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Cultural El increíble recorrido del altar de Challapampa y la ola de hurtos sacrílegos.

Patrimonio en Capilla

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Puno-Texas-Puno.- El altar recuperado de Challapampa con el espacio vacío donde antes iba la hornacina que albergaba a la Virgen de la Asunción. Llegó hasta la tierra de Bush.

¿Cómo? Esa es la pregunta. ¿Cómo hicieron para robarse un altar de media tonelada de peso y tres metros de ancho por cuatro de alto sin que nadie se dé cuenta? La respuesta parece haber sido enterrada junto con Ron Messik, el coleccionista de arte en cuya mansión de Santa Fe, Nuevo México, fue encontrado el invaluable retablo de la iglesita de San Pedro de Challapampa, un centro poblado del distrito de Juli a dos horas de la ciudad de Puno. Invaluable, claro, para el pueblo peruano, porque en EE.UU. al altar se le colgó una etiqueta por 600 mil dólares como precio base para ser subastado por Internet.

Ahora, gracias a la aplicación del Memorándum de Entendimiento firmado entre EE.UU. y Perú sobre la restricción de importaciones de material prehispánico y colonial, el retablo elaborado a fines del siglo XVI acaba de ser devuelto a su lugar de origen. El pasado jueves 21, el pueblo de Challapampa recibió al embajador de EE.UU., James Curtis, y a Cecilia Bákula, flamante directora del Instituto Nacional de Cultura (INC), quienes verificaron personalmente el retorno del retablo.

El rompecabezas imposible

La historia del altar viajero se inicia en enero de 2002 cuando, según pobladores del lugar y el grueso expediente del INC dedicado al tema, la capilla estaba siendo restaurada y el retablo fue desmontado en cuatro partes y llevado a convalecer a la posta médica del lugar, donde pasó un año hasta que desapareció. Nadie vio nada. Nadie escuchó nada. Nadie supo nada. El altar, hecho de cedro y maguey por el tallador Pedro de Vargas y pintado por el jesuita Bernardo Bitti, desapareció para asombro de las enfermeras y el pueblo entero. El teniente gobernador, Emilio Anco Poma, denunció el hecho ante la policía de Juli y luego al INC. Según Rolando Paredes, director del INC Puno, lo más probable es que la pieza haya cruzado el Titicaca hasta Bolivia, desde donde habría sido llevada a EE.UU. por ruta desconocida.

Mark Oswald, editor del Albuquerque Journal de Nueva México, dio la voz de alerta sobre la presencia de este tesoro del arte colonial peruano en la galería Rochford & Messik Fine Arts, lo que dio inicio a un proceso judicial contra Ron Messik, quien aseguraba que el altar había ingresado a EE.UU. en 1961 como parte de una colección privada española para ser vendido a una galería de Nueva York y posteriormente al comerciante Paul Shephard, a quien Messik finalmente se lo habría comprado. Shephard lo desmintió.

Pero el Perú tenía sus propios argumentos: el inventario del INC realizado durante la remodelación y la descripción de Ramón Gutiérrez en su libro “Arquitectura del altiplano peruano”, publicado en 1978. Así, en mayo de 2003 Messik se vio obligado a entregar el retablo a las autoridades de EE.UU. y en setiembre del mismo año Rolando Paredes viajó a Texas para identificar la pieza. Pero, en lo que se convirtió en una vuelta de tuerca a favor del tráfico de arte, Messik murió de cáncer en noviembre de 2004 y los documentos de la investigación fueron devueltos a sus herederos sin que el gobierno peruano pudiera hojearlos en busca de pistas.

El retablo fue devuelto a la representación diplomática peruana en julio de 2005 y volvió al Perú el 20 de enero de este año. Sin embargo, la recuperación de este altar es solo una pieza del rompecabezas del contrabando “a pedido” de bienes culturales cuyos hilos se extienden como una telaraña imperceptible por toda América Latina. El año pasado, el INC registró el hurto de 360 piezas de arte, principalmente lienzos y objetos coloniales pertenecientes a iglesias de Ayacucho.

Y es que la protección de los templos es escasa cuando no nula. Según Blanca Alva, directora de Defensa del Patrimonio Histórico del INC, una herramienta esencial para evitar este saqueo es la elaboración de un completo inventario nacional que sirva de prueba de lo que nos pertenece, incluyendo las obras que se encuentran en manos privadas.

Las autoridades regionales, con el presidente David Jiménez a la cabeza, ya vislumbran un nuevo eje turístico para el altiplano peruano que incluya Challapampa y la media docena de iglesias del distrito de Juli. Por ahora, en el templo de la Exaltación de la Santa Cruz, en Juli, donde antes había piso, ahora crece grama; en lugar de techos, el cielo se asoma; de las paredes ya no cuelgan lienzos en pan de oro, sino telas de araña y moho, y hay escaleras que no llevan a ningún lado. Ojalá no sea este el destino de nuestro patrimonio cultural. En Challapampa, los lugareños han expresado su esperanza de que el nuevo gobierno y el INC tiendan peldaños sólidos que los acerquen a un futuro mejor. (Maribel de Paz)

Cecilia: El Nuevo Báculo del INC

En buena compañía. Bákula, a la derecha, junto a lugareña de Challapampa.


“Soy un fosforito”, dice Cecilia Bákula, flamante directora del INC, quien todavía no ha dado su tan esperada conferencia de prensa pero quien ya adelantó a CARETAS que quien no trabaje en su institución “se va”. En pleno frío de Puno, se apura en pedir una cerveza bien helada y pareciera que el soroche no es con ella.

En este su primer tour oficial fuera de Lima, Bákula, historiadora del arte que viene de dirigir el Museo del Banco Central de Reserva y cree en la concesión de los servicios del Estado, ha hecho un veloz recorrido por varios templos de la provincia de Chucuito para corroborar su calamitoso estado de conservación, como el caso de la iglesia Virgen del Rosario donde su torre amenaza con caerse de un empujón, o las maravillas que puede lograr la restauración, como es el caso del templo de San Juan de Letrán.

Importante herramienta para la recuperación de nuestro patrimonio cultural, el Memorándum de Entendimiento entre EE.UU. y Perú está a punto de vencer a inicios del próximo año y Bákula espera que James Curtis, aunque no probó la trucha de Challapampa, se haya llevado una buena impresión del trabajo de restauración y apoye la renovación de dicho documento.

Sin embargo, según Bákula, la principal herramienta para evitar el saqueo del patrimonio cultural consiste en concienciar a la población de que este patrimonio le pertenece y de que son ellos mismos los que deben de velar por él. “Ustedes protéjanlo y nosotros lo restauramos”, dijo Bákula en Challapampa. Le tomamos la palabra.


 


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