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Historia Saddam Hussein no es el primer mandatario condenado a muerte.

Justicia Mortícola

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Hussein gritó: “Abajo los invasores. Dios es grande”. Su defensa apelará la sentencia.

La condena a la horca imputada al ex líder iraquí, Saddam Hussein, además de medida ineludible según el transcurso de los hechos, tiene mucho de golpe de efecto. En opinión del internacionalista Farid Kahat (ver recuadro), sólo habrá cambios leves en el statu quo de Irak porque las relaciones entre sus bandos (los musulmanes sunitas y los musulmanes chiítas) están lo suficientemente deterioradas. Kahat agrega que lo mejor es que la condena no influyó en las últimas elecciones legislativas norteamericanas, donde los demócratas derrotaron a los republicanos. Las presiones ya comenzaron: el Partido Demócrata pidió al gobierno de Bush el retiro de las tropas de Irak en un plazo de seis meses. La Casa Blanca se negó a poner fecha al repliegue.

El episodio no es nuevo para los EE.UU., Irak y la Historia. La combustión de la dialéctica es inagotable. Este artículo no pretende dilucidar si se ajusta a la ética la pena de muerte, aunque el primer ministro británico Tony Blair, el Dalai Lama y el canciller italiano Massimo D’Alema hicieron sentir su protesta. Más bien, pasa revista a aquellos hitos que apuntalan el carácter cíclico de los acontecimientos y auscultan la pantomima de los cálculos políticos.


 


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