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Vida Moderna Breve bitácora de viaje de las novedades limeñas en divertimento sexual. Candidatos Gino Costa y Lay Sun, lápiz y papel.

Las Zonas Rosas Ya existen

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La India, en la comodidad de una habitación en Barranco.

Sexo. Ahora que tengo su atención, pasemos a la literatura. Al ensayista francés Georges Bataille le apasionaban temas como el coito, la muerte, lo prohibido y lo obsceno. Quizás le hubiese interesado leer El Trome. Porque la de los diarios chicha es la visión del sexo como una de las bajas pasiones que hacen de nuestro cuerpo un campo de batalla: de la cintura para abajo todo es pecado. Del torso al cerebro –y, evidentemente, al cielo– toda expresión está oleada y sacramentada. Sólo un arrebato de lujuria, pecado o impudicia puede disparar el sexo a las pantallas peruanas y sonrojar al televidente, ya sea de ira o de vergonzoso placer. Porque si el acontecimiento no encaja en uno de los cinco rubros que la prensa le depara al sexo (estupro, trata de blancas, castidad, acoso sexual y prostitución), éste no es noticia. Estas semanas, la quinta clasificación ha estado en la agenda política: la plausible idea de realizarle un reglaje y control médico a las trabajadoras sexuales, y el eterno debate sobre la creación de una zona rosa en Lima.

Eterno, pues el tema se discute en la mesa cada vez que hay elecciones municipales o algún escándalo afín (Cf. CARETAS 1845, 1693, 1663, 1291 y así hasta acabar con el archivo). Pero sin duda relevante, como el también interminable debate sobre la pena de muerte. Dos temas que, coincidentemente, han sido azuzados en esa perenne campaña electoral que es la política peruana. La excusa, en esta ocasión, es la carrera por el sillón municipal de Lima. La nuestra, el mentado debate sobre si debe o no haber una zona rosa en Lima.

El juguete rabioso

La discreción es absoluta. No hay letreros colgando de un ventanal. Tampoco “jaladores” con catálogos desplegables como en Colmena. Ningún pene luminoso cuelga del dintel de la puerta. Nadie podría advertir la presencia de una sex shop dentro de una concurrida galería del centro de Miraflores. Y, como los juguetes sexuales son embalados y entregados en cajas oscuras y selladas, nadie podría identificar tampoco a un feliz comprador de dilatadores anales. La tienda de juguetes eróticos Dealcoba.com es tan recatada que emite recibos bajo el ambiguo sello de HBL Inversiones S.A.C. Podría ser la razón social de cualquier importadora de maquinaria hidráulica.

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Vayamos al mapa. Áreas de juego para adultos. Prohibido no perderse.

Internet, zona liberada del placer, es el medio ideal para contactarlos. Sólo hay que teclear www.dealcoba.com y asegurarse de que ninguna silueta se refleje en la pantalla de la PC. La atención es previa cita, y las llamadas se realizan con el frío tono de una operadora telefónica. Pero una vez dentro de la oficina 511, la notable oferta de diversión sexual se desdobla ante los ojos del visitante. La variedad de balines, canicas, cuentas, tapones y muñecas inflables es abrumadora, aunque ciertamente insuficiente en comparación con el mercado extranjero. Está el ya popular “conejo”, un adminículo cuyas orejas y puntas vibran en diferentes zonas del cuerpo con movimientos circulares. El extraño movimiento dosifica y distribuye las vibraciones al gusto del usuario. En el rubro de divertimento para despedidas de solteros (as), son requeridas las vulvas custom, hechas a imagen y semejanza de connotadas actrices porno, y también el famoso dong, una copia heroica de un miembro de medio metro. “Un divertimento inofensivo frente a los peligros que alberga la calle”, acota Martín Tynoco. “Algunos son de una apropiada apariencia inofensiva. Pero que no se engañen: son letales” dice Cheryl Chávez. Ella, junto a Martín, forma el tándem encargado de esta empresa de sólo 9 meses de vida. Se declaran satisfechos con las ventas y la oferta de juguetes. Pero también expectantes y ambiciosos. Para su campaña de relanzamiento piensan traer a la encantadora sexóloga puertorriqueña del cable Alessandra Rampolla, cuyo libro “Sexo... ¡¿Y ahora qué hago?!” ya se vende en librerías limeñas. Saben que su principal competidor es el pudor, pues la curva de insatisfacción sexual -como lo han afirmado los más populares estudiosos como Masters & Jhonson, Kinsey y Marco Aurelio Denegri– es una línea constante que se mantiene en lo alto de cualquier gráfico.

Para Chávez, la respuesta a la insatisfacción sexual es un simple arnés femenino. “La mariposa”, como se le conoce al producto estrella de la tienda, es un estimulador todo terreno con más velocidades que una bicicleta. La publicidad la etiqueta como la madre de todos los estimuladores femeninos, pues promete acción total sobre el clítoris, la vagina, el escurridizo punto G e incluso el recto. Como si tamaña oferta no fuese suficiente, ofrece un mando a distancia. Vaya a saber para qué.

5 1/2 2006

En el terreno del que fuera el Cinco y Medio, en Ate, el concepto de un centro de esparcimiento para adultos ha sido aggiornado. Se llama Kamasutra, y aunque su nombre y ubicación no lo sugieran, se trata de un local dirigido a usuarios con gran capacidad de consumo. La seguridad del local aparenta ser insuficiente, pero los interiores aseguran discreción y distensión. Las habitaciones, pintadas y reconstruidas, guardan aún el vago reflejo del otrora histórico local. El parqueo frente a la puerta, la recóndita ventana de servicios, y la seguridad de estar en tierra de nadie, en los extramuros de la ciudad que conversa siempre a media voz. Una cascada de agua de colores rompe la discreción, a la vez que anuncia el paso a otro ambiente: el del night club.

Aunque su propietaria se empeña en emparentarlo con el Taj Mahal, el ambiente no es el de un mausoleo. Sin embargo, la decoración sí copia algunos detalles hindúes y, sobre todo, evoluciona el concepto del baile de seducción. Las mesas, revestidas con metal y pegadas al piso, pesan tanto como el mismo bar. Su ancha base y el talento del puñado de mujeres del local han permitido instaurar la institución del table dance que, como bien afirma el pensador Carlos Monsiváis, encarna simultáneamente la privación y privatización del deseo. Por un lado lo individualiza, dándole a cada sujeto su propio baile personalizado. Por el otro, juega a reprimirlo: si hay roce, hay goce. Quizás sin quererlo, el Kamasutra lo fomenta: cada juego de sillones cuenta con una especie de toldo hindú de cortinas, lo que lo convierte en un ambiente privado y circular. Pero Kamasutra tiene puntos en contra: los pagos del local, en caso de usar tarjeta de crédito, dejan una huella electrónica poco discreta. Eso, sumado al aún reducido manojo de bailarinas, es quizás el precio a pagar por la novatada en el negocio.

Viaje en una cama

Volviendo a los temas de alcoba, es necesario hacer hincapié en que la oferta no se reduce a cuatro paredes y un colchón. La perniciosa rutina del matrimonio también se refleja en el entorno. El Hotel Park Suites al rescate.

Ubicado al final de la vía expresa, el hotel se erige de manera notoria para señalar la llegada al distrito de Barranco. Todo en él es fastuoso y sobrio. Desde sus jacuzzis y baños de mármol hasta el aire acondicionado de las suites. Todo, incluyendo el sexto piso, que además cuenta con las tan mentadas pero aún poco conocidas habitaciones temáticas. Con algo de imaginación y mucho de concesión se puede estar en la India, Francia, Hawaii y Japón. Si se busca algo más sofisticado, en África, con todo y tigre de peluche. O Egipto, con pirámides y falsos jeroglíficos. Ambas vienen con jacuzzi, y todas cuentan con cable, frigobar y demás gollerías de rigor.

El recorrido podría prolongarse literalmente ad libitum, pero la oferta es demasiado grande y variada (ver mapa). Y sin embargo, aún insuficiente. En el rubro de juguetes, por ejemplo, aún no ha arribado a nuestras costas el ipod vibrador (ibuzz.co.uk), un adminículo ya muy popular en las oficinas anglosajonas, o el anillo de pene de compromiso, una herramienta para insuflarle algo de vida al impopular matrimonio europeo. Pero en mucha de la opinión pública limeña, donde el sexo es ya entendido como una desobediencia a las normas (es decir, a la normalidad), tales exquisiteces tendrían el efecto contrario. Vale decir, el rubor y la autorrepresión. Pero como profetizó Sade –quien creía en el sexo como el quiebre de toda regla– “nada detendrá al libertinaje”. Suena coherente viniendo del hijo de una monja. (Carlos Cabanillas)

Producción: Nathalie Cáceres / Maquillaje y peinado: Marco Antonio staff / Modelo y actriz: Claudia Portocarrero


 


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