Política Del Polo Norte al Cono Norte y al resto del país.
Cuando el Presidente es Papá Noel (VER)
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García quiere privilegiar a los trece millones de pobres. La realidad le obligará a calibrar otras variables de presión. |
El presidente Alan García cochineó en buena lid al alcalde Luis Castañeda y le pidió que hable para ver si así bajaba en las encuestas. Luego bromeó con los alcaldes distritales que se le acercaron y hasta alabó la corbata de uno de ellos. Todos con ternos recién estrenados y gobiernos por estrenar. Nadie en el Salón Dorado parecía necesitar regalos navideños.
AGP los citó para promulgar la ley que exonera a las municipalidades del pago de IGV en obras de saneamiento, electrificación y pavimentación. Pero Castañeda habló y pidió que el gobierno acelere todavía más las transferencias a los gobiernos locales y regionales.
Esa misma noche del lunes 18 el premier Jorge del Castillo combatía el sueño y zapeaba indignado la televisión para informarse de las reacciones sobre los asesinatos en la selva ayacuchana. Dos ojeras de cansancio le sombreaban la cara. En su pizarra, trazada la estructura del aporte minero que sería anunciado un par de días después. Un problema menos.
“Serenidad ante la adversidad”, llegó a bostezar.
Reclamos y Proclamas
“Difícil, complejo, sacrificado y angustiante”. Valentín Paniagua disparó las cuatro balas cuando le preguntaron si ser presidente del Perú era una tarea difícil. Al sentir “los problemas de los demás como los de uno mismo, no hay sosiego en la función presidencial”, declaró al diario La República con ocasión de las Fiestas Patrias del 2001. “Gobernar no es, como mucha gente supone, un conjunto de ceremonias y homenajes que pueden satisfacer la vanidad de una persona. Tengo la impresión que todos esos actos que aparentemente implican satisfacción de ego o vanidades, aparecen siempre nublados por la profunda preocupación que acompaña cada minuto a la labor presidencial”.
Hoy la coyuntura tiene elementos favorables que, en una cierta paradoja, dificultan el trabajo del mandatario. La impaciencia, la famosa revolución de expectativas en un momento de auge, se torna más urgente.
Luego de una primera mitad del año relativamente tranquila –era un gobierno de salida que ya no se iba a caer–, las demandas sociales volvieron a arreciar.
Hacia el mes pasado información de Inteligencia daba cuenta de 93 acciones relevantes de protesta durante todo el 2006. Ocho en Loreto; siete en Tacna y Ayacucho; seis en Ancash, Piura y Huánuco. De carácter laboral fueron 27, sobre educación hubo 19, por problemas poblacionales, 18; en universidades se realizaron 12 y relacionadas con temas de salud, 9.
A estas alturas de las fiestas Papá Noel dice tener completa y sellada su lista de regalos.
Los reclamos salariales de los empleados públicos no figuran entre las listas de prioridades del gobierno. “Si tienes trece millones de miserables”, explica Del Castillo, “los recursos no se van a ir a pliegos de reclamos sino a los que no tienen nada de nada”. El esfuerzo puesto en los programas sociales implicará su reordenamiento y de 91 que hay en la actualidad se eliminarán más de 30 que no funcionan y duplican sus labores. El objetivo del gobierno aprista es reducir la pobreza, cifrada en 48%, diez puntos. Igual con la pobreza extrema (aproximadamente de 30% a 20%). Por eso adquiere tanto peso la conflictiva variable estadística, que se convierte en la línea de base (ver recuadro).
El reciente pago de los devengados a los jubilados es, para el premier, un ejemplo de trascendente regalo navideño que cumple con quienes ni siquiera tienen la voz para reclamar. Aunque igual se la agenciaron para tomar la Catedral pocas semanas atrás.
Fue en la reunión de agradecimiento organizada por los jubilados el jueves 14 cuando García volvió a coger a los renos por las cornamentas. “Cuando llueve todos se mojan”, dijo para referirse a los reclamos de los magistrados del Poder Judicial que pitean por las reducciones de sus sueldos. Luego AGP pidió “paciencia” a ministros, congresistas y empleados públicos porque el Estado tiene que atender “a los más débiles, desempleados, pensionistas y campesinos, y no aprovechar el crecimiento económico para aumentar las remuneraciones”. El ministro de Economía Luis Carranza secundó la estrategia el lunes 18 en Palacio. “Es importante”, explicó, “que estos recursos extraordinarios que recibimos por los altos precios de los commodities se manifiesten en una inversión en el largo plazo; no en mayores gastos corrientes, en aumentos indiscriminados de sueldos”.
El gobierno parece tener sincronizado el tema desde todas sus esquinas, incluso bajo riesgo de pecar en excesos de austeridad con la reducción de salarios en el sector público y cuando la amenaza de fuga de talentos tiende su velo a partir del 1 de enero.
Pero la agenda se irá balanceando en los próximos meses según el calibre de las presiones. García lo debe tener en mente. Durante el acto del lunes, y entre cada chanza y chiste, se le perdía la mirada e iba a posarse en algún problema, seguramente, muy acucioso. Valentín la describió como esa profunda preocupación que nubla los vanidosos actos oficiales. (Enrique Chávez)