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Fotografía Carlos Domínguez extrae una muestra de su tesoro de negativos.

El Perú en 300 Fotos

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Audaz como siempre, Domínguez se arrellanó en majestuoso sillón de La Casona de San Marcos.

El reportero gráfico con mayor kilometraje de años y experiencia en el Perú ha captado imágenes de políticos y futbolistas, de poetas y golpistas, de guerrilleros y multitudes, a lo largo y ancho del planeta y del Perú. Ahora, Carlos Domínguez ‘El Chino’ ha abierto parte de su gigantesco cofre de imágenes (con casi un millón de negativos) para una exposición organizada por el Centro Cultural de la Universidad de San Marcos con el patrocinio de Petroperú.

A los once años, Carlos Domínguez quería ser pintor y dibujante; pero su padre lo desanimó: ser pintor equivalía a ser borracho. Entretanto, entró a trabajar, a los once años de edad, en la fábrica de cristales Ferrand. Su papel era, literalmente, soplar y hacer botellas, o garrafas, o copas. Evoca: “Es una maravilla, era como un sueño”.

Tres años después empezó a trabajar en el estudio “Venus” que el japonés Antonio Noguchi había montado en Surquillo.

Tenía 19 años Domínguez cuando en el diario La Prensa de Lima apareció la convocatoria a un concurso de fotografías cuyo primer premio era una beca para estudiar la especialidad en el Instituto de Fotografía Sandy de Buenos Aires. Ganó y estuvo allí dos años, hasta que recibió un premio por rendimiento: la posibilidad de escoger algún medio impreso para trabajar profesionalmente. Eligió el semanario deportivo El Gráfico.

Allí ejerció bajo las órdenes del mítico Félix Frascara. “Era un borracho y un fumador incansable, pero era también un genio del periodismo”.

A Manuel Seoane, ‘El Cachorro’, alto dirigente aprista entonces desterrado en Chile, lo conoció en 1954. Seoane estaba organizando una reforma del popular semanario Ercilla. Actuaba al lado de la famosa Lenka Franculich. Cuando llegó a Santiago, Domínguez buscó a Seoane. Este le preguntó: “¿Con quién has trabajado en Buenos Aires?”. Cuando respondió: “con Frascara”, se le abrieron las puertas del semanario.

Domínguez busca desde temprano la verdad de los hechos, las personas, los procesos, y el fondo social en que surgen.

Cuando le pregunté cuáles habían sido los grandes problemas de su carrera, respondió:

–“He tenido muchos problemas, porque el país es eso: un país con problemas, sin estabilidad”. Y remató:

–“No necesito ir a África para encontrar un millón de niños que se mueren de hambre”.

Domínguez ha cultivado amistad intensa y jaranera con los poetas. Uno de sus más íntimos fue César Calvo, personaje de aventuras insólitas. “Un miércoles”, cuenta, “me encontré con él por el centro de Lima. Me preguntó: ‘¿tienes contigo tu pasaporte?’ Le respondí que sí, y me dijo: ‘dámelo’ ”. Al sábado siguiente, cuando me preparaba a tomar un desayuno de familia, con rellenos y chicharrones, tocó mi puerta: “Vámonos”, me dijo.

Partieron al aeropuerto, y de allí a París y luego a Sofía, capital de Bulgaria. El poeta se había comprometido en una investigación que debía demostrar que un intento de asesinato contra el Papa Pablo VI no era obra, como informaban los medios, del gobierno comunista de Bulgaria.

En el empeño fueron a dar a Italia, de donde tuvieron que huir a Suiza, porque la mafia siciliana los perseguía. “Al final, se demostró que lo que Calvo escribió en tres libros era la verdad”, comenta Domínguez.

Raúl, Castro, Torero

Entre las peripecias del movedizo fotógrafo cuenta la ocurrida con Raúl Castro, el hermano menor de Fidel, que ahora maneja las riendas del poder en Cuba. Fue en la segunda visita del cubano, y ocurrió en la expropiada hacienda Villa. Se improvisó una novillada en la que el ex guerrillero lidió con un cornúpeta liviano.

Pero, en fin, de muchas aventuras como ésta se enterará el curioso, por medio de las fotos que se exhibirán en La Casona del Parque Universitario desde el viernes 24 de este mes hasta el 21 de enero. (César Lévano)


 


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