Cine Distribuidora explica los daños que ocasiona la piratería y cómo atenta contra la producción nacional.
Pirateando Cine
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En el Perú no hay muchos Cinemas Paraíso, sino muchas butacas vacías. |
Lima, 2 de setiembre del 2006
Estoy seguro que a Luis Lama (‘Sobre Piratería’ de CARETAS 1939), no le gustaría ver sus artículos pirateados en las esquinas antes de que él tuviera oportunidad de cobrar por su trabajo. Tampoco que CARETAS le pagase los 10 centavos que vale la hoja de papel que los contiene, tal como él paga unos 2 soles por el disco en blanco de las películas piratas que conforman su colección. La posición snob y de doble moral de muchos intelectuales despistados olvida que gracias a la piratería sólo un 25% del público que ve una película en el Perú paga por ella a sus productores a través de canales legítimos (sea en cine, video, cable o TV) y el otro 75% premia con su dinero a una cadena de delincuentes. Olvida que, precisamente por la corrupción de nuestro mercado cinematográfico, sólo las películas del Hollywood más comercial y avasallador tiene cabida en nuestras carteleras y no obras de otras latitudes y menor presupuesto publicitario. Y que es gracias a la piratería masiva de superproducciones de Hollywood que los piratas cuentan con la capacidad necesaria para explotar cintas de menor difusión, entre ellas y lamentablemente, al propio cine peruano. En algún momento el Perú debe desterrar este modus vivendi que premia el delito y castiga la creatividad, empezando con las supuestas élites intelectuales.
La ignorancia de algunos no debe dar cabida al abuso de otros. En el Perú, a diferencia de Argentina, Chile, Estados Unidos o cualquier otro país cuyo Estado no esté en alquiler, está perseguida y es considerada piratería la importación directa de películas desde cualquier país y en cualquier formato, si ésta no es realizada por el pequeño oligopolio conformado por los distribuidores de videos de los estudios de Hollywood que el INDECOPI apadrina a través de la mal llamada ‘Cruzada Antipiratería’, anteponiendo la voz del amo sobre el consumidor peruano.