Cultural El artista peruano triunfa en Europa con el sincretismo pictórico que lo caracteriza. En España acaba de disertar sobre interpicturalidad y otros “inter”.
Braun-Vega Remix
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Recientemente homenajeado en España, Braun-Vega reside en Francia desde su juventud. |
En el Bajo Aragón turolense no suele cundir la internacionalidad, interdisciplinariedad o siquiera una modesta interacción intercultural. Sus aldeas, distantes del mar y, por ende, de las hordas turísticas costeras, se dedican más bien a la faena cotidiana y bastante más concreta de cultivar la vid, los olivos y almendros y criar chanchos. De manera que no les queda mucho tiempo para asumir “inter” alguno.
Hay excepciones. Entre otras, Calaceite, una localidad de 1300 habitantes que alberga a algún chileno, peruano, brasileño, colombiano, boliviano, suizo, francés, inglés, alemán, danés, catalán y demás extranjeros variopintos en sus suntuosos solares de piedra y no pocos escudos de armas. Atraídos al poblado de antiguos infanzones por José Donoso, quien se autoexilió durante la dictadura de Pinochet y allí escribió “La casa de campo”, llegaron a partir del decenio del setenta. Rápidamente, Pepe y sus amigos escritores, periodistas, músicos, arquitectos, pintores, escultores, ceramistas y cesteros comenzaron a modificar la faz calaceitana, comprándose y restaurando casonas frecuentemente ruinosas e impulsando talleres literarios y artísticos.
El dinamismo inicial no cejó con los años ni se limitó a Calaceite. Tanto es así que en un pueblo vecino, Valderrobres, se inauguró en julio pasado, a lo grande, una exposición retrospectiva del pintor peruano Herman Braun-Vega. Nada menos que en el castillo-palacio arzobispal, que data del siglo XIV, de estilo gótico-militar, y que abarca 1300 metros cuadrados de superficie construida. Y a lo grande, también, en cuanto a los cincuentaitantos cuadros de Herman, acrílico sobre tela, en cuatro salas. Alguno llega a medir más de 200 x 300 cm. Tampoco es nimia la duración de la exposición: tres meses completos, hasta el 15 de octubre. Es la más importante que se ha hecho en el castillo desde que abrió sus puertas al público en 1991 después de la última restauración. Con ésta son cuatro las exposiciones programadas para Herman por instituciones francesas y españolas de abril de 2006 a enero de 2007, casi sin interrupción, en Barcelona, Valderrobres y dos en Montbéliard (Francia).
El entorno es hechicero: tres plantas de piedra caliza gris-amarillenta, musgo en las esquinas sombradas, torreones y saeteras, palomas en plenos arrullos y arrumacos en los patines vacíos, miradores desde los que se vislumbra las tejas del casco histórico del poblado y el valle del Matarraña, ventanas “festejadoras”, con la piedra de los bancos cansada y ahuecada de soportar tanto galanteo en épocas no arzobispales. Braun-Vega y sus maestros (el catálogo cita a Ingres: “Yo sabré ser original imitando...”) Picasso, Goya, Velázquez, Cézanne, Rembrandt, Matisse... travesean entre los sobrios muros. Los cuadros contribuyen con su explosión de color a la fiesta. Magia pictórica en un castillo de cuentos de hadas.
Pero eso no es todo. En un coloquio sobre “Intertextualidad / Interpicturalidad / Intermusicalidad / Intercinematografía”, Braun-Vega –paradigma de la interpicturalidad–, el escritor chileno Roberto Gac, Gérard Wormser, Madeleine Vallette-Fondo, Ingeburg Lachaussée y Yann Kilborn, profesores universitarios, filósofos y cineasta, respectivamente (de la editora francesa Sens Public), como también la musicóloga lugareña Margarita Celma, discurrieron con tanto brillo sobre el tema que lograron echar luces en nuestros espíritus antes obnubilados por neologismos cuasi oscurantistas. Podríamos traducir los “inter”, en buen cristiano y con el perdón de Gérard “et al” por la simplificación tan pedestre, como las influencias, los modelos de referencias y fuentes de inspiración de todo autor, compositor, artista o cineasta que, en definitiva, lo conducen a un sincretismo cultural. En palabras de Herman: “No es novedad que toda actividad humana es consecuencia de las obras pasadas. Nada sale de la nada, sobre todo en el campo de las artes”. (Esther Romero San Martín, corresponsal en Ginebra)