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Personajes Al borde de los 90, Florencio Coronado revela su receta vital.

Cuerdas Para Rato

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Florencio Coronado a los 89 años sigue dándole a las cuerdas.

El arpista ayacuchano Florencio Coronado es ejemplo de larga duración. A los 89 años y medio de edad sigue dándole a las cuerdas con el mismo vigor con que, a escondidas de su padre, comandante de policía, aprendió a pulsarlas a los siete años de edad.

No sólo da conciertos, sino que imparte lecciones a un grupo pequeño de arpistas que no se resignan al sonsonete de acompañantes. El escritor alemán Ernst Jünger, quien murió a los 102 años de edad en pleno dominio de sus facultades, cuenta que, al felicitar a su amigo Carl Schmitt por su nonagésimo aniversario, éste le dijo: “La vejez está terminada; entro ahora en la edad de los patriarcas”.

Florencio Coronado es un patriarca que no divisa el otoño.

Todo empezó como mataperreando. A los siete años jugaba con otros chicos y a menudo escuchaba al doctor Aniceto Vivanco, vocal de la Corte Superior de Ayacucho, tocando en su casa el arpa. Lo atrajo el sonido, y un buen día se coló en el estudio del jurista y empezó a pulsar el instrumento. En una de esas escapadas, rompió una cuerda y la anudó como pudo. En la tercera ocasión, el vocal lo sorprendió:

–¡Ajá! Tú eres el que me rompe las cuerdas. Le voy a avisar a tu mamá.

Informó, por cierto, a la madre; pero con este consejo; “Ese niño tiene talento para la música. Cómprele un arpa pequeña”.

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La felicidad duró poco. Su padre lo sorprendió un día tocando un huaino y clamó:

–¡Cómo es posible! Mi hijo tocando el arpa. El arpa sólo la tocan los borrachos.

El comandante descuartizó el arpa.

Ocurrió, sin embargo, que había en Huamanga un músico ciego a quien el niño admiraba. Un buen día, el arpista callejero le vendió el arpa a la mamá de Coronado.

Fue así cómo, a los 12 años, pudo ofrecer su primer recital en público.

A los 14 vino por primera vez a Lima, para participar en el concurso folclórico de Amancaes. Ganó el primer premio.

Tiempo después era director de programas de folclor en Radio Nacional. Allí, mientras ensayaba con alguna cantante andina, vio a una bella joven rubia. Al rato, ella le dijo: “Yo estudio canto de música clásica. Pero me encanta la música de la sierra”.

La instó a ensayar y la incorporó al elenco. Era Zoila Augusta Emperatriz Chávarri, más conocida –mundialmente conocida– como Ima Súmac. Es, en efecto, la augusta emperatriz del canto.

Por su parte, el arpista emprendió un largo periplo por escenarios de América, Europa y Asia. En París actuó con Edith Piaf, en México con Alfonso Ortiz Tirado y Agustín Lara. Fue amigo, “como hermano”, con Pedro Infante. En Bremen se dio maña para aprender alemán y enamorar (“los idiomas”, dice, “se aprenden lengua con lengua”). A una muchacha le dijo allí: “Entschuldigen Sie mir (discúlpeme). La amo”. La respuesta fue: “Ich auch”. (Yo también). Con razón dice el veterano artista, cuando le preguntamos sobre su régimen: “Comida normal. Ni drogas, ni tragos, ni tabaco. Ellas sí, ellas sí”.

En Hamburgo, una primera violinista de la Sinfónica de esa ciudad le confesó su admiración por la música que él ejecutaba, pero le confesó: “A usted le falta técnica”. Le consiguió matrícula en el conservatorio de la gran ciudad, “una de las ciudades más bellas del mundo”). Fueron ocho meses de estudio intenso.

Ahora radicado en el Perú, está disponible para conciertos (teléfono 592-0921). Su peruana, pentafónica arpa sigue dispuesta a llenar de música el espacio. (César Lévano)

En Sudamérica: Población de más de 60 años
   
Habitantes de 60 o más
 
  País
1997
2025
 
  Argentina
4'946,759
8'303,040
 
   
(13.8%)
(17.2%)
 
  Chile
1'443,223
3'666,275
 
   
(9.9%)
(20.4%)
 
  Perú
1'710,218
4'792,645
 
   
(6.7%)
(12.2%)
 
  Fuente: Asociación Adulto Feliz  


 


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