domingo 17 de febrero de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1944

28/Set/2006
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre Opinión VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Suplementos
Acceso libre ViájateVER
Acceso libre AlemaniaVER
Acceso libre AutomóvilesVER
Sólo para usuarios suscritos Decoración
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2270
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Fotografía Cabelleras doradas, furiosas o mojadas protagonizan muestra de Anamaría McCarthy.

Criaturas Celestiales

4 imágenes disponibles FOTOS 

Ver galería

Sobre estas líneas serena sirena: “Ella es nadadora, entonces tenía que tomarle las fotos en su hábitat”, dice McCarthy.

La mitología le confiere vida propia. Desde la bíblica fortaleza de la cabellera de Sansón, hasta la leyenda de la marquesita muerta que arrastraba en su penar larguísimos rizos color cobre, y que García Márquez convirtió en la historia de Sierva María en “Del amor y otros demonios”. En la literatura infantil, también, cada hada, princesa y bruja aparece rodeada de la respectiva melena: mágica y luminosa, en algunos casos, fiera y oscura en otros. “Pensé mucho en la historia del arte; en pinturas y esculturas en donde el cabello reflejaba la personalidad del retratado”, explica la fotógrafa Anamaría McCarthy sobre “La edad se cuenta de cabello en cabello”: muestra que requirió que los retratados se soltaran las trenzas para su cámara. Literal y metafóricamente.

Esta fascinación por el tema no es reciente. En su primer autorretrato sostiene una pieza de cabello de su madre, muerta un año antes: cuando encontró un moño hecho con sus propias hebras, a la usanza de las cincuenta, “tomé la foto que nunca tuve con mi mamá: sintiendo su cabeza entre mis manos”, recuerda. En su última exposición, cuán dramática resultaba la vista de una cabeza desnuda, afectada por el cáncer. Quizás este trabajo sea una respuesta al peso emocional de esa experiencia. Lo cierto es que ahora sus imágenes hablan de movimiento, libertad y fluidez. “Y de música”, agrega. “Porque es como si estas cabelleras tuvieran una melodía propia”. (R.V.)


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista