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Vida Moderna El Vale Todo se aleja de su imagen pendenciera. Lo mejor de Perú y Brasil se enfrenta el 13 de octubre.

A Cocachos Competí

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En el ring del Gymdo, Gonzalo Otero muestra estrategia básica de Vale Todo: inmovilización con técnica jiu jitsu y golpe letal.

La fama del Vale Todo como pseudodeporte de violencia extrema y salvajismo elemental –hasta el nombre lo es– nunca le hizo mucho favor a quienes lo practicaban. Valgan verdades, aunque dentro de la mitología urbana que envuelve a su historia, iniciada en el Perú durante la segunda mitad de los noventa, han existido algunos destinos trágicos, éstos siempre se han desencadenado fuera del ring. El muchacho que supuestamente murió masacrado en una pelea porque el árbitro demoró mucho en detenerla, nunca existió; pero las balas que cobraron la vida de Emilio Flores, “el Gitano” sí que fueron reales, igual que las que le malograron la pierna a Gonzalo “Petal” Osores de forma permanente. Ambos aparecieron en los tiempos de mayor actividad del primer impulsor de este deporte en el país, Carlos Balarín, que no tardó mucho en convertirse en su fiero defensor. El tiempo le está dando la razón.

El Vale Todo nunca fue la mera reproducción de las peleas callejeras sobre una tarima rodeada de público. Si bien es cierto que en un principio los torneos llamaron la atención tanto de luchadores experimentados provenientes de distintas artes marciales como de faites de barrio y amantes de la violencia en general, no pasó mucho tiempo antes de que sobre el ring se diera una espontánea y darwiniana selección natural de las especies. Los matones improvisados fueron extinguiéndose ante el paso seguro de aquellos que aplicaban el box, el jiu jitsu, la lucha grecorromana, el muay thai (box tailandés), el judo, el kickboxing, etc.

“En realidad, el Vale Todo es menos riesgoso que el box, porque uno puede ganar peleas sin siquiera dar golpes”, dice el ex luchador Gonzalo Otero (28), hoy profesor de jiu jitsu del Gymdo y ocasional árbitro. “Basta con hacer una buena llave de sumisión, que el contrincante dé tres taps (golpes con la palma de la mano en el suelo) y ya está. O si ya lo tienes dominado, a lo mucho le das un par de puñetazos en la cara y el árbitro para la pelea porque el otro ya no puede hacer nada”. Otero ha ido a tres mundiales de jiu jitsu y quedó cuarto en el del 2002, y ahora se dedica al cine. Ha dirigido tres cortometrajes ganadores de premios nacionales e internacionales.

La profesionalización de la disciplina tiene distintos alcances. Jimmy Pool, vinculado al mundo de las artes marciales desde hace 26 años y principal difusor de la cultura tailandesa en el Perú, explica: “Un arte marcial es un arte de guerra. Y los romanos concebían dos tipos de guerra: la que desatas contra tu enemigo y la interna, que se libra entre tus fortalezas y debilidades. Cuando una línea de pelea –generalmente las escuelas occidentales han adoptado este tipo de visión– sólo coge lo externo, lo que se transmitirá será sólo golpe”.

Puños de Oro

Dicho todo lo anterior, la noche del viernes 13 promete grandes momentos técnicos más que baños de sangre. Es el Grand Champion III, edición definitiva de los encuentros sobre el ring de luchadores de Perú y Brasil (la primera vez quedaron empatados, y la segunda ganó el “Pitbull”, Iván Iberico, hoy entrenándose en Brasil para el torneo Samurai, que organiza el célebre Wanderlei Silva). Esta vez, en las peleas estelares se enfrentarán los peruanos Daniel “la Hiena” Aspe y Diego Huerto, “Akita”, contra los campeones del Shooto Brasil, Gabriel “Gladiador” Santos y Paulo Leosada. Además, vendrá el siete veces campeón del Shooto Japón, Alexandre Nogueira, “Pequeño”, inmenso peleador de talla mundial. Sacarse la mugre también es un arte. (GSV).


 


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