Arqueología Un viaje en busca de lo que enseñan los restos de la Señora de Cao, gobernanta peruana del año 350 d.C.
De La Mano de Una Dama
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Tatuajes religiosos de arañas y serpientes aún recorren sus brazos. El polvo rojo es cinabrio, antibacteriano tóxico que facilitó la conservación de los restos. Un talco inmortal. |
La historia da lecciones. También da órdenes. En este caso eran claras: ir a ver a la momia. No verla, oírla. Hay muertos que hablan. El vuelo no despegaba. Sobrellevar una madrugada en una sala de embarque suscita motivos para oír a los ancestros: a) Una vez más una revelación acerca de la historia de este país se conocía a través del extranjero. Antes Bingham, ahora National Geographic. b) Juanita seguía muriendo después de muerta, exhibida en una vitrina propia de helados o aves evisceradas. Fuera del limbo aeroportuario, allá en el mundo real, no había nada que refutara la percepción de que lo mejor de este país seguía enterrado. No hay que pensarlo tanto. Para los egipcios solo el corazón era necesario para enfrentar el juicio final. (El cerebro era extraído a través de las fosas nasales como si de una gelatina de ideas inconclusas se tratara.).
En los Estados Unidos existe desde 1990 una ley que protege de profanación los restos de americanos nativos. Por eso en el mercado de la divulgación científica, donde historias de momias son sinónimo de lectoría y rating, países como el Perú son un paraíso donde escarbar significa descubrir1. Cuando John Reinhard desenterró a la momia de Ampato que legó su nombre en femenino, recibió una propuesta grotesca: extraer huevos de la joven para fertilizarlos y traer al mundo un bebé inca.