Opinión
II Un Nuevo Indio en Uppsala, Suecia
Carlos Ochoa, un genuino “nuevo indio” –producto de la fusión de dos sobresalientes culturas: la andina y la castellana– ataviado con un frac impecable del brazo de su bella esposa, el día 7 de octubre pasado, ingresó al Aula Magna para recibir el alto reconocimiento a sus méritos al ser incorporado como Doctor Honoris Causa de una de las más prestigiosas universidades del mundo: la de Uppsala, fundada en 1477, en Suecia. Este acontecimiento que debería llenar de orgullo a todos los habitantes de nuestro andino territorio pasó desapercibido. La prensa escrita, la radial o la de televisión estuvo ocupada en los goles de Pizarro y sus caprichos, los hijos naturales de nuestros ídolos políticos o la desesperación producida por la reducción de los salarios de los altos dignatarios de la Nación. Este clamoroso descuido es muestra de nuestro incipiente desarrollo de la conciencia cívica, producto de un notable retroceso de los temas que los medios de comunicación y la clase intelectual deben enfocar.
El científico andino galardonado en la mencionada Universidad es todo un héroe nacional, detenta en su pecho medallas y símbolos de premios de todas partes del mundo; todos ellos de mayor valor que los de cualquier figura de la farándula, el fútbol o la política. Ha ganado, hace ya unos años, el Premio Houssay, la medalla de honor de la National Academy of Sciences de Washington o el Premio Southern Peru, entre otros muchos.
Carlos Ochoa es el botánico que ha demostrado, de manera científica, la génesis biológica de la papa. Ese maravilloso producto que alimenta a toda la humanidad fue creado en los Andes, en lo que ahora es el sur del Perú, en los linderos con Bolivia. Allí, los nativos, en el transcurso de siglos, por medios de selección, que ahora llamaríamos “genética” produjeron variedades de papa cuyas primitivas especies, solanaceas, eran inservibles como alimento por ser peligrosas para la salud.
La papa, en los Andes, fue el alimento que, como el trigo para las civilizaciones de la antigüedad clásica, fue el sustento para el desarrollo civilizador. El aislamiento de los germo-plasmas (el material hereditario de las células: genomas) realizado por Ochoa, en los laboratorios del Centro Internacional de la Papa, sirve para producir mejores cepas de este maravilloso alimento. La China, la potencia emergente, es el principal productor de las andinas papas y junto con Holanda, Irlanda o Polonia se disputan como los mayores consumidores de este maravilloso alimento. Es una lástima que los actuales peruanos se alimenten, cada vez en mayor proporción, de fideos y arroz.
El galardonado en Uppsala es un verdadero nuevo indio, un representante de la cultura que hace muchos años, cuando se discutía en el Perú trascendentales temas como la búsqueda de la identidad nacional, fue identificado por José Uriel García (El nuevo indio HG Rosas editores,1930). El mestizaje en la región andina no debe ser considerado como el resultado de una mezcla genética sino como la fusión, en el escenario de los Andes, de la confrontación de dos civilizaciones, mejor dicho de dos “maneras de ser”. Los cambios biológicos, la agreste ecología, el intercambio de alimentos y enfermedades resultó en una amalgama cuyo producto es esencialmente cultural. Ochoa, de una familia de antigua prosapia cusqueña, arraigada por la tierra y la tradición, habla con el típico acento serrano, domina el quechua, lleva en sus pupilas el paisaje andino y la belleza de las calles y los templos de su ciudad natal. No importa si su ADN está más cerca de los europeos o de los nativos americanos. Lo importante es que ese cholo peruano enaltece a todos nosotros. (Uriel García)