Deportes Nuevas vibraciones del voley peruano en Mundial de Japón, este 31 de octubre.
Mate Que Late
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Matadora Patricia Soto, Elena Keldibékova, Sara Joya y Yulissa Zamudio. Ya están en Japón. |
Lo más fuerte de la Copa Azteca no fue perder contra las dominicanas. Fue la comida. “Era tan fea que solo comimos pan”, cuenta Patricia Soto, una de las cuatro seleccionadas que estuvo en Lima antes de reunirse en Europa con el resto del equipo. Pero ganar la medalla de plata en México sufriendo el rigor alimenticio, y perder en Italia ante dos de sus futuros rivales en el Mundial de Japón (Italia y Serbia y Montenegro) es solo el prólogo. El martes 31 comienza el drama: debutan ante Egipto en territorio asiático.
Perú no va a un Mundial desde 1998 (cuando quedaron décimas). Y no compite en una Olimpiada desde el 2000 (en que quedaron onceavas). Carlos Aparicio, entrenador de la selección y asistente de Man Boc Park en Seúl ‘88, cuenta que “en esa época las chicas no emigraban. Aquí tenían un sueldo por parte del gobierno y de la empresa privada. Pero ahora están fuera (Leyla Chihuán, Milagros Moy, Natalia Romanova, Vanesa Palacios, Verónica Contreras y Mirtha Uribe juegan en clubes españoles. Patricia Soto ha sido contratada en Turquía). En la Copa Azteca, llegaron del avión a la cancha”. Y, aún así, demostraron ser buenas.
Elena Keldibékova es rusa y vive en el Perú hace 11 años. Juega voley como una consigna paterna contra la inutilidad. Para Patricia Soto (26) fue una estrategia contra su hiperactividad. Sara Joya (30) cree que la fortaleza del equipo es que, a pesar de la distancia geográfica y cronológica, se llevan tan bien como para mostrarlo en la cancha. Yulissa Zamudio (30), otra de las seleccionadas que estuvo en Lima, comenta la evolución del biotipo (ellas, que llegan al 1,85 cm, son consideradas “chatas”).