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28/Set/2006
 
 
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Religión Obispo Norberto Strotmann, amigo de Joseph Ratzinger, y el impasse entre Benedicto XVI y el Islam.

Diferencias Combustibles

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En la India y Cisjordania, la ira musulmana quemó muñecos del Papa.

Hace veinte años Joseph Ratzinger estuvo en Lima. Vino a recibir el grado de Doctor Honoris Causa en la Universidad Católica y en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. Allí conoció al sacerdote alemán Norberto Strotmann, a quien, seis años después, nombraría como uno de los 30 miembros de la Comisión Teológica Internacional. Desde su iluminada oficina en el obispado de Chosica, Strotmann responde.

–¿Qué diferencias hay entre el cardenal Ratzinger y Benedicto XVI?
–Como persona ninguna, salvo el nuevo cargo. Lo que pocos han ponderado en su juicio sobre Ratzinger es que como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene uno de los cargos más delicados, porque debe poner su dedo en la llaga cuando hay problemas. Tiene una inteligencia brillante, pero a la vez es un hombre sensible. Nietzsche dijo que esto pocas veces va a la par. Y en el caso del Santo Padre siempre ha sido así. Como cardenal estaba en la prensa siempre que había problemas. Es ahora él quien marca las pautas de una iglesia con mil quinientos millones de feligreses, que no es nada fácil. Es el hombre que pone su dedo donde quiere ponerlo.


 


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