Cultural Acabada la función, los actores siguen trabajando –sin aplausos– en la vida real.
El Otro Papel
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Aguilar como el “tío Ben” del montaje “Muerte de un Viajante”, dirigido por Edgard Saba en el C.C. de la Católica. |
Al caer el telón, la función recién empieza. Obra, la vida real. En ella están los personajes más difíciles de interpretar: un cobrador de combi, el dueño de un café, un empresario de taxis y una pintora. Éstos son los personajes que les permiten no sólo vivir en el Perú, sino además, poder realizar su más grande pasión: actuar.
La Vida es Combi
“Íbamos por toda la costa verde. Mi pata manejaba y yo era el cobrador”. Sergio Galliani (39) recuerda las chambas que inventó para poder actuar a la vez. “He sido también vendedor de sánguches de carretilla, diseñador de ropa y empresario de una marca de dulces: “El Teatrín”.
La creatividad del actor para recursearse puede superar la mismísima ficción teatral. “Debo haber interpretado más personajes fuera que dentro del teatro”, comenta Galliani. “También me sirve para ponerme en los zapatos del otro, saber qué se siente y liberar mis prejuicios”. Ejercicio en el que debutó al ser inscrito en el Leoncio Prado cuando, enviado al sicólogo, fingió estar loco para que no lo acepten. Su precoz verosimilitud –según algunos– sigue vigente.
Pintora en Tablas
“He vendido alfajores, fui anfitriona de Coca Cola Light, modelo de pasarela, vendedora de esmaltes, todo a la vez. Ahora vivo de la pintura. Cuando termino de actuar vengo al taller y me encierro a pintar. Es que el teatro es una carrera muy inestable”, cuenta Cécica Bernasconi, “siempre lo supe, pero no me quedaba otra. Desde que estaba en la panza de mi madre (Lucía Irurita), sabía que sería actriz. A pesar de que he pasado épocas muy ajustadas, si volviera a empezar no dudaría en hacerlo otra vez”, finaliza.
Café Teatro
“En mi café juego a ser otro, me vuelvo mucho más sociable cuando atiendo a los clientes”, dice Adolfo Aguilar (34). Hizo marketing y publicidad durante años. “A pesar de que quería ser actor, trabajé en otras cosas porque tenía miedo de lanzarme”, recuerda entusiasmado, “hasta que un día me levanté y me vi en el espejo a los 29 años, ya viejo, sin haber hecho lo que me gustaba realmente. Decidí dejarlo todo y me fui a estudiar teatro”.
“Al fin puedo darme la licencia de hacer lo que me apasiona. Me encanta porque me da la posibilidad de vivir muchas vidas, la mía es muy aburrida”, ríe.
Taxi Real
“Pinté de amarillo mis dos ticos y los alquilo. Al fin con este negocio puedo tener cierta tranquilidad económica”, manifiesta Pold Gastello (38). “Durante los primeros 10 años hice teatro por pura pasión, sin ganar ni un sol, por eso traté de dejarlo. Pero era peor, cada la vez que lo hacía, volvía con más fuerza. Era un masoquista”. Gastello parece vivir con esa pasión por el teatro que aparenta bordear con la locura. “En mi casa no entendían. Tuve que hacerlo a escondidas. Por eso que estudié diseño grafico para vivir de algo”.
Gastello finaliza: “he pasado las de Caín, pero si me ofrecieran actuar en el teatro, aunque no me paguen nada, igual lo haría. Por el teatro mato”. (Paloma Yerovi)