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Edición 1958

11/Ene/2007
 
 
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Historia La calma desafiante de Saddam Hussein en el patíbulo recuerda casos de la historia peruana y mundial.

Dos Siglos de Horca y Fusil

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El dictador que tantos ahorcamientos ordenó, demostró sangre fría al subir al cadalso y gritar: “¡Irak no es nada sin mí”.

A la hora del alba en Bagdad, antes de las seis de la mañana del 30 de diciembre, el ex dictador de Irak subió al cadalso levantado en la prisión de Kadhiminya en las afueras de la capital. Subió con calma al patíbulo, “resuelto y valiente”, según describió un agente de seguridad del gobierno iraquí.

Instalado en el tabladillo, mostró un ejemplar del Corán bellamente encuadernado y ornado, destinado a una persona y lanzó una sonrisa de desprecio al entorno que lo insultaba. Desafiante, gritó: “¡Irak no es nada sin mí!”.


 


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