Deportes Deportivo Municipal retoma su romance con la primera del fútbol profesional.
¡Besa, Muni!
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Presidente edil Douglas Ruiz busca renovar el 80% del plantel campeón, que besa la copa. |
La sensación de pertenencia opera de manera misteriosa. Se puede cambiar de esposa, carro, departamento, profesión, nacionalidad, sexo o mascota, pero jamás de equipo de fútbol. Es el acto de romanticismo más absurdo. Casi una telenovela. Y como tal atraviesa por cielos e infiernos, pasiones y calvarios. Deportivo Municipal acaba de volver a la primera división del fútbol peruano luego de transitar durante 6 años por la segunda. La fiesta de la vuelta olímpica fue celebrada el 21 de octubre en el Estadio Nacional luego de empatar a un gol por bando con Olímpico. El ascenso se había producido días antes, el 14 de octubre, tras mantener el marcador a cero con San Marcos. Un punto bastó para que la “Academia” fuera inalcanzable en el torneo de ascenso. Un punto bastó para desatar la euforia de los cerca de 15 mil asistentes, muchos de los cuales no han visto jugar nunca a “Vides” Mosquera, “Tito” Drago o “Cholo” Sotil, pero gritan irracionalmente: “Soy hincha de la “Franja”. (Uno ya quisiera ver, a veces, este mismo fervor en la otra franja, la blanquirroja).
Lo curioso es que esto no es la Serie B del Calcio italiano. No hay un Juventus que descendió por casos de corrupción, ni cracks de la talla de Trezeguet, Del Piero o Nedved (todos mundialistas). Los que saltaron al resbaloso gramado artificial del Nacional por el Municipal se apellidan Reynoso o Farfán (la “Foca”, obviamente, y no su versión diminutiva), jugadores que ya fueron arrollados por el tren del tiempo y expectorados de la primera. El partido ante Olímpico fue trabado, poco claro, de una destreza ausente que fue reemplazada por la rigidez táctica y la presión física. Ganoso, pero torpe (llora, Juan Seminario). Es decir, la maldición que se expande como una peste por el mundo. Pero la emoción era desbordante. Demasiado para tan poco. Aunque a lo mejor era lo justo para un emblema como el Municipal. Ya lo dijo el mexicano Villoro: el juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente del público. Al menos CARETAS vio demasiado fervor para un juego tan pobre. Una auténtica película de serie B. Pero no una dirigida por Sam Fuller (eso sería el Boca Juniors, y de B no tendría nada). Quizá sí algo afín a Roger Corman. Ahora bien, los freaks de lo bizarro no tienen su santuario de comunión y celebración. O los hay pero están inmersos en el amateurismo y la clandestinidad. Esto era un partido oficial, con sus papeles pica pica, árbitro FIFA, fuegos artificiales, un sponsor y sus anfitrionas esplendorosas que no entienden nada de lo que ocurre alrededor. Todo en el Estadio Nacional, con el actor Gustavo Bueno haciéndola de maestro de ceremonias para éxtasis de “La Banda del Basurero”, allá en la tribuna Oriente. “La Acade, la Acade, la Academia Acade…” El cántico se repite como un mantra. Un fenómeno. ¿Qué rayos es el Deportivo Municipal?