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Deportes Último año como profesional de Oscar Ibáñez, el arquero más exitoso del fútbol peruano.

El Caballero de los Guantes

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“Mi familia siempre me apoyó, mis amigos de Argentina nunca me criticaron por venir aquí, adquirir la nacionalidad peruana y defender la selección”, señala el flamante jale del Boys.

Nada más emocionante en el fútbol que ver a un jugador que se desempeña por encima de sus posibilidades. Y que sobre esa imperfección triunfe. Lo opuesto son los dioses como Pelé, Diego Armando Maradona o Di Stéfano, que pueden parecer seres lejanos y convertir el juego en épicas desmesuradas. En cambio, los jugadores del llano compensan su imperfección con algo y le devuelven al fútbol su carácter de juego, evitando las metáforas pretenciosas. Y ese algo despierta admiración.

Óscar Ibáñez Holzmann, el arquero más ganador en la historia del fútbol peruano, tiene de sobra ese algo. Es uno de los últimos caballeros que le quedan al balompié local, y es tan caballero que ni el periodismo ha podido ponerle una “chapa”. Un caballero que antes de entrenar en los cuadros gauchos Deportivo Español y Arsenal, se ganaba la vida como mensajero y construyendo piscinas de fibra de vidrio, y que hoy se luce con sus achiques a boca de jarro (“El achique de Dios” dicen pomposamente los relatores). Un caballero que nunca contestó a sus detractores, según los cuales el guardameta no vuela lo suficiente y tiene problemas con la vista pues la iluminación artificial de los estadios lo ciegan, y que se retirará del fútbol a fines de este año, cuando ya habrá llegado a las cuatro décadas en el próximo 8 de agosto.


 


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