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Política La ponzoña de Agustín Mantilla encona el frente interno del APRA.

Tres Tensos Tigres (VER)

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El Bolero de Mantilla .- Del Castillo, Mulder y AGP fueron los espectadores, y blancos centrales de la última versión de Agustín Mantilla sobre su famosa entrevista con Vladimiro Montesinos en marzo del 2000.

Mucho más interesante que el contenido del vídeo propalado el domingo 3 por la noche, fue el tráfago de llamadas desatado entre los principales líderes apristas. Las exclamaciones exactas del Presidente de la República quedaron atrapadas en las paredes de Palacio, pero se ha podido establecer que su primer fonazo fue al congresista, y secretario general del partido, Mauricio Mulder.

García le pidió comunicarse con el programa Cuarto Poder y descartar de plano las palabras pronunciadas por Agustín Mantilla en el vídeo que capturó una reunión con miembros de las juventudes apristas, promoción 1983, base de Pueblo Libre. “Yo solo me limito a decir que cumplí órdenes y acepto las consecuencias”, dijo Mantilla sobre los motivos que lo llevaron a reunirse con Vladimiro Montesinos en marzo del 2000 y recibir US$ 30 mil de sus manos.

Se observó a uno de los presentes asentir con la cabeza y a los demás aplaudir. Apareció en pantalla el revólver en el cinto de su hermano Jorge Luis.

La hoguera del martirologio crepitaba en la sonrisa de Agustín.

Un Personaje Maldito

La mañana siguiente AGP declaró tajantemente sobre el tema: “Es totalmente inexacto lo que (Mantilla) sostiene. Seguro que las órdenes superiores se las dio Vladimiro Montesinos”.

Más tarde, y sin cámaras, García fue más explícito. “Miserable. Un personaje maldito”, le escucharon calificar. “Me hizo perder las elecciones del 2001. ¿Cómo alguien puede creer que tiene injerencia en el partido?”.

La interpretación del Presidente no es desdeñable. La existencia del vídeo Mantilla-Montesinos se dio a conocer el 27 de febrero del 2001 y seis días más tarde fue visionado públicamente. Sería difícil determinar el verdadero impacto de su exhibición pero es indudable que le golpeó el espinazo a la campaña de García cuando tenía poco más de un mes de regreso.

“¡Es una puñalada por la espalda!”, dijo el actual Presidente esa vez.

El día de la marmaja fue registrado un año antes. El candidato presidencial aprista era entonces Abel Salinas. Agustín Mantilla y Jorge del Castillo tentaban su reelección como congresistas y el segundo también se desempeñaba como secretario general del partido.

Mantilla y Montesinos ya no debían guardar simpatía por el actual primer ministro. En un aparte de la conversación el Doc le endulza la oreja a su invitado: “Sabemos que Jorge del Castillo es un tipo peligroso”, dice. “Sin embargo, hay que ver la posibilidad de sacarlo (del Congreso). Y por lo pronto usted tiene que entrar de cajón y de eso yo me voy a encargar”.

El ensañamiento de Montesinos para con Del Castillo no era gratuito. Este ya había denunciado las cuentas millonarias de Montesinos en el banco Wiesse.

Todas las altas fuentes apristas consultadas, incluso algunas de las cuales no parecen profesar mucho cariño por las otras, coinciden en favorecer la hipótesis del propio Mantilla deslizando el vídeo emitido el domingo último por debajo de la puerta del canal. “Es demasiado paranoico”, analiza una, “como para dejarse filmar inocentemente diciendo algo así”.

La Visita de un Juez

No es la primera vez que Mantilla cifra mensajes del estilo. Desde el penal de San Jorge ya se había declarado traicionado por Del Castillo.

El premier adujo el lunes que Mantilla se vengó porque fue él quien lo expulsó del APRA luego de darse a conocer su encuentro con Montesinos. Pero un hecho desconocido, y por el cual Del Castillo intuye que Mantilla le terminó de bajar el dedo, fue el de la visita que recibió poco después de la detención de este en junio del 2001. Un juez en actividad, presuntamente enviado por Mantilla, se presentó ante Del Castillo para averiguar su opinión del caso. Del Castillo contestó que el proceso debía seguir su curso regular.

La relación entre ambos se venía deteriorando. Del Castillo fue abogado de Mantilla cuando el último fue detenido luego del autogolpe de 1992 y enjuiciado por tenencia de armas. Pasó dos años en prisión.

Más tarde, en julio de 1999, Del Castillo declaró a CARETAS que, entre los consensos logrados con Alan García en su exilio bogotano, figuraba la ausencia de Mantilla en las listas al Congreso para el año siguiente.

La imagen de lealtad perruna que muchos apristas quieren ver en Mantilla podría resquebrajarse al momento de recordar algunos episodios:

- En 1998 viajó con Alberto Fujimori a Portugal sin permiso del partido.

- El 20 de julio de 1999 declaró que aceptaría el Ministerio del Interior si el Presidente se lo ofrecía.

- Un año más tarde (CARETAS 1628) estuvo entre los nombres más voceados para oxigenar el gabinete del fujimorato crepuscular.

En julio del 2003, AGP declaró ante la comisión investigadora del Congreso presidida por Gloria Helfer que Mantilla pretendía liderar una fracción propia y muy distante de la oposición a Fujimori y Montesinos que en ese momento representaba el aprismo.

Los temores de García pueden no haberse disipado. Circulan fuertes rumores de una reciente encuesta sobre simpatías internas entre la militancia. Los resultados arrojados le sonreirían a Mantilla. Y si bien su torpedo del domingo pudo poner la puntería en el alto gobierno cuando augura corta vida al gabinete Del Castillo, el otro destinatario de su mensaje era la militancia que se considera postergada en su ingreso a la burocracia.

Cálculos hechos al interior del partido aventuran en un aproximado de 50 mil el número de profesionales apristas que esperan un trabajo en todo el país. He ahí el auditorio de Mantilla.

El Partido de Mulder

El veneno de Mantilla ha puesto a Mauricio Mulder a bailar sobre las brasas. Es él quien lleva las riendas del partido frente a las elecciones de noviembre y todo indica que hasta el propio García tomó su distancia de la selección de candidaturas.

Los críticos de Mulder encuentran que, en lugar de aprovechar las circunstancias para abrir el partido, prefirió reforzar su propio y limitado círculo. Fuentes cercanas al secretario general refieren, en cambio, que él ha respetado en las listas las cuotas políticas de Jorge del Castillo y Mercedes Cabanillas. Pero fuentes del entorno del premier hablan de razzia. La decisión de Mulder de ir a la alcaldía de Lima con Benedicto Jiménez “en una candidatura que no despega” ahonda las diferencias. Hubiese sido preferible, opinan, cerrar una alianza con Luis Castañeda.

Quien haya visto a Mulder enfrentar a pequeños enjambres de compañeros por el Salón de los Pasos Perdidos reconocerá, del otro lado, que no le ha tocado una tarea fácil. Mientras el Ejecutivo asienta un gabinete amplio y aparentemente profesional, él se ve obligado a contener a la militancia.

En el transcurso de esa tarea retuvo amigos que le hacen magros favores. El más notorio hoy es quien secunda la afirmación de Mantilla (“recibí órdenes”) con la cabeza. El rapado del economista Juan Carlos Sánchez le motivó el apodo de “Cocoli”. Es habitué en el despacho de Mulder aunque trabajó con el congresista Aurelio Pastor.

Otra persona vinculada con Mantilla fue el breve viceministro de saneamiento, Carlos Arana Vivar, que compartía con Jorge Luis Mantilla la propiedad de un carrusel de ocho empresas (CARETAS 1778). Notoria relación si se toma en cuenta que uno de los secretos más gruesos de Agustín Mantilla es el destino de los US$ 2.5 millones que, según la Comisión Herrera del anterior Parlamento, tuvo en cuentas fuera del país.

A pesar de haber permanecido menos de 48 horas en el viceministerio, Arana continúa con la campaña de Benedicto Jiménez. Su hermano Manuel Arana es candidato por el APRA a la alcaldía del movido Pueblo Libre. Son militantes, dicen los dirigentes entrevistados, y algún papel deben cumplir.

La tensión dentro del mar aprista no es fenómeno nuevo. Pero también puede convertirse en un problema mayor si ceden las costuras que la contienen. Y son pocas las mantarrayas que flotan con el aguijón tan dispuesto como el de Mantilla (Enrique Chávez, Carlos Hidalgo).


 


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