue por ella in situ, una solución parece concretarse a través de un convenio entre los dueños del inmueble (Inversiones Quinta Heeren) y el Ministerio de Vivienda, aunque éste no satisfaga a los vecinos.

Los inquilinos de toda la vida de la Quinta no piden imposibles, en ellos el sentimentalismo pesa aunque saben que, ante todo, sus casas (porque las sienten suyas) deben ser salvadas. Las 56 familias no desean mudarse por el programa Techo Propio sin haber sido consultados, a un terreno en Jr. Conchucos, frente a la Huerta Perdida y cerca del cementerio “El Ángel”, una zona donde el hampa pulula y sobre la cual se levantarían 48 viviendas de unos 50 metros cuadrados que los harían sentirse extranjeros en su propio barrio.


 


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