Cultural Gerardo Chávez se alista para inaugurar museo propio en su natal Trujillo.
Paredes Plásticas
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El pintor en el que fuera su taller- huerta de Laredo. Ahí se inaugurará el Museo Gerardo Chávez de Arte Contemporáneo el 30 de noviembre. |
Perdón, perdón. No me esperó mucho, ¿verdad? Vengo de uno de esos almuerzos que se prolongan... y engordan. En su penthouse, Gerardo Chávez cuenta que pronto se llevará todo a Trujillo para empezar con el montaje de su museo de arte contemporáneo. A Laredo, más exactamente, a diez minutos de la ciudad. Desde ahí pueden verse las Huacas del Sol y de la Luna. Mangos, paltos, higos y naranjos adornan el edificio en construcción; sin sus colores el cemento resultaría insoportable... Chávez describe y con las manos parece ir terminando los muros de su largamente acariciado proyecto. “Que empezó como sala de exposiciones, pero la ambición me fue ganando. Posiblemente acabe como la Fundación Gerardo Chávez”. Sonríe, saboreando sus últimas palabras. “Sí, yo creo que así se va a llamar. Porque esto se ha hecho con mi dinero y esfuerzo”.
No cree en falsas humildades, dice, y recita los nombres de los artistas cuyas obras forman parte de su colección personal y que se lucirán en su museo: Giacometti, Torres García, Matta, los peruanos Alberto Dávila y Macedonio de la Torre, entre otros. Además, pintores como Revilla, Shinki y Tola han prestado sus obras. Y, por supuesto, su hermano y maestro, Ángel Chávez. “Él tiene dos salas. He conocido artistas con grandes trabajos que ahora están olvidados, como él. Y es que nuestro país nos posterga y ultraja, y nos da una gran tristeza”, se lamenta.
–Se fue a París muy joven, decepcionado de un Perú...
–Que era cruel y no ha cambiado.
–¿Cuál es su relación con este país, ahora?
–Conservé una herida terrible y sin embargo, sigo amándolo casi al límite del masoquismo. Cualquier cosa que se pueda hacer por un país como este resulta poquísimo. Mi museo, también.
Pero sobre ese otro museo de arte contemporáneo que espera en Barranco sin que se levante a su alrededor más que polémica, no ha sabido más. Escuchó que el presidente del patronato había renunciado, pero ni ahí le llegó un comunicado. Dice que las cosas pasaron de ser deshonestas a desquiciadas, y ya que nadie reaccionaba, él lo hizo. Prefiere no extenderse y concluir con que fue una criatura que empezó mal.
“Yo me mantengo distante de la política”, continúa. “Por ser trujillano piensan que soy aprista. Pero soy un independiente que quiere desarrollar sus proyectos. En el Perú tenemos una cultura ancestral que necesita un orden. Pero también tenemos hambre y desempleo. Debemos ser pacientes”. Sobre la pasada administración del INC, cree que las buenas intenciones de Luis Lumbreras no siempre tuvieron el apoyo del Estado. Pero no está de acuerdo con llevar fuera del país los restos arqueológicos y las momias. “Hay otras estrategias de marketing. No podemos desenterrar a nuestros muertos así nomás”, afirma.
–Alguna vez contó que su hermano Ángel trató de disuadirlo de ser pintor. ¿Qué hubiera sido de usted sin la pintura?
–Él trataba de cuidarme, de actuar como un padre para suplir la muerte de mi madre. Pero yo era joven y sólo quería hacer lo que me apasionase. Creo que no me equivoqué. La vida es tan corta… ¿Quiere un consejo? Trate de vivirla intensamente. Y sin mirar hacia atrás. (Rebeca Vaisman)