Humor Luego de 48 años de humor, Guillermo Rossini se retira de la televisión.
Risas Sin Rossini
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Con indumentaria informal, como suele trabajar. |
Una madre le ruega que bese a su hijo. Un cambista, cayéndose en el intento, le pide la bendición con una fe a prueba de golpes. Un niño, celular en mano, captura su alma. Clic. En la Plaza de Armas los taxistas golpean el claxon a su paso, y los peruanos de a pie lo rozan para que les pase suerte. Un policía invoca su nombre y recibe la sonrisa que buscaba. ‘No te vayas’, le dice una niña que sólo ha reído con 9 de sus 48 años de vida artística.
Ya en casa, Guillermo Rossini se sienta a la mesa, enrolla sus tallarines de gluten –el médico le ha proscrito harinas y carnes– y sorbe un té tibio. Mientras, se enfrasca con su señora en una cháchara aleatoria sobre la hogaza caliente de su panadería favorita, el cumpleaños de su hijo y el color de la fachada de su primer hogar en el Rímac, que era verde pero quizá blanca, porque en aquellos tiempos ése era el color de su ex colegio, el José Granda, que quedaba al ladito nomás, a la vuelta. Evidentemente, no estamos en el aire.