Acho Ayer y Hoy
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Con el San Cristóbal de testigo, y felizmente removida publicidad sobre los tendidos, Florencio Ballesteros ensaya molinete en Acho, 1934. (Archivo Biblioteca Nacional del Perú). |
Hace siglo y cuarto, en los alrededores de la plaza, mucho antes de empezar la corrida, había una agitación constante de público arremolinado y festivo. El condumio era importante tanto en aquellos tiempos como en los de ahora. Dada la cantidad de toros que iban a salir al ruedo entonces, unos dieciocho, que un poco más tarde se rebajarían a doce, las corridas solían comenzar muy pronto, entre la una y dos de la tarde. De comer y de beber se trata. Hacia el mediodía, una procesión de calesas atravesaba el puente del Rímac camino a la plaza de Acho, transportando gentes alegres cargando cestas de comida y buenas garrafas de vino iqueño. Menestrales, comerciantes, profesionales y burócratas acreditaban esa mesocracia recién surgida en el siglo de las luces y que sería después el fermento independentista También en esa procesión tomaban parte lujosas carrozas con esclavos y palafreneros al cuidado de exquisitas viandas para lo más graneado de la aristocracia limeña. Para aquellos descuidados o apremiados por el tiempo que se han olvidado de traer comida (comer y beber dentro de la plaza sería una costumbre muy extendida en la época) podrían alegrar su olvido y saciar gaznate y estómago con un sinfín de puestos de comida y bebida a través de vivanderas ambulantes que pululaban en las cercanías de la plaza.
Hoy, ese arremolinamiento de gentes en las calles aledañas a Acho, está lleno de las urgencias de esta época y surge por las prisas de entrada a la plaza y las colas consiguientes cuando se quiere aprovechar los minutos antes de que suene el clarín anunciando la salida del primer toro. Pero comer, se come, en los restaurantes y quioscos de dentro de la plaza que sustituyen a las vivanderas de antaño. Y también se bebe, y hasta a veces en demasía y de estas componendas con la bebida salen los catedráticos vociferantes, “ese pico de muleta” “no codillees”, que se esparcen por los tendidos.