Actualidad AGP salió al fresco para empujar el TLC, pero su ratificación dependerá de los vientos electorales en Estados Unidos.
Misión en Washington (VER)
 |
Martes 10.- Embajador Felipe Ortiz de Zevallos, Alan García y Hernando de Soto corren detrás de los plazos. |
Tener enemistades en común es el mejor picahielos. Y entre presidentes que recién se conocen funciona todavía mejor. El nombre de Hugo Chávez brotó como hierba mala entre los zapatos de George W. Bush y Alan García Pérez. El tejano le reconoció al peruano que su señora madre, doña Bárbara, se veía afectada por el hábito que tiene el venezolano de llamarle alcohólico y diablo. Pero no iba a responder a las provocaciones.
–Soy –dijo Bush– un político.
García coincidió con él y calificó el estilo del comandante como exceso de verborrea.
Pasaron a comentar el tema que tiene acaparada buena parte de la atención de Washington: los ensayos nucleares en Corea del Norte. García recordó que durante su primer gobierno él conoció a los tiranos Kim Il Sung y Kim Jong Il. El dato despertó el interés de Bush.
La presencia de la intérprete no le bajó el ritmo de la reunión, prolongada casi por media hora más de lo planificado. AGP, acompañado por el canciller José Antonio García Belaunde, se reunió en la Casa Blanca con Bush entre las 9 y las 10:20 de la mañana.
Bush le reconoció a García su vocación de servicio y la voluntad que demostró para volver al poder. El peruano respondió con flores a su “linaje político”. El anfitrión sacó entonces la foto del joven presidente García con George Bush padre y el abuelo Prescott Bush, que fue senador por Massachusetts.
Los tiempos han cambiado y Chávez contribuye a otorgarle a AGP la posibilidad, recordada por Bush, de ejercer un liderazgo alternativo en la región. Ese era uno de los argumentos apristas para conseguir un “plus” en el TLC con Estados Unidos. Pero, tal cual vamos, bastará si el TLC se ratifica. Así como está, nomás, agregarían en el gobierno.
La Tortilla Demócrata
García insistió en que Bush envíe al Congreso el proyecto de ley, a más tardar, el 9 de noviembre. Así entraría a las sesiones de
lame duck o pato rengo, durante las cuales se resuelven los temas pendientes antes de inaugurar la siguiente legislatura.
Bush no se comprometió con la fecha. Según una enterada fuente de la embajada peruana la reticencia se debe a un solo factor: el número de votos no está asegurado.
Al Presidente estadounidense le urge una revitalización política de cara a las elecciones legislativas del 7 de noviembre. El escándalo de acoso sexual a un menor en el que se vio envuelto el ex congresista republicano Mark Foley no ha sido de ayuda y según la última encuesta de Gallup los demócratas llevan 23 puntos de ventaja. La popularidad del propio Bush descendió –de 44% a 37%– con relación al sondeo de setiembre.
Bajo esa óptica, lo último que necesita Bush es enviar el TLC para que sea aprobado por vía rápida (fast track, potestad del Ejecutivo que vencerá en julio del 2007) y en el Congreso se lo nieguen.
Mejor flotamos, parecen decir los oficialistas. El periodista Doug Palmer, de la agencia Reuters, remarcó que “el temor de no hacer nada que ayude a las posibilidades demócratas de ganar la Cámara de Representantes, impidió a los líderes republicanos votar sobre un acuerdo de libre comercio con Perú”. Al cierre de esta edición también se aguantaba la aprobación de un proyecto de ley para establecer “relaciones comerciales permanentes” con Vietnam.
En Lima el Señor Morado sale a las calles, pero en Washington la inercia política suspende los milagros hasta nuevo aviso.
Es necesario recordar que el propio Hernando de Soto declaró en CARETAS 1939, recién conocido su nombramiento como enviado extraordinario para empujar la ratificación del TLC, que sería muy difícil obtener la aprobación del Congreso gringo en lo que resta del 2006. Consideró además que la legislatura postelectoral de noviembre representaba “un corredor muy estrecho”.
La carta marcada del autor de El Otro Sendero ya visionaría el escenario hacia enero. Según esa hipótesis su buena entrada con la oposición podría facilitarle pasar el TLC aun con la tortilla volteada hacia la mayoría demócrata.
Uno de los principales argumentos que animaron a García para convencer a De Soto fue el de sus excelentes migas con Bill Clinton. El ex presidente hizo pública la intención de empujar a su bancada en aquella dirección y también le envió un mensaje en ese sentido a AGP por intermedio del canciller José Antonio García Belaunde (CARETAS 1944).
¿Qué pasó entonces? ¿Sobreestimaron la capacidad de cabildeo de Clinton?
Puede ser. El CAFTA con Centroamérica pasó el año pasado por apenas dos votos. Quince demócratas se salieron de la línea partidaria y votaron a favor. Ahora los demócratas se resisten a hacerle cualquier guiño al Ejecutivo de un Bush debilitado y ostentan un récord negativo de votaciones por tratados de libre comercio (CARETAS 1933).
La situación empeoraría si a Bush se le agota la opción del fast track. Esta le permite pasar los acuerdos comerciales al Congreso, que debe limitarse a aprobarlo o desaprobarlo, pero sin alterar el documento. Desde julio del 2007 el gobierno quedará manco en sus capacidades de negociación comercial con otros países, pues el Parlamento podrá modificar lo ya negociado. Le sería posible, por ejemplo, introducir sin más la enmienda, hoy discutida, para que el Perú aceptara el ingreso de carne de vacuno mayor de 30 meses.
Sobre la posibilidad de renovar el fast track, el catedrático Daniel Drezner de la Universidad de Tufos declaró a Reuters que era “difícil de creer que una Cámara de Representantes controlada por los demócratas vaya a aprobar cualquier cosa que le dé más autoridad al Ejecutivo”.
El desafío se concentrará, entonces, en ratificar el TLC antes de julio próximo.
Política de Contención
Las preferencias del ATPA, predecesor del ATPDEA y por lo tanto germen del TLC, nacieron en 1991 como paliativo del problema de las drogas. Por eso sigue sin entenderse del todo el discurso presidencial en la materia. A Bush le propuso enfatizar la colaboración para reforzar la interdicción de droga en los puertos y aeropuertos.
García pretende abrir el abanico e involucrar más a la Unión Europea, destino de la mayoría de la droga que sale del Perú, y disminuir la presión sobre los cocaleros. Sin embargo, en el acuerdo firmado por ambos mandatarios se garantiza la continuidad de “los esfuerzos integrales del Perú y los programas de los Estados Unidos que aportan infraestructura y capacitación para fomentar la presencia policial en la zona ubicada al este de los Andes”.
A la congresista Nancy Obregón no le deben haber sonado esas líneas.
La incertidumbre con el tratado y el vencimiento de las preferencias arancelarias del ATPDEA el 31 de diciembre del 2006 hicieron que otras alarmas de cataclismo ya truenen desde algunas tiendas.
Hay quienes niegan siquiera la posibilidad de no suscribir el TLC antes de fin de año. Pero ya son preparadas las medidas de contención desde ambos lados. En el Senado norteamericano se presentaron dos dictámenes para discutir la ampliación de las preferencias arancelarias en caso de demorarse la ratificación. Sus autores son el republicano Bill Thomas y el demócrata Charles Rangel. Alejandro Toledo buscó el apoyo del último durante su último viaje como presidente (CARETAS 1933).
Consultado, el primer ministro Jorge del Castillo resumió los dos escenarios alternativos: “Se amplía el ATPDEA o el gobierno implementa mecanismos internos (para paliar el efecto)”. La ministra de comercio exterior, Mercedes Aráoz, adelantó que esos mecanismos se basarían en facilitar créditos para que las empresas puedan pagar los aranceles.
Llegará el 9 de noviembre y el cronograma será despejado. Entonces sabremos si el gobierno alcanza al pato rengo o pelea por el pavo del día de acción de gracias. Más importante será ver si la carcasa aguanta el aguadito después de año nuevo. (Enrique Chávez)