Opinión Las controvertidas conclusiones del GEI sobre Irak.
Cosechando Tempestades en Irak
El 5 de diciembre pasado, emitió su esperado informe la comisión bipartidista creada por el Congreso de Estados Unidos sobre la forma en que Estados Unidos debe actuar en Irak. Las reacciones al mismo han sido tan vehementes como diversas, tanto en Estados Unidos como en Irak y, en general, en el Medio Oriente. Alguien comentaba que George W. Bush debe transitar ahora por tres territorios hostiles: Irak, Afganistán y el Congreso de su propio país.
La comisión bipartidista estuvo copresidida por James Baker –que fue jefe de gabinete y Secretario de Estado durante el gobierno de George Bush padre– y el demócrata Lee Hamilton, y es conocida con el académico nombre de Grupo de Estudios sobre Irak (GEI). Estuvo conformado por cinco republicanos connotados y cinco demócratas de reconocido ascendiente en el partido. Si bien no es el único esfuerzo realizado para aportar ideas sobre Irak –la Casa Blanca ha formado también un grupo y los Jefes de las Fuerzas Armadas el suyo–, es el único aporte estrictamente bipartidista, aspecto fundamental para un gobierno que deberá trabajar el espinoso asunto con un Congreso dominado por los demócratas.
El informe hace recomendaciones en tres áreas principales: las relativas a las fuerzas militares de Estados Unidos en Irak, los asuntos que el gobierno iraquí debe encarar para continuar recibiendo asistencia y los aspectos diplomáticos en la región.
En primer lugar, el GEI plantea trasladar al gobierno iraquí la responsabilidad de restablecer el orden en el país, y sustituir las tropas de combate estadounidenses por asesores que capaciten a las fuerzas armadas iraquíes. Así, el grueso de las tropas estadounidenses podría retirarse en el primer trimestre de 2008 siempre que no se pusieran en peligro aspectos fundamentales de gobernabilidad.
Esta última recomendación ha generado la crítica del senador McCain, quien sostiene que lo que debería hacerse es incrementar las tropas en Irak para estabilizar la situación y salir de allí desde una posición de fuerza. Pero el informe del GEI afirma que Estados Unidos no cuenta con tropas disponibles como para encarar una acción de esa naturaleza.
La segunda área sería condicionar fuertemente al gobierno iraquí para establecer un gobierno de reconciliación nacional y reducir así la violencia sectaria. La concentración de funciones en este gobierno central ha generado fuertes críticas de los kurdos (que gozan de gran autonomía en el norte) y de la población chiíta, pues esa “reconciliación” debería darse integrando al gobierno a la población sunita que los oprimió durante el gobierno de Saddam Hussein.
El tercer ámbito de recomendaciones es iniciar una ofensiva diplomática en la región para lograr el apoyo de todos los vecinos de Irak, incluyendo Siria e Irán, aspecto que ha generado agudas reacciones. A los vecinos se agregarían países con influencia entre los países árabes como Egipto y Arabia Saudita y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Con ello, el GEI recomienda encarar todos los problemas pendientes en Medio Oriente, incluyendo el agudo problema palestino y la dramática situación en el Líbano.
Después del triunfo demócrata, Siria se mostró dispuesta a mantener conversaciones con EE.UU. con miras a prestar ayuda en la estabilización de Irak, restableciendo las relaciones diplomáticas que había interrumpido 27 años con este último país. Sin embargo, el asesinato del Ministro de Industria libanés, Pierre Gemayel, de presunta autoría siria, frenó el proceso. Ahora, la amenaza de una nueva guerra civil se cierne sobre el Líbano. Hizbolah, el partido de los chiítas libaneses apoyado por Siria e Irán, ha retirado ya sus ministros del gabinete pro occidental del Presidente Siniora del Líbano y marcha por las calles exigiendo su destitución.
El informe del GEI plantea lograr concesiones de Israel para devolver a Siria las Alturas del Golán. Israel, por su parte, confronta a los palestinos de la Franja de Gaza que hostigan a las poblaciones de la frontera sur con ataques de cohetes similares a lo realizado por Hizbolah desde el sur del Líbano. Irán, por su parte, incrementa su influencia regional en el sur de Irak y en el Líbano a través de la población chiíta y busca desarrollar su plan nuclear de inciertas y potencialmente graves consecuencias.
Los críticos al informe del GEI afirman que ni Irán ni Siria tendrán verdadero interés en asistir a Estados Unidos. Sin embargo, el GEI sostiene que un Irak inmerso en el caos se convertiría en un grave problema para Irán debido a los ya graves desplazamientos de la población. Lo mismo ocurriría con los otros países vecinos.
Las recomendaciones del GEI no son obligatorias para el presidente Bush, quien ha demostrado nuevamente una grave obcecación. La urgencia que plantea el informe del GEI fue dramáticamente resaltada esta semana por el rey Abdalá de Arabia Saudita, quien afirmó, en la apertura de la cumbre de países del Consejo de Cooperación del Golfo, que “nuestra región árabe está asediada por numerosos peligros: es como un barril de pólvora que sólo espera una chispa para estallar”. (Luis F. Jiménez)