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Personajes Congresista Álvaro Gutiérrez, ex benefactor de Ollanta Humala, y la increíble historia de cómo amasó fortuna.

De Policía a Millonario

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Gutiérrez de vacaciones en el Taj Mahal, India, el año pasado.

La camioneta BMW X3 del año supera los autos desperdigados por la Vía Evitamiento con un zumbido casi imperceptible. Su conductor, el congresista Álvaro Gutiérrez, maneja con una sonrisa permanente, feliz de criticar entre segunda y tercera la decisión de la bancada nacionalista de retirarse del pleno del Congreso cuando se aprobaba la Ley de Sierra Exportadora, el pasado jueves 5.

“La gente ya se está dando cuenta de quienes son en realidad. No hay un compromiso verdadero con el país, sino con sus intereses partidarios”, frena Gutiérrez, ingresando a la garita de peaje. En la radio, las baladas soporíferas se suceden una tras otra. El boletero observa el vehículo. Mira al conductor. Intenta reconocerlo y quizás se hace la misma pregunta: ¿de donde salió este señor?

Entre los puntos más visibles de su currículo, figura el haber sido uno de los principales financistas y aportantes de la campaña electoral de Ollanta Humala con S/.131,420, y una camioneta Toyota Hi Lux a manera de ‘donación’. Cuando fue retirado del cargo de vocero de la bancada nacionalista a finales de setiembre, Gutiérrez afirmó que el donativo en cuestión era sólo en “parte de pago” para poder integrar la lista al Congreso de UPP. Además, dejó entrever que en su residencia de Camacho, Humala se reunió con funcionarios venezolanos, que aportaron financieramente a la campaña nacionalista.

Ahora, desde su asiento en la presidencia de la Comisión de Transportes y Comunicaciones, Gutiérrez lleva la batuta en el debate legislativo sobre la renta básica, aunque la voz cantante sea la de Yonhy Lescano. Su falta de experiencia en la gestión parlamentaria es inversamente proporcional a su patrimonio personal, que asciende a varios millones de dólares, según propia confesión.

La historia de cómo los amasó es de mamey.

Gutiérrez nació en Arequipa en 1964, en una familia de clase media baja del barrio de La Recoleta. A los 16 años las locas ilusiones lo hicieron emigrar a Lima donde empezó trabajando como mozo de restaurante. En 1983 postuló a la Escuela de Oficiales de la Guardia Civil. Si bien no fue admitido, terminó integrando el cuerpo de Guardias de la GR, con dos meses de trabajo en la comisaría de Carmen de la Legua Reynoso, en el Callao. En 1987, se incorporó a la Escuela de Oficiales de la Policía. Su única hija, Erica, quien lo acusó por televisión de desatenderse de ella en plena campaña electoral, nació por esas fechas. Pero Gutiérrez tenía otros planes. Dos años más tarde, en 1989, partió a Italia.

El niega que su retiro de la PNP se haya producido por un escándalo personal “Me fui porque quise, nadie me botó”, dice.

Misión en Milano

Su aterrizaje en Italia fue duro. Se pasó el primer año lavando platos: “Me gustaba, tenía mis manos blanquitas”. Fue albañil cinco días: “No cobré nunca mi sueldo, no podía ni levantarme”. Su llegada coincidió con la Ley sobre Inmigración de 1990, que regulaba la situación de los extranjeros ilegales en Italia. De repente, tenía papeles en regla y visa de trabajo. En 1991, recaló en Milán y empezó a trabajar como auxiliar en el Hospital San Raffael. Luego de tres años fue contratado como enfermero.

Para 1997, Gutiérrez montó junto a un colega italiano un negocio que a la larga sería como descubrir la pólvora: importar enfermeras de Rumania, Polonia, España y hasta Marruecos. En el 2001 empezó a “exportar” enfermeras peruanas. “Llegamos a facturar hasta 1 millón de euros al mes en el 2003”, afirma.

Según sus cálculos, ha ‘enviado’ a Italia al menos 10,000 enfermeras europeas y 3,800 peruanas.

En el 2002, la enfermera Florencia Apaza denunció por fraude a Pablo Valente, entonces director del Instituto Italo-Peruano, ex propiedad de Gutiérrez. Según Apaza, una vez en Italia, sólo trabajó como auxiliar médico en condiciones poco favorables y sin posibilidad de abandonar el trabajo. Gutiérrez fue relacionado, pero la demanda terminó por archivarse.

A finales de 2004, Humala le echó el ojo. No tardó en convertise en la cabeza de lista del humalismo en la Ciudad Blanca y en el principal financista de la campaña. Fue el candidato por Arequipa con la votación más alta: 48,417 votos.

Gutiérrez sigue en el negocio de exportación de enfermeras al frente del Centro de Asistencia Enfermerístico Profesional (CAEP) y del Estudiado Asociado Bellmunt. “¿Por qué tendría que dejar de hacerlo?, se pregunta Gutiérrez. “Es mi empresa”, añade.

Ha presentado un proyecto de ley para exonerar del Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) a las remesas de dinero que envían los peruanos en el exterior. Algunos han visto un interés de Gutiérrez por beneficiarse con esto. Él lo niega. Manejando de regreso al centro de Lima, para llegar a bailar huaino en la promulgación del proyecto de Ley de Sierra Exportadora en Palacio de Gobierno, vuelve a hablar de Humala, que sonríe en uno de los paneles electorales de la Vía Evitamiento. “El pueblo lo ha sentenciado”, sostiene. ¿Y la camioneta? “Ya que se la quede, no soy una persona que ande interesada por el dinero”, afirma mientras pisa cuarta. Algunos le creen, otros no, (Carlos Hidalgo).


 


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