Personajes Para él, una democracia moderna tiene que implantar tres elementos indivisibles: honestidad, libertad, solidaridad.
Chespirito junto a la estrella italiana Gina Lollobrigida.
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El 22 de noviembre del 2000 el Congreso lo eligió Presidente de la República, a pesar de que, por adelantado, no quería aceptar. |
LA de Valentín Paniagua era una muerte anunciada. Su salud se había quebrantado por el esfuerzo electoral, siendo así que ya estaba seriamente enfermo.
Intervino en la campaña por salvar el honor de su partido, Acción Popular; pero sobre todo porque partía de una posición de principios.
La derecha lo atacó antes del voto de abril, afirmando que su candidatura perjudicaba la de Lourdes Flores. Fingía ignorar, como finge ahora después de su muerte, que Paniagua defendía ideas, no acomodos.
También ahora se escamotea ese fondo central de su política. Los honores –llamémosles así– se remiten sólo a su honestidad o a su defensa del estado de derecho. Esos dos componentes fueron vitales para él; pero los acompañaba de la idea de solidaridad.
Omitir este elemento es mutilar su herencia.
Ocurre que un político de la talla de Paniagua no puede ser aquilatado sólo por lo que hizo o por lo que representó en un momento histórico de la política peruana. Su retrato tiene que incluir lo que escribía, lo que pensaba, lo que quería para el Perú y para los peruanos; su trayectoria. En suma, lo que era.
En los ocho meses de su presidencia, Paniagua refutó con hechos la mentira que la derecha peruana ha sostenido, a veces a sangre y fuego, a lo largo de la historia: que sólo un gobierno autoritario puede ser eficiente. Para esa tendencia, Alberto Fujimori era la encarnación de la eficiencia. Paniagua demostró que se puede gobernar bien, sin necesidad de autoritarismo.
También esa actitud respondía a un principio doctrinario.
Agrarista Radical
Recuérdese que Paniagua inició su acción política en los días en que era estudiante de la Universidad San Antonio Abad del Cusco. En la ciudad imperial reinaba entonces una atmósfera de lucha contra la dictadura de Manuel A. Odría, primero, y luego contra el gobierno oligárquico de Manuel Prado, y también por la reforma agraria. En ese ambiente, el joven estudiante y dirigente estudiantil se distinguió por su defensa del indio y su lucha agrarista. Igual actitud reformista mantuvo cuando se trasladó a la Universidad de San Marcos.
En 1963, cuando fue elegido diputado por la alianza entre Acción Popular y el Partido Demócrata Cristiano, al que había ingresado, propugnó en uno de sus primeros discursos la eliminación de los resabios feudales, particularmente en el sur.
Una huella de esos planteamientos se encuentra en un documento prácticamente desconocido. Fue publicado por la Alianza AP-PDC en abril de 1963, con el título de Bases para el Plan de Gobierno, con la indicación de que era “solo para la circulación interna, entre los dirigentes, técnicos y candidatos a parlamentarios de ambos partidos”. Allí se habla de disminuir o abolir los latifundios. El aporte de Paniagua es visible.
Hay que recordar que el Partido Demócrata Cristiano, surgido al calor del combate contra Odría, tenía como líder a Héctor Cornejo Chávez, un socialcristiano radical, y polemista parlamentario dueño de una artillería verbal implacable. Hombres ilustres lo acompañaban: Ernesto Alayza, Mario Polar, Roberto Ramírez del Villar.
En esos años, el joven diputado Paniagua (26 años) se distinguió en la polémica contra los personeros de la alianza del Apra y la Unión Nacional Odriísta. Eso explica por qué, cuando en 1965 se convirtió en ministro de Justicia (a los 28 años), fue censurado. En enero de 1966, en carta a Cornejo Chávez, agradeció a éste el apoyo frente a “un voto de censura, injustificado y arbitrariamente acordado en contra mía por la Coalición Apra-Uno”.
No se Fue al PPC
Pocos meses después, un sector del PDC encabezado por Luis Bedoya Reyes se aparta y crea su propio partido, el PPC. Paniagua no compartió esa actitud. Hasta ese momento se mantuvo leal a Cornejo Chávez y su actitud radical.
Pero en 1968 se produce el golpe militar del general Juan Velasco. Poco después, Cornejo empieza a colaborar con el régimen militar y es nombrado director de El Comercio expropiado.
Paniagua se apartó, airado, del PDC, y en 1974 ingresó en Acción Popular. Hay que recordar que el partido de Fernando Belaunde se había desacreditado antes del golpe de Velasco y que en ese momento se hallaba perseguido y debilitado. La afiliación de Paniagua no era, pues, un recurso oportunista.
Vienen después el segundo gobierno de Belaunde y el primero de Alan García. En esos años, Paniagua se dedica fundamentalmente a su trabajo de docente de Derecho, sin abandonar su activismo político. Cuando Fujimori rompe el régimen democrático e instala una política antisocial, Paniagua se convierte en un opositor activo y valiente. Es uno de los forjadores de la unidad de la oposición, sin exclusiones ideológicas o sociales. Es así como en julio del 2000 retorna al Congreso, aunque con una votación mínima: 14,355 votos. Sólo Carlos Cuaresma, otro cusqueño, tiene menos votos que él: 13,798.
No queria ser Presidente
La historia se precipita enseguida; Fujimori huye del país y renuncia a la presidencia mediante fax, el Congreso lo destituye. Le toca asumir la primera magistratura a la entonces presidenta del Congreso, Martha Hildebrandt, quien se aferra al cargo. Al final, la censuran. Henry Pease ha contado cómo, en previsión de ese desenlace, había consultado con Paniagua para que aceptara presidir el Congreso y, por lo tanto, acceder a la presidencia de la República. Paniagua se opuso, y dijo que el cargo correspondía a Perú Posible, que tenía una bancada numerosa. Pero los votos decidieron otra cosa.
Fue así cómo obtuvimos un Presidente de lujo.
Lo que hizo, lo que Quiso
Aparte de la modestia y la honestidad, que también son lección de fondo, Paniagua aportó cuatro elementos que constituyen su gran herencia:
- Quería contribuir a la elaboración de la Constitución del siglo XXI, sobre la base de un aggiornamiento de la Carta de 1979.
- Instaló la Comisión Anticorrupción (ver Editorial).
- Reinstaló el Consejo Nacional del Trabajo, “como un cauce institucionalizado”, explicó, “para la deliberación, la búsqueda de concertación y, eventualmente, consenso entre el capital y el trabajo. Tengo entendido que allí se han hecho todos los esfuerzos por parte del Estado y los sectores laborales, y que hay una resistencia persistente por parte de los empresarios” (CARETAS 1711).
- Creó la Comisión de la Verdad y Reconciliación. La prueba de la hipocresía de ciertos homenajes al extinto puede encontrarse en la primera plana de Expreso del martes último: hay allí un titular que dice: “CVR al banquillo por acusar sin pruebas a inocente”.
El año 2000, en la conferencia inaugural del Seminario Internacional “El futuro de la democracia y el pensamiento político de Norberto Bobbio”, acusó al FMI, el Banco Mundial y la banca privada “de concertarse contra los países deudores para obligarlos a abrir sus mercados” (CARETAS 1940).
Era la expresión de su coherencia de socialcristiano auténtico, de hombre de centroizquierda. Algo que la derecha no podía reconocer y no puede admitir.