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Internacional Abrazos con Lula no anestesian encontronazos con Chávez.

O Presidente Mais Alto do Mundo

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Puso el parche altiplánico: “No le vamos a quitar el gas a Brasil”.

El viaje del presidente Alan García y su comitiva a Brasil produjo resultados traducidos en trece memorandos de cooperación. Pero también cerró, entre otras cosas, compromisos con cuatro gigantescas constructoras cariocas. La matemática política del gobierno peruano consiste en dejar en la cancha de la insensatez a Hugo Chávez y darle a Inacio “Lula” da Silva la oportunidad de moverse al mediocampo. Él, mientras tanto, alterna la samba pragmática entre García y el propio Chávez. Tras el viaje de AGP viajó a Venezuela para inaugurar a dúo un puente. García se ofreció como un socio “serio” en contraposición a Chávez. Además, ya de regreso en Lima, el diario caraqueño El Universal publicó una entrevista en la cual AGP se refería al comandante como “abusivo” y “mandón”. El canciller José Antonio García Belaunde fue gráfico al declarar que Chávez “debe lamer las heridas” de sus recientes derrotas. Su homólogo Nicolás Maduro le llamó “grandísimo hijo de la oligarquía peruana”. Joselo devolvió el arepazo: Maduro “tiene el tufo arrogante y prepotente del estilo del nuevo rico”. Con Brasil tudo bem. Con Venezuela difícil que haya un nuevo aliento.

El ADN Brasileño


En los siguientes interesantes extractos de una reciente conferencia en Buenos Aires, el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti marca las diferencias históricas, relevantes hasta hoy, entre Brasil y el resto de América Latina. Entre ellas destaca el papel de los caudillismos militares en los países de habla hispana que compara con las dictaduras “institucionales” del gigantesco país. Sin ir muy lejos, hace pocas semanas acusó a Hugo Chávez por su conducta “totalitaria” en torno al Mercosur.

¿Por qué? ¿Por qué América Latina, que tiene empresarios, que tiene tantos empujes, que ha construido ciudades como esta entre el fin del siglo XIX y comienzos del XX, por qué si otras, como Sao Paulo han tenido el desarrollo fantástico que han tenido en el siglo XX, por qué esta América Latina que tiene toda esa capacidad de realización y todos esos activos no logra, sin embargo, el camino y la posibilidad de alcanzar esos estadios superiores de desarrollo que nos preguntamos?

Hay que ir hacia atrás. Augusto Comte decía que los muertos gobiernan a los vivos y de algún modo tiene razón. El peso de la historia es muy fuerte. Eduardo Constantini se preguntaba por qué los empresarios en Argentina (y en la mayor parte de Latinoamérica) tenemos esta dificultad de aceptación social, por qué los empresarios somos mirados del modo como somos mirados. Empecemos entonces desde el inicio. La primera globalización, es decir, el primer momento en que el mundo se internacionaliza y de la cual somos hijos nosotros, se da en los descubrimientos. El fin del siglo XV, la gran aventura del Renacimiento, la expansión científica y la búsqueda de las rutas del comercio.

La gran revolución científica del norte de Italia y el norte de Alemania, hace que España y Portugal se lancen a la conquista de las nuevas rutas del comercio. Ese es el origen de los descubrimientos y ese es el primer momento en que el mundo adquiere conciencia de su globalidad. Al llegar a las Américas.

Esa fue una globalización estatal, dirigida por los reinos, conducida por las monarquías. Naturalmente, luego se sumó el empuje privado de un modo u otro, algo más en Portugal, algo menos en España, por eso las colonizaciones fueron un poco distintas. La española más con un sentido de civilización –de ahí las universidades y el peso de la religión–, la portuguesa con un sentido más comercial.

Muy distinto a lo que ocurrió en el norte de nuestro continente. Descubierta América por España y Portugal y luego intentado colonizar el norte también por Francia y por Holanda, el hecho es que unos colonos británicos se instalan en los Estados Unidos y comienzan allí esa aventura que ha terminado siendo lo que es.

Allí tenemos ya la primera diferencia en nuestra brecha: esa no fue una aventura estatal, sino que fue una empresa individual de gente que no venía a buscar gloria militar ni fortuna, sino a tratar de encontrar un espacio donde hacer una nueva vida, impulsada por su fuerte moral religiosa y su enorme capacidad individual. Nace allí una sociedad distinta a la nuestra.

Pasan los siglos, lo que nosotros llamamos la Colonia o el período colonial en nuestras historias y viene la segunda globalización a fines del siglo XVIII, en la cual se dan dos fenómenos: por un lado, la globalización de las ideas: hay una formidable expansión de las ideas liberales, ideas que emanan de Inglaterra, de Francia (a través de su revolución) y que se instalan en el norte de América. Nace allí la primera de las repúblicas modernas, que es Estados Unidos. Ideas revolucionarias, que antes de que cuajaran en Europa, cuajan en América.

Esas ideas generan una formidable turbulencia en el mundo, a la cual acompaña luego y paralelamente la revolución industrial –la inglesa–. Allí tenemos también un segundo impacto, y en esa expansión revolucionaria Napoleón sacude toda Europa.

Su invasión a la península ibérica genera un fenómeno que proyecta hasta hoy sus consecuencias entre nosotros, porque mientras el Rey de Portugal, don Juan VI, se muda a su Reino Mayor (Brasil), nuestro Rey, Fernando VII, nos deja liberados a nuestra suerte… Claudica de modo bastante lamentable, luego vuelve en un retorno aún más lamentable. El hecho es que quedamos liberados a nuestra sola suerte y en cada una de las jurisdicciones administrativas que nos había ido dejando el período y la organización del imperio español (Nueva España en México, el Virreinato del Perú que fue el segundo, que era el nuestro).

Acá en Argentina y Uruguay nos olvidamos que nuestra capital de más larga data fue Lima y que toda esta colonización del Río de la Plata nació para hacer contrabando, en una palabra para quebrar el monopolio que se establecía en Lima. El obispo de Tucumán, don Francisco de Victoria, allá en el siglo XVI organizó el contrabando desde allí, así que no nos enojemos de nada.

¿Qué ocurre allí? La América lusitana permanece unida con su Rey, que trae además sus instituciones europeas, su ejército, que es distinto a todos los de América, que fueron ejércitos populares, en cambio el ejército portugués es un ejército profesional. Lo fue y lo sigue siendo, un ejército donde había ingleses, centroeuropeos, sobre todo muchos ingleses, más de lo que parece.

El ejército portugués era un ejército inglés prácticamente, era el mismo que venía de la guerra napoleónica y que había sido dirigido por Wellington. De ahí que el ejército brasileño tuviera esa profesionalidad distinta al resto. Por eso las dictaduras militares fueron también distintas. Las nuestras fueron todas caudillistas, fue todo algún “protocaudillo” militar que quería quedarse con el poder, a diferencia de la dictadura militar brasileña que fue institucional, es decir, gobernaba el ejército. Cada cuatro años cambiaban el presidente, democráticamente. Votaban todos los generales, los demás respetaban y cada cuatro años fueron cambiando el presidente (Castelo Branco, Costa e Silva, Geisel, Medici, Figueiredo), una cosa impensable. En ningún país del mundo ocurrió eso. A los brasileños les parece muy normal pero eso no ocurrió en ninguna parte, que un ejército como institución asumiera que cada cuatro años cambiaban el presidente. Nadie se llamaba a sí mismo el dictador ni se sentía tal cosa.

Nuestros ejércitos nacieron, en cambio, de los caudillos y por eso ese Brasil lusitano permaneció unido debajo de su Rey y nosotros nos dividimos y en cada jurisdicción administrativa seguimos al caudillo que pudimos seguir y nos dividimos en 21 repúblicas. Todavía estamos discutiendo fronteras, de a ratos, cuando nos vienen esos ramalazos atávicos que nos retrotraen a esa cosa tan lamentable, pero es así.

Nuestros personalismos, nuestros caudillismos, nuestros particularismos, nuestros desafueros nacionalistas, nuestros conflictos de frontera, están allí.

Es decir, nada de eso es casual, como tampoco lo es el traslado de lo que fue el sistema de valores. Nosotros nos formamos, primero en una España mercantilista, y una España que a su vez trasladó sus valores, porque si bien la conquista americana era una aventura renacentista, la hicieron hombres de la Edad Media.

Brasil tuvo el beneficio de la unidad, pero le quedaron dos cosas terribles: una, la esclavitud y la otra, la aristocracia, y debido al remanente aristocrático en Brasil demoró mucho el surgimiento de la sociedad burguesa y los valores de esa sociedad que hicieron las grandes revoluciones liberales que hoy inspiran la sociedad contemporánea.

Fíjense en Brasil. Se ve unido, con ese empuje empresarial, es verdad, pero ¿cuánto costó? Tenía un pueblo con 300 años de una economía esclavista, de la cual había vivido la aristocracia. La distribución del ingreso es negativa en Brasil y es que hay 300 años de esclavitud detrás. Es muy difícil superar esas categorías culturales. Felizmente, los esclavos eran de origen africano y como consecuencia, ni aun la perversidad de la esclavitud les mató la alegría y ese mundo negro, africano, felizmente le dio a Brasil ese color, esa alegría de vivir, ese sentido musical de la vida que ha impregnado toda su sociedad.

Luego le costó mucho emerger a la burguesía brasileña, que arranca fundamentalmente en Sao Paulo, cuyos primeros comerciantes en realidad fueron comerciantes guerreros y políticos, los famosos bandeirantes. Están allí esos monumentos que la gente mira y no siempre sabe qué quieren decir. Esos señores fueron los primeros y los que definieron las fronteras. No fue solo Itamarati, fueron los bandeirantes en lo que era la lucha por las fronteras y por los esclavos, que en ese caso eran indígenas.

Sao Paulo es el factor que luego va generando esa burguesía incipiente, cuando crece un poco más y encontraron plata. Entonces les dividieron Minas Gerais y se la sacaron para que no fueran tan poderosos, lo cual creo que estuvo bien, porque entonces Sao Paulo puso el dinero y Minas Gerais los presidentes, que es lo que ha pasado habitualmente.

Nosotros, en cambio, nos retrasamos en toda esa historia y nunca alcanzamos un desarrollo capitalista. Todo el tema ha sido ese: la dificultad de adaptación a los sistemas de producción que impusieron los nuevos tiempos. (Julio María Sanguinetti)


 


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