Política Constipado y molesto, Toledo ofreció sus buenos oficios para el TLC y visitó en Palacio a un AGP que relajó la presión sobre su antecesor.
Entre Gallos, a Medianoche (VER)
 |
“Pero sin enojarse”, parece decirle Alan García a Alejandro Toledo a la hora de sostener un cargado encuentro nocturno en Palacio de Gobierno. |
“Pero sin enojarse”, parece decirle Alan García a Alejandro Toledo a la hora de sostener un cargado encuentro nocturno en Palacio de Gobierno. Toledo dijo estar listo a ser un “soldado de abajo en las negociaciones del TLC”. A pesar que la tensión disminuyó, García no ofreció desactivar lo que su predecesor tilda de persecución política. Fue el prólogo de un par de horas muy movidas que culminaron con la remoción de la cúpula del Ejército. Al día siguiente la violencia en Abancay terminaría de explotar con decenas de heridos."Las frutas versus los Mirage”, terminó de decir Alejandro Toledo con el índice blandido. El nombre de los aviones lo rumió despacio con el acento de su inglés. Luego se dio la vuelta y cerró la puerta de su casa. La frase revivió, así fuera solo por una fría noche de diciembre, el inesperado encanto de los toledismos. Hasta julio pasado los producía casi a diario y siempre dejaba a los periodistas rascándose la cabeza. El pasado lunes 4 quiso comparar los que considera pecados veniales de su gestión –los gastos suntuarios en Palacio de Gobierno– con los escándalos que afectaron al primer gobierno de Alan García. Sin pretenderlo, el dardo también confrontó el estilo articulado y distante de AGP con el desparpajo patero del Cholo.
Toledo, a quien le aplicaron dos inyecciones para paliar una fuerte gripe, también responsabilizó a García por la contratación del procurador Gino Ríos y el equipo que peina Palacio en búsqueda de las gordas facturas para embarrar al gobierno pasado (CARETAS 1945). Criticó enérgico las acusaciones de malversación de fondos formuladas contra su esposa Eliane Karp.
Antes de cumplirse media hora, García se comunicó al celular de uno de los colaboradores de Toledo. “Conversemos”, le propuso el Presidente. Toledo accedió y le preguntó cómo hacían. “Vente a Palacio. Tú conoces la ruta”, bromeó García.
Eran las 9 y 50 de la noche. Toledo debía abordar el avión que lo llevaría de regreso a Estados Unidos a la 1 y 15 de la madrugada.
Becerrada en el Congreso
Contrario a lo afirmado por algunos medios, es la cuarta vez que Toledo vuelve al país luego de dejar el poder. Después de lo bien que le fue en la CADE (ver nota aparte), recibió una citación de la comisión de fiscalización que lo investiga en el Congreso. Durante el concurrido almuerzo del sábado 2 en el barranquino restaurante Chala del congresista Carlos Bruce, el ex parlamentario Marcial Ayaipoma echó mano de su entusiasmo taurino para persuadir a Toledo de la conveniencia de asistir. “Es mejor enfrentar ahora a estos novillos”, sopesó, “a hacerlo cuando sean toros de 500 kilos”.
Según los asistentes, la intervención del ex vicepresidente Raúl Diez Canseco influyó significativamente en la decisión de asistir. No tenía nada que temer, le aseguró recordando su propia experiencia frente a una comisión investigadora.
El trámite del sábado demostró que la fácil encerrona pronosticada por Ayaipoma ni siquiera calificaba de becerrada. Rosa Florián (UN), Martha Moyano (AF) y Freddy Serna (UPP) le regalaron un paseo con el deficiente interrogatorio.
Toledo se envalentonó. El lunes por la noche pechó a García y al premier Jorge del Castillo. Anunció también denuncia penal contra Ríos, que lo tildó de “animal político más corrupto que Fujimori”. Del Castillo le respondió que fue “aplastado en las últimas elecciones. ¿Qué más va a decir?”. García cogió el teléfono.
Luego de declarar brevemente, Toledo recibió los honores de ex jefe de Estado en la puerta de Palacio. Según sus acompañantes la reunión fue “cordial y distante”.
García declaró al término del encuentro que “el ex presidente Toledo, que empezó a impulsar este acuerdo y tuvo participación protagónica en lograr su aprobación a nivel de los ejecutivos de ambos países, tiene ideas importantes para ver cómo se continúan trabajando los puntos sensibles de la nueva situación estadounidense”.
Trascendió que AGP enfatizó la razón geopolítica, la de la contención al venezolano Hugo Chávez, para convencer a los demócratas de la ratificación del TLC. Toledo insistió más en los argumentos netamente comerciales que deben ser afilados a partir de ahora (ver más).
Los ofrecimientos hechos por Toledo sobre su apoyo a la ratificación del TLC tienen dibujado encima un gran signo de interrogación. Al día siguiente García consideró a Toledo una “personalidad nacional” con los conocimientos “para vencer barreras y convencer a algunas personas” reacias al TLC, como el congresista Charles Rangel.
Pero a cambio García no ofreció la cabeza de Ríos ni tampoco la desactivación del equipo que peina Palacio tras documentos que comprometan a Toledo. No se trata de la trajinada óptica de la escopeta de dos cañones empuñada por Alan. Es más bien “como un perro que tienes amarrado”, concede un cercano colaborador del ex presidente. “Lo sueltas un ratito y lo vuelves a amarrar. Pero no lo matas”.
Lo sucedido en el tabloide La Primera se deja ver como un microcosmos de las movidas gobiernistas. Como se recuerda, su propietario, el empresario Ricardo Wong, declinó su candidatura presidencial y adhirió a la alanista. Juan de la Puente, asesor superviviente del gobierno toledista, fue contratado como director luego del remezón de la columna de César Hildebrandt sobre el hijo extramatrimonial de AGP. De la Puente defendió su independencia y logró que el periodista volviera a firmar en esas páginas, pero la marea habría crecido por otras costas.
El miércoles 29, día que un breve comunicado daba cuenta de la renuncia del director, una nota destacada cuestionaba a la Fiscal de la Nación, Adelaida Bolívar. “Fiscal al descubierto”, acusaba el titular. “Hasta ahora no investiga a Toledo. Antes dijo lo contrario”. Bolívar adujo que el procurador Ríos solo presentó fotocopias de prensa para sustentar sus acusaciones.
Un día después la primera plana se despachaba con todo: “No Podrá Irse”, sentenciaba con un Toledo que se agarraba la cabeza en la foto. El titular era equívoco, pues Ríos sólo había pedido al Ministerio Público el impedimento de salida del ex mandatario. No le compete ordenarlo.
El viernes 1 AGP sacó cuerpo con estilo. En su prolongada conferencia de prensa declaró risueño que, “si dependiera de mí”, no hubiese ordenado el arraigo de Toledo. Para el Presidente el regreso de su antecesor al país era una buena señal. Liberaba la presión y la volvía a amarrar.
Ríos por Quintanilla
La antipatía mutua que se profesan ambos políticos tiene distinta partida de nacimiento. García consideró que Toledo le dio un portazo en las narices cuando, a pesar de que le ofreció el apoyo aprista luego de perder las elecciones del 2001, prefirió montar una costosa alianza con el Frente Independiente Moralizador de Fernando Olivera. Hay que recordar además que, con el procurador Ríos, García le devuelve la flor del procurador Julio Quintanilla, que, patrocinado por Toledo y Olivera, impulsó el caso de El Frontón ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
A Toledo se le ha escuchado fijar otro punto de quiebre. En octubre del 2002 García advirtió que “sería un gravísimo error si el presidente no promulga la ley de regionalización. Un inmenso error. Sería absurdo de toda absurdidad que el domingo 17 los peruanos voten sin saber por qué lo hacen. Tiene que haber una ley”. Ambos se habían reunido por esas fechas y Toledo le expresó entonces sus dudas sobre las inminentes elecciones regionales. Ni el país ni su partido Perú Posible parecían listos, consideraba, y le mortificó que García ventilase lo conversado en el encuentro.
Quizás por ello ahora cuidaron sus declaraciones posteriores. García ordenó que un patrullero acompañase al vehículo de Toledo para acelerar el trayecto al aeropuerto. Era medianoche. Él tenía otras cabezas por cortar. (Enrique Chávez)