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Arqueología Hallazgo en Trujillo reclama atención sobre patrimonio arqueológico de barro: 18 ídolos a la intemperie. Y llega El Niño.

Chan Chan: El Corredor de los Idolos

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Saliendo a la Luz.- Desenterrados hace pocos meses, primera vez que se muestran en público. Su recuperación es urgente, antes que lleguen las lluvias.

Otra triste hazaña nacional: el Perú puede jactarse de tener un patrimonio arqueológico reconocido como mundial por la Unesco, el más grande de su naturaleza en el continente, partido en dos por una carretera. Y en dos épocas históricas distintas, para mayor gloria. Primero fue durante la época colonial, cuando se trazó una trocha que iba de noroeste a sureste que permitiera el paso de carruajes. Luego fue en la época republicana, oh la civilización, al pavimentar sobre las ruinas para construir una autopista que iba y va, hasta la fecha, de este a oeste. Bajo el asfalto, historia, vergüenza y pena.

Y sin embargo, la autopista que la atraviesa y parte en dos es acaso la menor de las penurias que sufre ahora Chan Chan. Están las invasiones en los linderos con barrios populares. Están los más de 40 agricultores que pretenden trabajar comercialmente la tierra dentro de sus límites. Está la rápida elevación de la napa freática, que acumulando agua y sal bajo las construcciones de barro sostenidamente va provocando deslizamientos de muros y frisos irrepetibles. Está la burocracia y la falta de recursos, que se traduce –por citar uno de cincuenta ejemplos– en contar con 5 vigilantes para proteger 14.5 kilómetros cuadrados de saqueadores. Y está, finalmente, la advertencia de un inminente Niño.

Aunque esto último tan grave no es: Chan Chan han sobrevivido siempre a El Niño. El problema es si es que sobrevivirá a nosotros.

En todo caso, ánimos de rendirse no muestra. Tal vez tenga que ver con la reciente decisión de renombrar a los conjuntos amurallados con vocablos correspondientes a la lengua aborigen local. El ex conjunto Velarde, que tomara su nombre de uno de los más connotados huaqueros de salón que el norte conociera, se llama ahora Palacio Ñing An, Casa del Mar en castellano, casi el nombre de algún futuro disco de Asia. La nominación se la ganó por la profusión de motivos marinos descubiertos en sus frisos. Pero otro hubiera podido ser el nombre si el rebautizo, hecho en marzo de este año, hubiera sido posterior al más interesante hallazgo en Ñing An: la entrada principal al Palacio, protegida por la inmóvil vigilancia desde 20 hornacinas en la pared de 18 ídolos de madera. Dos de ellos desaparecieron completamente al servir como despensa alimenticia de más de mil años de insectos.

Víctor Piminchumo Hurtado, arqueólogo residente de Chan Chan y orgulloso portador de apellido compuesto (señal de abolengo noble chimú), descubre con honorable meticulosidad la vergonzosa protección con la que se cuenta para defender el reciente hallazgo. Pedazos de plástico y calaminas rotas. Calcula en 90 mil soles lo que se necesitaría para empezar de una vez el trabajo de remoción de los ídolos, su restauración, y la fabricación de reproducciones que pudieran ser colocadas en vez de los originales para poner en valor turístico Ñing An. Bueno, además habría que empezar por reforzar muros, proteger los frisos y excavar para poder descubrir la morfología de un recinto de aproximadamente 1,200 metros cuadrados que está bajo tierra como si de un muerto se tratara. Así no se trata a un tesoro.

Piminchumo, por eso y a pesar del estremecimiento que produce ver los 18 ídolos, cada uno en distinto grado de descomposición, casi una escala del desinterés oficial, insiste en otro tema nada sexy: los drenes. Son para aliviar el cáncer subterráneo de Chan Chan, la napa freática. El último dren se pudo realizar gracias a un financiamiento de la Unesco y ha permitido derivar al mar más de 2,600 m cúbicos de agua superficial. Y no basta.

Pero ayuda. Tanto como la creación de una comisión conformada por 23 empresarios trujillanos que junto con la dirección de la licenciada Lutgarda Reyes del INC Trujillo permitirá la reforestación de las Pampas de Santa María, una de la fronteras vulnerables del conjunto arqueológico. Este proyecto reforestará esa zona con un cerco vivo de plantas nativas, conformando un parque botánico que dará vigencia cultural a la zona en vez de dejarla a merced de traficantes de terrenos o a la tentación de la invasión. La licenciada Reyes, maestra con dos años en funciones en la dirección del INC de Trujillo, es otra trujillana harta del descuido sistemático hacia Chan Chan. Su hartazgo tiene ahora cuenta regresiva, El Niño. Hay una zona del ex recinto Tshudi –hoy Nik An (Casa del Centro)– rica en frisos y altos relieves que necesita ser cubierta antes que lleguen las lluvias. Se le cuenta que una empresa peruana, Ambito (www.ambitoperu.com), ha hecho un toldo óptimo en El Brujo. Lutgarda suspira. De los cinco ex policías que vigilan el complejo a fin de mes se quedarán solo con uno. No pueden pagarle al resto. Mientras esto dice no cuesta el menor esfuerzo imaginar un bus interprovincial, una 4 x 4 con tablas hawaianas en el techo, cruzando sobre las ruinas por la carretera mientras cáscaras de mandarinas (o de plátano o papel higiénico a secas), vuelan por una ventana para caer sobre la tierra que cubre el barro que esconde lo que alguna vez fuimos. (J. Bedoya).


 


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