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Opinión Balance crítico de cuatro años de gestión de Luis Castañeda Lossio.

El Alcalde Que Lima Necesita

Un rasgo novedoso en esta elección Municipal es que con más o menos detalle, todos los candidatos han puesto en evidencia los grandes vacíos de la gestión del Alcalde Luis Castañeda Lossio y proponen ponerle remedio. A tal punto que el propio burgomaestre de Lima se ha subido a esas propuestas. Sin embargo hasta ahora solo nos presentan una suma de iniciativas. Antanas Mockus decía que gobernar una ciudad no es solo emitir decretos y hacer obras. Que existe una complejidad mayor y no la simple suma de transporte más seguridad, más limpieza, más políticas sociales, etc.

En un ranking de ciudades de América Latina, del 2005, Lima aparece en el puesto Nº 25, a la cola en términos de ofertas, éxitos y oportunidades. Y en un mundo ya globalizado estos posicionamientos son fundamentales para atraer inversiones, y miden entre otros justamente aquellos temas en los que Lima ha retrocedido. Según el Banco Mundial se pierden US$ 500 millones al año en horas hombre, combustible y contaminación por la irracionalidad del transporte. En seguridad ciudadana, los índices de victimización empiezan por ser de los más altos en América Latina. Somos la metrópoli con menos área verde por habitante (2 m2). Mientras el Alcalde anuncia haber sembrado 700,000 arbolitos, de un plumazo autorizó la destrucción de casi medio valle del Chillón, cambiando suelo agrícola por cemento en el 2003.

En buena cuenta la gestión actual transita entre obras de infraestructura vial, parques zonales y escaleras, y la vista gorda a temas como la destrucción de la Costa Verde que en Barranco ha empezado a ser cubierta de cemento. Ajeno a temas esenciales como la defensa del consumidor y su calidad de vida, parece no comprender una ciudad que se ha vuelto policéntrica, pero requiere integralidad y estructura de metrópoli.

Por esa falta de visión es que se pueden gastar US$ 13 millones de dólares en unas fuentes saltarinas en el Parque de la Reserva, pero sin embargo dejar que la Quinta Heeren se venga abajo o que el Teatro Municipal permanezca en escombros.

Lima continúa creciendo entre 120,000 y 150,000 habitantes al año. Su economía y competitividad marcan la pauta del desarrollo nacional. Requiere 50,000 nuevos empleos por año. Tiene 1 millón de habitantes sin agua y 1 millón y medio de personas sin vivienda digna. La pregunta central es ¿tiene o no tiene que ver el Alcalde, que es a su vez Presidente Regional, con esos problemas? La respuesta es sí. Una gestión metropolitana no puede ser ajena a la nueva agenda nacional que coloca a la orden del día el tema del crecimiento con inclusión social. Esto significa comprometer al municipio en la generación de empleo, la creación de oportunidades para vivir mejor y contribuir a aliviar la pobreza. Y esto solo puede hacerse con otro modelo de gobierno. Cuatro años más de lo mismo no es lo que Lima necesita.

Por eso Benedicto Jiménez no se equivoca cuando pide auditar las obras municipales y Gino Costa acierta al proponer un gobierno democrático, transparente y participativo (algo totalmente ajeno a la gestión de Castañeda) como condición para una mejor ciudad. Humberto Lay da en el blanco cuando dice es responsabilidad del Alcalde mejorar la calidad de vida, y Gonzalo García tiene razón al proponer un plan de futuro para la ciudad. Entonces bienvenidas las nuevas candidaturas y por supuesto los debates. (Jorge A. Ruiz de Somocurcio Hidalgo*)
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(*)Arquitecto Urbanista, ex regidor Metropolitano y director de Plan Metropolitano de Lima durante el gobierno edil de Alberto Andrade.


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