Internacional Paliza electoral causada por la guerra de Irak y las mentiras sobre ella, el injusto manejo económico y la corrupción.
El No de las Urnas (VER)
 |
Bush acentuó su estrategia de meter miedo respecto al terrorismo. Pero la mayoría de electores consideró que el país es ahora más inseguro. |
En multitudinaria manifestación que se realizó en Washington poco antes de la invasión de Estados Unidos a Irak, un asistente a esa demostración contra la guerra portaba una pancarta que rezaba: “Irak significa Vietnam en árabe.” Las similitudes de la situación de Irak con Vietnam reaparecieron en el debate previo a las elecciones legislativas del martes último y sin duda han contribuido a la catástrofe sufrida por el partido de George W. Bush.
La desastrosa situación en Irak fue tema candente en un proceso en el que los demócratas han logrado recuperar el control de la Cámara de Representantes y parecen a punto de conquistar el Senado.
De las urnas surge una estrella: Nancy Pelosi, la diputada demócrata por California, a quien su partido postula para la presidencia de la Cámara de Representantes. Sería la primera mujer estadounidense en ocupar tan alto cargo.
Un triunfo notable es también la reelección de Hilary Clinton, senadora por Nueva York y probable candidata a la presidencia de Estados Unidos.
La revolución neoconservadora con que soñaban los republicanos –que controlan el Ejecutivo, el Legislativo y que han designado jueces clave en la Corte Suprema– se ve ahora al borde del colapso.
¿Por qué Irak?
¿En qué sentido es comparable Irak con Vietnam? La Ofensiva Tet en Vietnam, en la cual los insurgentes comunistas demostraron una capacidad de operación en todo el territorio de Vietnam, cambió el rumbo de la política de Estados Unidos, que decidió, a partir de ese momento, trasladar apresuradamente sus responsabilidades militares a los vietnamitas y retirar sus tropas. Ello a pesar de que la Ofensiva Tet había sido una derrota militar para los comunistas.
Algo similar se plantea con el agudo incremento de la violencia en Irak, donde una activa, pero reducida insurgencia se suma a la violencia de chiitas contra suníes –y viceversa– y de todos contra las tropas de Estados Unidos y contra la policía y ejército iraquíes que ellas están entrenando. Esta violencia agudiza la falta de control de los servicios básicos, lo cual se agrega a la opresiva inseguridad cotidiana derivada de la violencia y los secuestros. De allí que exista la impresión generalizada de que Estados Unidos está perdiendo el control de la situación y que resulta imprescindible cambiar el rumbo.
La Estrategia Republicana
En un inicio, los republicanos, bajo la experta dirección estratégica de Karl Rove, plantearon la conveniencia de centrarse en los problemas locales, evitando entrar al tema de la guerra en Irak. Las cifras revelan que la guerra es crecientemente impopular, especialmente entre los votantes independientes, que se oponen a ella –y a su conducción por parte de Bush– por un margen de dos a uno, según una encuesta del diario Washington Post y la cadena ABC. En esa línea se ubica la renuencia de algunos candidatos republicanos a aparecer al lado de Bush.
Lo inevitable de introducir el tema de la guerra, sin embargo, condujo a un cambio de la estrategia republicana, que llevó al extremo lo que les había dado resultado en 2002 y 2004: azuzar el miedo de los electores respecto al triunfo de los terroristas ante la debilidad y falta de opciones de los demócratas.
El propio Bush y el vicepresidente Cheney han saltado al ruedo para reforzar el argumento de que la guerra en Irak mantiene ocupados a los terroristas y ello, sumado a la neutralización de Al-Qaeda y de otras organizaciones terroristas, ha conducido a una reducción de las amenazas en el suelo de Estados Unidos, sin que se produzca un nuevo atentado desde el 11/9. Este argumento es una actualización de la afirmación inicial de Bush sobre los vínculos de Saddam Hussein con Al-Qaeda o con fundamentalistas islámicos. Ha quedado fehacientemente demostrado que tal vínculo nunca existió.
La impopularidad de la línea de Bush quedó demostrada en Pensilvania, donde el archiconservador Rick Santorum, fanático partidario de la guerra en Irak y de Bush, fue derrotado por el demócrata Bob Casey, pese a que en su campaña para el Senado gastó 21,5 millones de dólares.
En la disputa por el Senado ha surgido el caso de Virginia, donde la diferencia entre dos candidatos es estrechísima. Según CNN, el demócrata Jim West llevaba ventaja al republicano George Allen por unos 2,000 votos, en un electorado válido que suma más de 2’300,000.
De acuerdo a la ley de Virginia, si la diferencia es de menos de 1% se debe hacer un nuevo escrutinio. Solo el año pasado hubo un recuento en Virginia en la elección de un fiscal y se demoraron más de un mes para aclarar el asunto.
Bush y Cheney habían denunciado vehementemente que los demócratas sólo quieren rendirse y huir (cut and run) y que la victoria del partido opositor sería una victoria para el terrorismo. Paralelamente, sin embargo, han constituido una comisión bipartidista, presidida por Jim Baker y Lee Hamilton, para proponer cursos alternativos para la guerra en Irak, ante la rápida erosión de sus bases aun dentro del Partido Republicano.
Bush ha anunciado, además, que mantendrá hasta el final de su mandato al Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a quien importantes sectores con influencia en la defensa nacional –incluyendo una buena cantidad de generales de cuatro estrellas y los periódicos de las tres armas– consideran el responsable de lo que crecientemente se considera como una debacle.
Debe señalarse, por otra parte, que el Estimado de Inteligencia Nacional de abril de este año –parcialmente filtrado por el New York Times– reveló que los 12 encargados de otros tantos organismos de inteligencia de Estados Unidos consideran que la guerra en Irak ha acentuado la amenaza terrorista hacia Estados Unidos y exacerba los conflictos en el Oriente Medio. Una aguda observación de un funcionario experto en contraterrorismo, citado por el Washington Post (24-9-06), indica que entre el 85 y el 90% de los recursos gubernamentales se están destinando al combate de los terroristas actuales y no a incidir sobre los factores que radicalizan a los grupos musulmanes.
De todas maneras, lo importante de la estrategia republicana –y de las estrategias políticas en general– fue tocar puntos sensibles de las emociones profundas de los electores, en este caso el miedo. En esta línea se ubicó el oportuno anuncio de la condena a muerte de Saddam Hussein, el domingo previo a las elecciones, y que brindó nuevas municiones a Bush en su agitada campaña electoral. Poco efecto puede tener en el desarrollo de la guerra contra el terrorismo la mencionada y esperada condena. Y, como se ha visto, no influyó mayormente en el voto del martes.
La Estrategia Demócrata
Los demócratas buscaron capitalizar la creciente frustración popular con la guerra en Irak. Las bajas estadounidenses se aproximan a los 3,000 muertos y más de 20,000 heridos y mutilados. Un estimado reciente de la prestigiosa Universidad John Hopkins coloca las muertes totales, desde el inicio de la invasión en marzo de 2003, en más de 600 mil muertos. La magnitud de estas cifras tuvo indudable impacto en los electores, mientras los demócratas enfatizaron que la invasión de Irak nunca tuvo relación directa con la guerra contra el terrorismo, sino que la complica. Señalaron también que es necesario recuperar el control de ambas cámaras para obligar al Ejecutivo a rendir cuentas, tanto sobre las mentiras en que se basaron las decisiones de invadir Irak –acompañadas por un buen número de demócratas– como sobre el empleo de los cuantiosos recursos que insume la guerra y que han sido canalizados, sin mayores controles efectivos, a subcontratistas como la empresa Halliburton, de la cual fue alto directivo el actual vicepresidente Cheney.
Los demócratas fueron ayudados por el escándalo del representante Mark Foley, republicano de Florida, que explayó sus tendencias homosexuales con mensajeros de las cámaras, estudiantes del último año de secundaria que hacen pasantías en Washington.
Los demócratas jugaron las cartas en que son percibidos por los electores de último momento y los indecisos como más fuertes: el salario mínimo, la reducción de los gastos de salud, las condiciones de trabajo y las pérdidas de fuentes de trabajo por el traslado de inversiones al exterior (por lo cual una victoria demócrata en la Cámara de Representantes sería una mala noticia para la negociación de tratados de libre comercio.)
Algunos demócratas, como John Kerry, han respondido a las acusaciones de falta de opciones alternativas a la guerra en Irak, asumiendo la propuesta de convocar una conferencia internacional en la que participen todos los principales protagonistas del drama de Medio Oriente. Los demócratas consideran que las políticas de Bush han privado a Estados Unidos de influencia en Medio Oriente y sólo una conferencia como la propuesta podría conducir a los reacomodos que eviten que la guerra civil que ya está en curso en Irak haga metástasis y afecte a toda la región, con sus incalculables consecuencias para todo el mundo. (Luis F. Jímenez, desde Washington)
Gestiones en Washington
Si bien la agenda de gestiones de Hernando de Soto ya está trazada en Washington a partir del lunes para gestionar la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con el Perú, sin duda que la cita con Nancy Pelosi será de primera prioridad.
El partido Demócrata ha ganado la Cámara de Representantes por primera vez en doce años, y Nancy (Patricia D’Alessandro) Pelosi, congresista de California, será la primera mujer en ocupar la presidencia de la cámara baja norteamericana. Pelosi es, a su vez, una crítica muy dura del Presidente George Bush.
De Soto, sin embargo, también visitará a Bill Frist, republicano de Tennessee que ha sido el líder del Senado durante el régimen Bush.
También irá a la Casa Blanca a hablar con el Vicepresidente Dick Cheney, porque a estas alturas lo que se busca es que, en medio del tumulto post electoral en el que la balanza política ha cambiado en los Estados Unidos, el tema del TLC peruano sea por lo menos colocado en la agenda legislativa.
De Soto, acompañado del embajador Felipe Ortiz de Zevallos y de representantes de nuestro Ministerio de Comercio, también se pondrá en contacto con los varios ‘caucus’ (o grupos de interés) de la maraña política del norte. Calculan que el ‘caucus’ negro apoya el TLC, que el hispano está dividido adversamente (porque está vinculado a pequeñas empresas de confecciones similares a la nuestras), que en el de las minorías (esquimales, aborígenes, etc.) hay campo que ganar. Pero los pesos pesados están en el ‘caucus’ de finanzas y en el llamado de comité de ‘ways and means’ (o de “a ver cuánto hay y cómo lo sacamos”).
La actual estructura parlamentaria queda hasta enero y el Presidente Bush estará allí por dos años más, pero si el TLC no entra en la agenda este año, lo realista es pensar que recién se votará hacia junio próximo.
Mientras tanto, parece asegurado que el APTDEA se extenderá hasta entonces.